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domingo, julio 3, 2022
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Los años que pasan

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En dos días cumpliré años. Creo que desde que tengo razón de ser siempre me ha emocionado esta fecha, pero hay una razón en específico. 

Cada año, el día de mi cumpleaños es la única fecha en la que puedo pedir a mi madre el platillo que yo quiera, así que es la fecha más deliciosa de mi vida. Recuerdo que hace ya algunos años mi madre siempre era una aguerrida anfitriona de mis fiestas, fiestas que debo decir son memorables y no me dejarán mentir las personas que asistieron en algún momento y es que la comida siempre era lo más comentado, además de las caídas por playlist increíbles, cabe aclarar. 

Sin embargo, siempre en mi cumpleaños no podían faltar las costillas a la barbecue que mi mamá hace, las hace en trozos pequeños con la salsa que ella misma hace, pues odia usar esa salsa que venden en todos lados y está infestada de conservadores. 

Las costillas siempre volaban literalmente, pues además son excelente maridaje con la cerveza que nunca podía faltar en mis fiestas.  

Otro platillo que amo inmensamente es el bistec con nopales y cilantro, así que siempre lo comía con tacos que dejaba de contar después del quinto. Sin dejar de mencionar el pozole y las tostadas de tinga que también eran un imprescindibles en mis cumpleaños. 

En mi cumpleaños pasado, después de vivir en el Caribe y volver con mi familia para mi nueva vuelta al sol, pedí un mole único, el mole de mi tía Yolanda y otros platillos a mi madre. Y es que debo aclarar que ese mole es único, todos los sabores están tan equilibrados que de verdad puedo comer platos y platos, y no aburrirme.  

Y ahora que estoy un poco lejos de casa no puedo pensar en un platillo especial que mi madre pueda hacer en mi cumpleaños, así que lo único que puedo hacer es ir a un lugar lindo y delicioso para poder con la saudade que sé ese día me va a dar. 

Pero sé que justo cuando rememoro todos esos sabores que me recuerdan a mis años pasados, están detrás de ellos toda esa gente que tanto quiero y he querido. Mi abuela siempre estaba en mis cumpleaños, siempre en la cocina con mi madre y también siempre dándome regalos a pesar de que siempre le decía que no quería; solo me bastaba con su compañía, siempre, siempre insistía y al recibirlo siempre sonreía. 

Aún tengo una foto mental de cuando mi abuela sostenía a uno de mis sobrinos mientras yo soplaba la vela en ese delicioso flan que mi madre siempre hace en nuestros cumpleaños, así que sé que cada año hay que recopilar fotos mentales y siempre llevar los sabores y olores en la memoria para que cuando estemos lejos podamos sonreír a la distancia. 

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