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miércoles, abril 15, 2026

Psicoacústica: Mensaje del maestro Roncador

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La Reina M

Estoy bajo vigilancia en el avión que me lleva a Londres. Debo presentarme mañana en el Buckingham Palace ante la reina para recibir el título de Sir Master Snorer, que me concede el Reino Unido por mis contribuciones en el campo del estudio de la apnea, los ronquidos y el sueño.

¡Supongo que se refieren al sueño que les quito a mis vecinos!

La persona que va a mi lado izquierdo no deja de controlarme en todo momento. La tengo en exclusiva, pendiente de que no me duerma. Ni siquiera me deja cerrar los ojos, no sea que mis ronquidos vuelvan a afectar el sistema de vuelo de la aeronave, como sucedió hace tiempo en un aparato de la BEA. Desde entonces me prohibieron volver a volar con ellos, pero hoy es una excepción, y, claro, han contratado a un segurata para que me acompañe durante todo el itinerario de ida y vuelta sin que yo pueda cerrar mis ojos.

Para no dormirme, pienso en el ruido del momento en que el avión supersónico Concorde rompía la barrera de sonido cuando volaba a una velocidad superior a los 343 m/s, lo que representa unos 1.234 Km/h. ¿Escuchaban en ese instante ese “Bang” los pasajeros que iban en dicho avión?

A mi otro lado viaja un asiento vacío, en honor a mi mujer, la directora del CATCAS. Siento que esté ausente precisamente ahora. Me dejó después de sufrir un accidente de coche. Desde entonces mi voz va perdiendo potencia. Lo noto expresamente cuando estoy en situaciones fuera de lo normal. Quizás por eso he ido retrasando este momento, hasta que LRM fijó la fecha de forma inamovible.

LRM son las siglas con las que he bautizado a La Reina M.

El nombre de M va a ser un secreto. De momento.

Pero no todo son aspectos negativos. No sucede cada día que a uno le concedan un título.

Ahora debo pensar en mi discurso. Soy consciente que mis gratitudes deben dirigirse eminentemente hacia LRM.

Han pasado demasiados años desde que coincidimos en la Universidad. Yo era estudiante, becado por el profesor que llamábamos “El Hueso”, y ella era su secretaria.

Su voz sonaba como una melodía susurrante.

La antesala es bastante ostentosa, pero como está ricamente ornamentada con tapices y butacones, descubro que la voz de la persona que finalmente me recibe antes de la Reina, suena muy clara y poco reverberada

—Mi nombre es Phelip Five y voy a explicarle cómo debe comportarse antes, durante y después de ser recibido por su Majestad, la Reina.

Ha pronunciado su Majestad la Reina con una admiración excesiva.

“LRM”, pienso yo en este instante.

Phelip aprovecha para mirarme de arriba abajo, y, sin pedir permiso, ajustarme la corbata al cuello de mi almidonada camisa, de forma que casi me ahoga. En ese instante ya me cae mal.

—En primer lugar, el protocolo exige un andar normal, sin excesivas prisas tanto al aproximarse como al despedirse, dando siempre la cara y nunca la espalda. Haga una reverencia cuando ya se encuentre delante, y utilice un tono de voz respetuoso en volumen y forma en todo momento. Escuche en primer lugar las observaciones que ella le haga, para luego responder de forma ordenada y sucinta, sin utilizar palabras soeces ni insultos o adjetivos descalificativos. ¿Lo ha entendido todo?

Hago que sí con la cabeza porque me he quedado sin palabras de tantas y exigentes órdenes e instrucciones.

En este momento pienso en las cinco emociones establecidas científicamente para el aprendizaje de voz artificial. ¿Cómo debo expresar mis palabras cuando me encuentre delante de LRM?. Esas emociones son: felicidad, neutral, enojo, tristeza o sorpresa.

De momento estoy muy enojado con este tipo.

Supongo que es la retahila de palabras con las que abruma a toda la gente que se va a ver con la Reina, pero es que no sabe nada de mi antigua relación con ella.

La supongo deseosa de verme y saludarme, por lo que me preparo, incluso para abrazarla, aunque no sé cómo reaccionará.

Grace Kelly pasó de actriz famosa en Hollywood a princesa en Mónaco, de la misma forma que otras personas con mayor o menor fortuna han accedido a las familias reales en el resto de monarquías del mundo.

Como dije, M había sido secretaria de El Hueso, y a mí siempre me gustó ella. La verdad es que realmente estaba enamorado de su voz, y ya sabéis que a mí lo sonoro me motiva muchísimo. Pero ella conoció a Quelmi, mi compañero de estudios. El destino hizo que ella coincidiera con el príncipe pequeño en el College donde éste hacía un Master, y se enamoraron. Cuando el hermano mayor dimitió, toda su vida cambió, y más aún al fallecer su esposo. Ahora es LRM.

Solo cruzar la puerta me olvido de todo lo que ha dicho Mr. Phelip y corro hacia ella haciendo resonar mis pasos por la gran sala, como si fuera un caballo enloquecido.

La abrazo, a pesar de encontrarse rodeada por una corte de personajes erguidos.

Ella sonríe y me da un beso en cada mejilla.

—¡Tsemon!, —Exclamo con una voz que retumba en toda la estancia.

Ella, en vez de avergonzarse por mi entusiasmo, olvida también el protocolo y me toma del brazo para presentarme a sus acompañantes.

Uno de ellos tiene un diploma en la mano y me lo entrega sin mediar palabra para salir del paso.

Ahora todos están pendientes de lo que dirá la Reina, pero está tan contenta que se olvida de lo que me han dado.

Como que domina el inglés a la perfección y es tan social; se ha metido al pueblo en el bolsillo, y entre ellos a su corte, que con estas muestras de cariño que me ha dado empiezan a considerarme. Bueno, todos menos Phelip, quien opina que he incumplido con todas sus observaciones.

—Salgamos al balcón a saludar —me atrevo a decir sin conocer que este acto solamente está asignado a fechas y eventos sumamente especiales.

—¿Por qué no? –replica ella.

Creo que su voz continúa siendo tan suave como antes.

Ante este giro del guión, toda la corte se abre en abanico y nos dejan la perspectiva del balcón. Unos ujieres salidos de la nada aparecen a ambos lados de la balconera, y con gran pompa abren las pesadas hojas. Ni un gruñido. Se han abierto como si fueran de pluma. Entonces aparece la impresionante vista de Londres y la verja con el clásico público, mezcla de miembros de la Commonwealth y turistas.

Ambos avanzamos hacia el balcón cuando Phelip se interpone en mi camino, indicándome con su gesto que en primer lugar debe aparecer la Reina y no yo.

La dejo pasar y le confío el diploma a Phelip, que lo mira tontamente, desconociendo el protocolo que debe improvisar conmigo a partir de este momento.

Salgo al balcón y alcanzo a LRM justo cuando llega a la baranda. El público, sorprendido por esta aparición, empieza a lanzar vítores a su reina. Los paparazzi aparecen por arte de magia y empiezan a hacer fotografías, sin conocer la identidad de ese personaje que aparece a su lado. LRM saluda a sus súbditos, y me pregunta:

—¿Impresiona, verdad?

Yo estoy mudo del asombro.

—¿Crees que debo mover las joyas, como le pidió John Lennon a la reina Isabel II, para contestar los aplausos del público?

Vuelvo a quedarme mudo. Esta mujer es capaz de sorprenderme siempre.

Me mira sonriendo. Vuelve a saludar al público girando la mano derecha, se acerca a mi oído:

—Ahora se van a pensar que te susurro alguna palabra amorosa.

—Y si te la susurro yo, ¿qué pasaría?

Ella ahora se aparta lentamente y me mira con seriedad.

—Si te atreves, ¿crees que serás capaz de soportar la presión de los paparazzi?

Nunca había pensado en ello. Me imagino lo que han pasado, pasan y pasarán todos los que viven en el Palacio.

Empiezo a notar un hueco en el estómago.

Me giro y veo a Phelip que me observa desde la puerta de la balconera.

—Ahora vuelvo. —digo.

He pedido ir al servicio. Phelip me acompaña sin dejar el documento. Estoy tan contento por haber podido estar al lado de LRM, que no me doy cuenta que este personaje me sigue. Estoy pensando en formar parte de este club de elegidos que rodean a LRM.

Salgo del lavabo y, sin mediar palabra, Phelip me acompaña hasta una salida lateral. En vez de despedirme, me da el documento y cierra la puerta por dentro. Continúo mudo, y no solo del asombro.

A mi lado empieza a concentrarse una horda de paparazzi.

Maestro roncador

Experto en psicoacústica y aprendiz de lo que sea menester.

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