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jueves, diciembre 8, 2022
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La dispepsia de los eunucos traidores

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“La Razón y el Valor siempre se impondrán

 a la traición y a la ingratitud”.

                                                            PLATÓN

 

Las penumbras existenciales forman parte de nuestra efímera existencia. La vida nos lleva por caminos que suelen ser contrastantes. Opuestos. Siempre hay claroscuros. Y todos los recorremos.

El ser humano se ha movido siempre entre la luz y la oscuridad.

El cuenco de nuestra alma se puede llenar de locas esperanzas, ideas apasionadas, sensatas convicciones o causas trascendentes.

Igualmente, nos pueden perseguir temores dantescos. Los miedos nos conducen a transitar por abismos egoístas, que tarde o temprano, nos llevan a desbarrancarnos y caemos en precipicios de angustia y sufrimiento.

Para algunos, es más fácil dejarse seducir por lo que el mal y las traiciones les ofrecen. Un camino más corto, mas rentable y menos desgastante… aparentemente. Porque en el largo plazo, siempre acaban siendo presas de sus propias telarañas. Sus propias trampas los conducen a asfixiantes y solitarias jaulas.

La historia es una de las principales fuentes de conocimiento y de sabiduría. Enseña demasiado.

Esto no es una advertencia. No soy nadie para advertir lo que va a suceder. Tampoco soy mago y vidente.

Pero está escrito. La historia lo ha documentado fielmente. Está en blanco y negro. Y a todo color.

Los aprendizajes que de ella emanan son valiosísimos. Muy bien haríamos en cultivarnos en lo que los anales de la historia nos enseñan.

Sin embargo, para mucha gente, dedicar parte de su tiempo a conocerla o a leer ensayos o novelas, donde se cuentan lecciones de vida, es una pérdida de tiempo.

Shakespeare, en Hamlet o en El rey Lear, desgrana magistralmente las relaciones de traición y las tragedias que esto conlleva.

Los personajes podrán ser hombres de época, pero sus representaciones son atemporales. Podemos echar un vistazo a la historia reciente y encontraremos pasmosas similitudes.

Esopo es un maestro para ejemplificar esto. Para aquellos que odian “perder el tiempo”, las fábulas cortas del escritor griego podrían ser una linterna en sus existencias. Son pequeños evangelios de vida.

Hay que leer La traición del águila y la zorra.

Traición bajo amistad es doble traición y los sentimientos generados van desde una enorme decepción, ira, y sed de venganza. La furia desatada puede ser nefasta y generar tragedias reales, como en Hamlet.

Desconfiar de la familia es más complejo. Por eso, cuando del mismo círculo familiar, la traición aparece, el dolor y la amargura que esto produce, es mucho más difícil de soportar.

Escuché decir alguna vez: “Prefiero a un criminal, que a un traidor mal agradecido”. Claro que depende de que crímenes hablemos…

Pero la traición es indigesta, vomitiva. Genera asco total. Y la realizan, por lo general, personas castradas mentalmente. Eunucos desleales. Chismosos e intrigosos.

La traición es abrazada, sobre todo, por aquellos que se sienten irresistiblemente brillantes y sabihondos.

Aquellos que se han embriagado con la soberbia y se han atiborrado de vanidad. Que se sienten tan poderosos como un dios del Olimpo y no caen en cuenta que todos somos minúsculas partículas de un Universo infinito.

Que se consideran superiores a los demás y que piensan que cualquier acción suya se justifica debido a su jerarquía o preponderancia social.

¡De cuántas acciones no hemos sido testigos (y seguimos siendo) con relación a la atroz y estúpida soberbia! ¡Acciones qué, si se pudieran digerir, causarían una virulenta crisis diarreíca!

La dispepsia es un malestar en la parte superior del abdomen que se describe como sensación de ardor o hinchazón. Muchas veces acompañada de gaseosidad, náuseas, eructos o sensación de saciedad demasiada rápida al comenzar a comer.

Los judas alevosos, tarde o temprano, al atragantarse de traiciones, mentiras y deslealtades, se auto-generarán una dispepsia. Si bien les va…

Por eso, es mejor ser prudente y tener control de las malas emociones. La sabiduría aconseja jamás utilizar la venganza. “Cuando se emprende ese camino, hay que comenzar cavando dos tumbas: una para el enemigo y la otra, para uno mismo” – Jodi Picoult –.

O como dice un antiguo proverbio árabe: “Me sentaré en la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de mi enemigo”.

Solo hay que tener paciencia y esperar… Aquellos que nos hieren, suelen destruirse ellos mismos.

Porque el boomerang que han lanzado con sus acciones les va a regresar. No hay duda. Y a veces su retorno puede llegar en forma tan brutal como el de una guillotina jacobina.

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