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martes, julio 16, 2024

Viajar en transporte público

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Algo hasta contradictorio en nuestra ciudad, caracterizada y presumida por ser Patrimonio Histórico y Pueblo Mágico es, sin duda alguna, su transporte público que sigue siendo muy deficiente, malo y sucio. Es decir, en pleno 2023 no funciona para la movilidad social de su población y, mucho menos, para el uso del turismo que en diferentes periodos arriba en buena cantidad a la capital poblana. 

De una población total en el estado de 6 millones 723 mil 431 habitantes, la ciudad de Puebla es habitada con un millón 692 mil 181 ciudadanos. Además, cuenta con 17 juntas auxiliares y más de mil 600 colonias populares ubicadas de norte a sur. En la capital, existen 680 mil personas en situación de pobreza, y 52 por ciento trabaja en el sector servicios, otro 23 por ciento lo hace en el sector del comercio formal, sin contar con los miles de trabajadores informales. 

Es decir, una inmensa mayoría de los ciudadanos poblanos tienen que moverse de manera diaria de diferentes partes hacía el centro de la ciudad y también lo hace a otras plazas comerciales, trasbordando de nueva cuenta. De acuerdo con la Secretaría de Transporte existen en la ciudad 163 rutas de transportación pública existentes, la mayoría mal planificadas y sin alternativas ante el caos vehicular en horas pico. 

Las autoridades estatales y municipales no han logrado modernizar el transporte público en la capital poblana. Tampoco han ordenado sus rutas de viaje, mucho menos han hecho algo por hacerlo más humano y confortable, en beneficio de la salud pública de quiénes lo usan diariamente. 

Los accidentes viales de las rutas de transporte todos los días van en aumento, con resultados fatales para los usuarios, que no cuentan o tienen un seguro del usuario. Lo único que funciona es que el permisionario se arregla con los accidentados y hasta ahí llegan los acuerdos. 

En contraste, tenemos una metrópoli que crece diariamente por todos lados; ayer se decía que la mancha urbana avanzaría hacia el sur, actualmente la dispersión poblacional es incontrolable, sumándose las migraciones internas y de otras partes del estado que llegan en busca de trabajo. 

Esta situación genera la ambición de inmobiliarias y constructoras que violentan el uso del suelo por cualquier parte, con la complicidad de funcionarios municipales, que les entregan permisos para construir sin más. Solo para ofertar casas en unidades habitacionales y otras en zonas estudiantiles, lo que ha generado estratificación social y escasez de servicios públicos. 

Regresemos al caso concreto del transporte público: sucede en cualquier día de la semana, salvo los sábados y domingos, cuando baja el pasaje en las diferentes rutas. Pero de lunes a viernes es un viacrucis para la mayoría de la gente, el viajar en micros y combis y más en tiempos de actividad escolar. 

La gente debe levantarse a las 5 de la mañana para preparar su salida y llegar a tomar su transporte, y llegar a tiempo a sus respectivos trabajos. En tiempos de escuela, las mujeres llevan a los hijos procuran buscar un lugar por todo lo que representa la carga de sus mochilas. 

Las mujeres que trabajan en plazas comerciales deben tomar su microbús muy temprano y, en su mayoría, van repletos de gente, transitan sin respeto alguno a gran velocidad y les importa poco quiénes son los usuarios. Los cafres solo alcanzan a gritar que pasen para atrás y que hagan dos filas. 

Subir a las combis significa actos de gran riesgo: son sucias, con música en alto volumen, asientos destruidos y con choferes sin experiencia alguna. Se pasan los altos, corren para alcanzar al que les ganó el tiempo y rebasan a quien sea. 

Las rutas del norte de la ciudad siguen siendo las más peligrosas, puesto que los asaltantes las tienen ubicadas. Las que corren hacía La Libertad también son propiedad de la delincuencia, otras más no se salvan de los asaltantes. Algo cierto es que todos los que manejan en las diferentes rutas maltratan a los adultos mayores y nadie se salva. 

El transporte articulado, que corre de sur a norte, que ayer se presentó como una alternativa viable para la transportación y que eliminó rutas, hoy está rebasado y su saturación lo ha desgastado de manera rápida. 

Esta Red de transporte, cuenta con 288 unidades y tiene un incremento en su demanda de un 13 por ciento, moviendo a siete millones de usuarios cada mes. Pronto presentara síntomas de crisis de mantenimiento, puesto que sus unidades muestran daños generales, además tampoco se salva de los actos de la delincuencia. 

 

En conclusión: Esta ciudad requiere cuanto antes de soluciones y alternativas para su transporte público. Las exigencias de movilidad social crecen todos los días y, con un servicio como el actual, jamás se logrará que los ciudadanos transiten de manera segura. 

Los permisionarios jamás modernizarán sus unidades de transporte público, se acostumbraron a los apoyos del gobierno. No tienen ningún proyecto para mejorar el servicio que prestan y tampoco pueden profesionalizar a sus choferes. 

El gobierno y el ayuntamiento tienen que trabajar de la mano en la modernización del transporte público y la planificación de las rutas; la ciudad y sus calles sufren su desgaste de manera diaria. Los usuarios exigen seguridad y un trasporte digno. 

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