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domingo, abril 21, 2024

Chichis pa ́la banda

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Entre los que escribimos existen dos bandos: los licenciados y los empíricos y, entre esos dos, hay un subgrupo, aquellos que, por estudiar Letras Hispánicas, Francesas o Inglesas, sienten que están por encima de quienes no lo hicimos. Entonces, nosotros, sin estudios aparentes de lingüística o gramática, parecemos escritores improvisados ante sus ojos. 

Mis hijos no van a la escuela desde muy temprana edad y eso no quiere decir que no estudien. La educación no es a la escuela como escuela no es al aprendizaje. Si uno de ellos quiere ser Artista Plástico, ¿por qué hacerlo pasar por Álgebra? y si el otro es experto en Matemáticas, ¿por qué obligarlo a hacer planas de caligrafía para que mejore su letra? 

Hace poco di un taller de escritura para adolescentes, donde a través del juego detonaron la escritura y, como nos sucede a todos, empezaron a escribir sobre ellos mismos. Fue doloroso y frustrante saber que las horas dedicadas a tareas o exámenes, les impide dedicar tiempo a sus intereses reales como la lectura, pintura o música. La competencia laboral y la preocupación de los padres porque sus hijos tengan una vida solvente, desvía, pues, el camino del artista. De ahí que existan contadores-músicos, diseñadores gráficos-pintores o comunicólogos-escritores. 

Soy consciente que existen profesiones que obligan a pasar los cincos, seis o doce años de carrera universitaria: médicos, ingenieros y abogados. Todos los demás podemos librar la vida profesional como mejor nos acomode. Por ejemplo, mis amigos son brillantes escritores y son abogados, ingenieros mecatrónicos o arquitectos. El Premio Mauricio Achar que otorga cada año librerías Gandhi tiene en sus filas ganadoras a más abogados que profesionales de las Letras. Entonces, ¿por qué enfadarnos cuando sale a la luz un nuevo escritor?, ¿por qué pedirle sus credenciales para publicar?, ¿qué tiene de malo publicar a los veinte que a los cuarenta o cincuenta años? 

Isabel Allende escribió su primera novela a los 40 años, Dhalia de la Cerda, escritora de Perras de reserva o Desde los zulos, se autodefine en redes sociales como cholo-gótica y escritora. Ambas mujeres, una chilena y otra mexicana, venden libros como si fueran los bolillos de las siete de la tarde. Los premios están, los estudios en letras, NO, y eso no les impide acreditarse como lo que son, escritoras exitosas. 

 Pregunto entonces a los hipócritas lectores, cuando el libro los deslumbra, ¿indagan los estudios del autor o compran otro de sus libros? A los lectores nos gusta leer y hay público para todos, así de fácil. 

Recién salió el libro que Gabriel García Márquez escribió en sus últimos años de vida, cuando la memoria le fallaba. Nos vemos en agosto tardó diez años en publicarse con todo y que el escritor colombiano solicitó a la familia su resguardo. Editorial Planeta hizo toda una celebración al respecto, digna del maestro por supuesto; sin embargo, yo que lloré con la historia de Florentino Ariza y Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera o la rabia adolescente que me provocó La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada, decidí no leer esta última novela, más por solidaridad a uno de mis escritores favoritos de juventud que por la polémica y poca aceptación del público. 

Leer esta novela pondría en riesgo la imagen que tengo del autor. Como cuando decidí no acercarme al féretro de mi abuela para darle el último adiós. Preferí quedarme con su imagen oronda y sus carcajadas que ver un cuerpo vacío y sin magia. 

A Gabo, con estudios en Periodismo y Derecho, se le dio el Premio Nobel de Literatura en 1982, quince años después de publicarse Cien años de soledad. La intuición, la observación del cotidiano, la capacidad de conjugar lo real con lo fantástico y su manera de narrarlo, se alzaron -de nuevo- por encima de los estudiosos en letras. 

El 16 de marzo cumplí un año como escritora con mi libro de cuentos El pan de la vergüenza, soy Comunicóloga porque, mis entonces 17 años, no me alcanzaron para defender mi pasión y me fui por la vía fácil: darles gusto a mis padres. He sido más aplaudida que criticada y, quienes critican, son precisamente los que llevan tras de sí los títulos en Letras Fulanas o Sutanas. 

Paso sin ver. 

La realidad es que el mundo está cambiando, nos guste o no, existen plataformas como el Wattpad de donde han salido jóvenes escritores que abarrotan las salas en las ferias de libro. Qué decir de la IA y el ChatGPT, ahí cualquiera con un mínimo de creatividad y buena suerte, convierte una buena idea en libro. Las mismas editoriales están en la caza de historias simples para convertirlas en Best Sellers.  Así que amigos (o no) escritores (o no) con todos los títulos universitarios habidos y por haber, más apertura y menos juicios, más solidaridad y menos ego, más horas a la creatividad y menos al berrinche, menos corset y más chichis pa´la banda. 

Escríbanme a mi correo [email protected] y todo este mes el envío de mi libro es gratis. 

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