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lunes, noviembre 28, 2022
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Lilia Cedillo y su nueva cultura universitaria

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Sin formar parte de la clase política poblana, y sin mostrar interés de estar en ella, la rectora Lilia Cedillo Ramírez logró lo que sus antecesores habían destruido en años pasados: congregar a la Cuarta Transformación de Puebla, exrectores de las universidades al liderazgo de la Iglesia Católica y a los rectores de las principales instituciones educativas del país.

Lo que era un día para vanagloriar al rector en turno en el Complejo Cultural Universitario (CCU) –construido en tiempos de Enrique Doger Guerrero– como el líder de la universidad, pasó a ser el día de rendición de cuentas ante la comunidad estudiantil.

Los tiempos han cambiado: la parafernalia en torno a la imagen del rector se esfumó, y las batucadas estridentes se alejaron. Ahora, lo que era el “Día del Rector” se convirtió en el “Día de la Universidad”.

En el auditorio del CCU, lugar que se volvió el trono de celebración de anual de cada rector y que no albergaba un informe de labores desde 2019 por la pandemia del coronavirus, se dieron cita por igual líderes de la clase política actual como el presidente del Congreso del Estado, Sergio Salomón Céspedes Peregrina; o el alcalde Eduardo Rivera Pérez; rectores de las principales universidades del estado como la Ibero, UDLAP y UPAEP;  y hasta el líder de la Arquidiócesis de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza.

La nueva clase política y la vieja guardia de las universidades privadas, todos liderados por el gobernador Miguel Barbosa Huerta, presenciaban el informe de la primera rectora en la historia de la universidad.

El mensaje de Lilia Cedillo, centrado en números y resultados, fiel a su perfil académico y científico enfocado siempre de forma casi obsesiva en el resultado, fue escuchado después de mucho tiempo por el gobernador del estado, Miguel Barbosa Huerta, quien prestaba atención a las cifras que han marcado el primer año de la rectora de la BUAP.

Cada una de las cifras iba acompañada de la duda en los asistentes del momento en el que mandaría un mensaje político o social que ganara el aplauso estridente de los espectadores. Se escuchaban datos sobre los ahorros en la universidad, los proyectos de inversión generados por dichas economías, los apoyos para alumnos afectados por el coronavirus, el programa de regreso seguro a las clases presenciales y el incremento en la matrícula de la institución, pero el tiempo pasaba y la expectativa seguía en los asistentes; la espera de un mensaje que posicione a la rectora ante la sociedad.

Pero la tinta en el discurso se acabó: los datos hablaron por sí mismos, y sólo quedó un agradecimiento de Lilia Cedillo a la comunidad universitaria y a los invitados que presenciaron el informe. Todos felicitaron a la rectora, empezando por el gobernador del estado, quien se acercó para extenderle unas palabras y un abrazo sincero ante una gestión llena de resultados respaldados por cifras.

Una foto impensada en los viejos tiempos, donde la estela de corrupción del exrector Alfonso Esparza Ortiz por el manejo irregular de los recursos en la universidad y las denuncias en su contra por parte de la Auditoría Superior del Estado (ASE), hacían imposible imaginar el encuentro de las autoridades en un evento equiparable a un informe de labores del Ejecutivo Estatal.

También está lejos de sus antecesores más lejanos, Enrique Doger Guerrero y Enrique Agüera Ibáñez, que presenciaron el informe en las butacas del edificio que alguna vez ocuparon para apuntalar su imagen.

Tras un informe plagado de datos, cifras y resultados, a Lilia Cedillo solo le quedaba entregarse a la comunidad universitaria, aquella que la eligió para encabezar la BUAP para el periodo 2021-2025, para marcar la historia como la primera mujer rectora de esta casa de estudios, y para instaurar la “nueva cultura universitaria” tras años del viejo estilo de dirigir.

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