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viernes, junio 14, 2024

El relajo, no tiene color

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Es tiempo de campañas electorales, no hay mesa donde no se hable de ello. Que si Xóchitl dice “chido” qué pena con los extranjeros, que si Sheinbaum es un títere, pero estudiado, que si Máynez no tiene idea, pero sí ritmo. Al respecto circula el meme de que el Movimiento Ciudadano debería sacar disquera más que buscar la presidencia y estoy de acuerdo.

En donde vivo la situación anda tensa. Si la youtuber y perito grafológico, Maryfer Centeno, analizara las fotos que circulan en Facebook, diría: “aquí se ve claro que la señora de los tamales finge la sonrisa, mientras que la posición de los pies de la candidata, indican que quiere salir huyendo.

La contraparte está en otro municipio poblano.

Fui testigo de que la porra es genuina, durante cuatro horas, vi caminar a la gente, ya sea en familia o en solitario, detrás de su candidata. Ella, corre de un lado a otro, sonríe con toda la cara, saluda de mano y no abraza, aprieta y estruja como cuando no ves a un familiar por años y quisieras darle todo el amor de una vez. Esa escena se repite todos los días y me queda claro, porque lo veo y lo percibo, que los cientos de personas que sacuden las banderas, están ahí por convicción y por relajo.

Hablar de el relajo y los mexicanos es como hablar de el pan y el café o el cine y las palomitas, no se puede separar una de la otra. Jorge Portilla habló al respecto en su ensayo filosófico titulado La fenomenología del relajo y otros ensayos (FCE; 2023) donde apunta el relajo como un fenómeno destructivo, una suspensión de la realidad que contempla tres momentos: desviación de la atención, toma de posición del sujeto e invitación a otros a participar.

En este sentido hay que entender que Portilla creció viendo borrachos en la cantina que tenía su papá en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Décadas más tarde, Carlos Monsiváis retoma el concepto del filósofo y argumenta que el relajo va más allá de un sentido de fuga, para el escritor y periodista, el relajo existe porque le permite al individuo salir de lo cotidiano y ser visto por otros. Es la manera que el mexicano encuentra para adaptarse al caos; visto así, el relajo mas que la destrucción en sí misma, se convierte en un ritual es “[el relajo] un trago de aguardiente que quema cuando se bebe, embriaga, provoca una sensación de ligereza, ante todo, al acabar el efecto, todo sabe igual”.

Regresando a las épocas electorales, recordé la entrevista que Yordi Rosado le hizo al expresidente Vicente Fox sobre aquellos años que disputó la presidencia frente a Labastida y Cárdenas. El empresario dijo, palabras más, palabras menos, que lo disfrutable de aquel sexenio no fue tanto derrocar los setenta y un años del PRI, fue la campaña: la adrenalina de los mítines, la gira por toda la República, los desaguisados del debate, el aplauso y las porras al unísono, es decir, al entonces candidato a la presidencia por el PAN, lo que le gustaba era el relajo y, cuando se supo ganador, quiso salir corriendo con todo y botas.

El relajo, la ironía y el humor, dice Monsiváis, son fuerzas liberadoras y coincido porque, quien ha vivido una campaña electoral como líder, movilizador, porrista o acarreado se sabe parte de un mundo alterno donde la camaradería está en compartir la botana, el refresco, la sombrilla, el aplauso y la garganta. Son sesenta días de caminar eufóricos y esperanzados para ver el águila devorar la serpiente y saber que por fin, que ahora sí, que de veras, de veritas se ha llegado a la tierra prometida.

Hipócritas lectores, disfrutemos pues de el relajo, porque para el mexicano, el relajo, no tiene color.

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