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viernes, enero 7, 2022
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Annus horribilis

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El gobierno que se fijó como obsesión acabar con los corruptos en este sexenio tuvo en el 2021 su annus horribilis.

Terminó bañado en sangre, muerte y mierda.

Con 600 mil víctimas de la pandemia nacida en China, de un caldito de murciélago del mercado de Wuhan.

O las que dicten López Gatell y su alma.

Sin medicinas.

Con más de 100 mil mexicanos devorados por el dragón de la violencia insaciable de los cárteles de la droga.

Con secuestros y robos de todo tipo.

Con alzas en gasolinas, luz y gas.

Con la inflación disparada que despierta los miedos de todos, menos de los nacidos en este siglo que nunca los sufrieron.

Con un dólar acosando, machacón, al peso.

Con empresarios que huyen con lo único que les importa: su dinero.

Con miles de pequeños y medianos negocios asfixiados.

Sin empleos.

Con sus obras cumbre, espejo del sexenio, a medias.

Con un gabinete fantasma que no entiende a su jefe.

Con los militares como arquitectos y guardianes de todo.

Con un personaje de caricatura que dicta sentencia a periodistas y medios (muchos de caricatura).

Con organismos autónomos sin autonomía.

Con instituciones rotas.

Con los tiempos de la sucesión adelantada. Con sus tapados sin tapar.

Con su favorita cargando vigas de hormigón, vagones del metro en el último recorrido, con almas rotas, muertas.

Con todo eso y… lo que faltaba.

La guerra de los fiscales. Se inauguró apenas el lunes, aunque tenía meses, o años, en el horno. No se tragaban. Uno sigue en su cargo, quién sabe por cuánto tiempo más, al otro lo despidió hace poquito de manera fulminante.

Los dos tuvieron en sus manos la tarea primordial del presidente: acabar con los corruptos.

El presidente no imaginó nunca que Alejandro Gertz Manero y Santiago Nieto lo traicionarían desde sus posiciones como fiscal general de la República y como el fiscal anticorrupción en su sexenio.

Que ambos serían tragados por sus propios apetitos.

Por sus grandísimas ambiciones.

Sus odios llegaron el lunes a Reforma y El Universal como nota principal: “Apuntan a Nieto por propiedades”, tituló el primero. “UIF investiga riqueza del fiscal Gertz Manero”, destacó el segundo.

Golpe por golpe y que dios nos agarre confesados.

Si la intención era acabar con uno de los dos, o con los dos, da igual.

El misil cayó en Palacio Nacional.

Las consecuencias están por verse, pero el daño es tremendo.

Devastador.

El presidente insiste todos los días que el más grave problema del país es la corrupción.

El diagnóstico es certero, pero sólo en parte. La otra, es mucho más grave: La impunidad.

El periodista, escritor y novelista ecuatoriano Juan María Montalvo Fiallos escribió hace casi dos siglos que “Robar a la nación es robar a todos”.

“El que roba es dos, cuatro y diez veces ladrón; roba al que ara y siembra, roba al que empina el hacha, al que acomete al yunque, roba al que se une al trabajo común con el alma puesta en su pincel, roba al agricultor, al artesano, al artista; roba al padre de familia, roba al profesor, roba al grande, roba al chico.

“Todos son contribuyentes del Estado; el que roba al Estado a todos roba, y todos deben perseguirlo por derecho propio y por derecho público”.

Sólo las almas muertas pueden mirar a otro lado, como si nada pasara.

Y volver a fingir.

 

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