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lunes, noviembre 28, 2022
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La policía siempre en vigilia (otro caso vergonzoso)

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La Comisión de Derechos Humanos (CDH) de Puebla determinó que la Policía Municipal de Huauchinango fue la corresponsable, por omisión, del linchamiento del joven abogado Daniel Picazo ocurrido el 10 de junio pasado en Papatlazolco.

La CDH está pidiendo que se investigue penalmente y se sancione la actuación de los agentes policiales que asistieron a la muerte del joven porque “permitieron que la turba” lo golpeara y le prendiera fuego.

¿Qué hicieron los policías?

Nada.

Dejaron que el siniestro ocurriera.

Sólo les faltó cruzarse de brazos y contemplar la brutal escena.

Hace unas semanas, integrantes de la misma policía acudieron al llamado de auxilio de los directivos de un jardín de niños con muchos años de prestigio en la región.

Y es que una pareja oriunda de Xicotepec de Juárez —Everlyn Castillo Cruz y Álvaro Valderrábano Barrios— llegó al lugar de manera violenta: golpeando la puerta de entrada, así como una ventana, entre gritos y amenazas.

Una vez que acudieron los uniformados, la directora de la institución abrió la puerta.

Pésima idea.

La pareja se le fue encima a golpes y patadas.

Y esto ocurrió ante la pasividad de los policías.

Cuestionados por su abierta omisión, se limitaron a decir:

“No podemos intervenir. No tenemos instrucciones”.

Seguramente en Papatlazolco, aquel 10 de junio de 2022, dijeron lo mismo ante el reclamo de quienes les pidieron su intervención.

Por si fuera poco, la señora Alejandra Soto, familiar de uno de los agresores, se ha dedicado a revictimizar a la directora golpeada a través de varios grupos de Messenger.

Y cómo no faltan los zopilotes en este tipo de situaciones, supuestos “periodistas” han buscado a la víctima para amenazarla con “subir el tema” si no hay arreglo posible.

Esto es lo que viven las víctimas cotidianamente: la revictimización de parte de personajes denigrantes.

Hay que decir que la directora del jardín de niños ya interpuso denuncias en contra de quienes la vulneraron.

Y los está haciendo responsables de lo que pueda ocurrirles a ella y su familia.

¿Y los policías?

Bien, gracias.

Como diría un personaje de Los Polivoces:

“La policía siempre en vigilia”.

Qué vergüenza.

 

Aquel Brutal Linchamiento. Daniel Picazo, de 31 años de edad, nació en la Ciudad de México, pero sus padres son originarios de Las Colonias.

Una y otra vez regresó al lugar de origen de sus progenitores.

La gente lo ubicaba.

Incluso, su apellido paterno —Picazo— es común en esta zona de la sierra norte.

No era un desconocido.

No era alguien que estuviese haciendo turismo nocturno.

Cuando vía WhatsApp algunos pobladores empezaron a hablar de él como un robachicos, la cosa empezó a descomponerse.

¿Quiénes lideraron el linchamiento que terminó por cubrir de vergüenza al municipio entero?

Las escenas atroces que se sucedieron mantienen una brutalidad que rebasa acciones similares que persiguen a este país en varias regiones.

Golpes, patadas, laceraciones…

Y todo acompañado de un coro infernal de “¡mátenlo, mátenlo!”.

Las antorchas encendidas fueron el prólogo de lo que ocurrió.

Quemarlo aún vivo fue lo que siguió.

¿Qué placer enfermizo hay en esos actos que devuelven al hombre a una condición depredadora?

¿Con qué caras se podrán ver después de esto?

Cada vez que sucede un hecho así todos recurren a Fuenteovejuna, de Lope de Vega, para explicarlo.

Nada que ver.

En la obra del poeta español, el pueblo se levanta hasta matarlo en contra del Comendador debido al abuso de poder del que hacía gala.

Daniel Picazo fue linchado por razones que no guardan relación con esa obra de teatro.

En Papatlazolco, como en la mayoría de los linchamientos que siguen ocurriendo en México, el pueblo se levantó contra sí mismo, aunque, paradójicamente, estos actos sólo reflejan un afán enfermizo de poder.

¿Cuánta ansia de poder hay en quien sostiene una antorcha encendida a mitad de la noche?

¿Cuánto delirio enfermizo hay en la acción de golpear, primero, y luego hacer arder al supuesto robachicos?

¿Cuánta ausencia de piedad hay en esos actos sincronizados?

¿Con qué ojos se mirarán después de estos los asesinos?

Y cuando digo asesinos pienso en el tendero de la esquina, la piadosa que va a misa, el humilde estudiante, el borracho del pueblo, el tornero, el carpintero, el pescador…

En Papatlazolco, después de ese día negro de junio, la gente siguió haciendo su vida normal sin sentimientos de culpa, aunque hay pobladores que se sienten avergonzados y agraviados.

Los asesinos, ya en prisión, saben que en las redes sociales otros linchadores profesionales hicieron lo mismo con ellos.

De asesinos sin alma no los bajaron.

Los policías municipales no intervinieron porque su jefe no los dio las instrucciones.

El protocolo sirvió para lo que sirve el papel de baño.

¡Qué marranos, qué cerdos, qué cochinos!

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