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domingo, febrero 5, 2023
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AMLO y Barbosa, el saludo de los aliados

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La sonrisa magnética de Andrés Manuel López Obrador apareció natural en su rostro cuando vio a su amigo Miguel Barbosa Huerta.

A unas cuadras del Ángel de la Independencia, rodeado por una multitud de personas, el presidente se hizo espacio para saludar a su aliado.

“¡Qué bueno que viniste, Miguel!”, soltó el mandatario federal, mientras estrechaba la mano del poblano que tampoco podía ocultar su beneplácito y alegría por encontrarse con su amigo.

La imagen del encuentro de los amigos y aliados fue oro molido para los fotoperiodistas que en unas horas la convirtieron en uno de los ítems más vistos y compartidos en redes sociales.

Esa escena que tomó unos cuantos segundos, sin embargo, fue uno de tantos actos de complicidad, acompañamiento, entendimiento mutuo, respaldo y lealtad entre dos animales políticos que llevan décadas divirtiéndose al hacer política.

Se podría decir que el saludo de los amigos y aliados era la coronación de un encuentro que tuvieron días antes cuando Miguel Barbosa, un día después de la marcha convocada por los odiadores de la 4T, los encaró, los exhibió y les recordó que la calle siempre ha pertenecido a la izquierda.

Mientras en las arterias del cuerpo morenista todo estaba detenido, el gobernador de Puebla mandó el mensaje certero de poder: Si de movilización se trataba, todavía no habían visto a las huestes de López Obrador en la entidad poblana.

Tres días después, en Palacio Nacional, el presidente enteró a todos que había tomado nota del saludo de su amigo y aliado poblano e hizo suya la movilización en defensa de la Cuarta Transformación y festejo por el cuarto año de gobierno.

Y, entonces, la eclosión en las redes de poder salpicó a todos.

Solo bastó con que López Obrador anunciara la movilización para este 27 septiembre para que en todo el país los morenistas se sumaran en cascada, mientras que los opositores intentaron burlarse, pero no pudieron ocultar que habían recibido un gancho al hígado.

En Puebla, el sistema arterial morenista prorrogó su marcha para el 4 de diciembre para sumarse a la convocatoria del mandatario federal.

Así como los odiadores de la 4T, los antibarbosistas (Ignacio Mier Velazco, Rodrigo Abdala Dartigues, Claudia Rivera Vivanco) fueron exhibidos en su pequeñez y mezquindad. Tres días antes había ignorado el llamado de Miguel Barbosa, pero tras el anunció de AMLO dieron pie al vulgar protagonismo.

¿Cómo es que dos políticos pueden tener encuentros sin verse, sin pronunciar palabra entre ellos? La clave está en la sangre política que corre por sus venas.

Antes de la marcha, ya existían saludos y encuentros entre ambos.

Uno fue cuando el gobernador arropó a Claudia Sheinbaum Pardo y puso a su servicio todo el peso de la maquinaria barbosista, la misma que en tres fines semanas había movilizado a más de 40 mil personas y a otros 20 mil en un solo día.

El saludo de vuelta por parte de López Obrador fue la solicitud expresa para que la jefa de Gobierno de la Ciudad de México regresara a Puebla para acudir a un conversatorio del filósofo español Fernando Savater.

Saludo, encuentro, guiño compartido.

Pero si nos vamos tiempo atrás, tampoco puede olvidarse la ocasión en Barbosa sacó al debatiente que lleva dentro y metió en cintura a los mal llamados Gobernadores Federalistas, quienes pretendían tenderle una celada al presidente de México en la Conferencia Nacional de Gobernadores.

El poblano hizo uso de su retórica, oficio político y conocimiento enciclopédico de la ley para tundir a los inconformes. Cuando el tabasqueño llegó a la sesión de la Conago se encontró a un reducido grupo de mandatarios opositores que habían sido desarmados.

Una vez más: Saludo, encuentro, guiño compartido.

Y si nos vamos más atrás tampoco puede ignorarse aquella ocasión en que Miguel Barbosa partió la bancada del PRD en el Senado de la República para crear a un nuevo grupo parlamentario: PT-Morena.

Fue, por donde se le vea, una jugada magistral. De un plumazo, el poblano le dio a López Obrador una bancada para un partido (Morena) que todavía no había participado en ninguna elección constitucional.

Golpe maestro.

Y si nos vamos atrás nos encontraremos el 2006. El fraude. La lucha contra el régimen.

Años más atrás hallaremos las caminatas por las zonas más áridas de las Sierra Negra y Mixteca poblana.

Barbosa no lo olvida. En un arrebato de confianza ante los que seguimos sus conferencias de prensa matutina relató la vez en que López Obrador había acudido a Puebla para hacer una visita a Atlixco y la Mixteca. Un hombre se acercó al presidente y le mostró una fotografía desgastada, antigua.

En ese papel ya aparecían Andrés Manuel López Obrador y Miguel Barbosa. Y si nos vamos más atrás las historias seguramente continuarán.

Es por eso que el saludo de este domingo 27 de septiembre entre los amigos y aliados solo son la constancia de dos animales que desde hace muchos años se encuentran y saludan. Sin olvidar que en ese juego político también está la construcción de un nuevo país.

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