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miércoles, julio 24, 2024

La Casa del Adolescente, el sitio que nos recuerda lo que hemos dejado de hacer

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I

Cuando Gaby Bonilla, presidenta del Sistema Estatal DIF, conoció la antigua Casa del Adolescente, no pudo evitar —según sus propias palabras— que el corazón se le estrujara debido a la precariedad con la que operaba el albergue y todos los problemas que eso implicaba: hacinamiento, ausencia total de áreas verdes, carencias en la operación por falta de suministros o de las mínimas condiciones para la higiene y desarrollo de los jóvenes.

Gaby no lo dice abiertamente, aunque si uno la escucha con atención queda claro que cuando pusieron en sus manos el DIF estatal conoció la cruda y descarnada realidad de lo que somos como sociedad y los rezagos para atender a los sectores vulnerables que el Estado debe cuidar y proteger.

Conoció, por ejemplo, el maltrato y la bestialidad que un adulto puede cometer contra un menor de edad. Conoció a los menores que llevan años deseando ser adoptados por una familia. A los jóvenes sedientos de apoyo y ser escuchados. A una comunidad de trabajadores dispuestos partirse el alma.

Conoció, si se puede decir, a los marginados de los marginados en Puebla y a quienes desde hace años los acompañan, ya sea familiares, trabajadores, organizaciones.

Y, contrario de lo que cualquiera haría, el dolor que le estrujaba el corazón cada vez que encaraba esa realidad no la llevó a sumirse en la tristeza sino a la conciencia profunda de que tenía una oportunidad de ser el instrumento de Dios para servir al prójimo. Sí, así como se lee: servir al prójimo, no desde la visión de quien redime sino de quien es el conducto de un bien mayor, sin protagonismo o falsa humildad.

Por eso no es extraño que cuando Gaby Bonilla pisara por primera vez la antigua Casa del Adolescente supiera de inmediato que era necesario ponerse a trabajar para cambiar las cosas.

Así fue y para concretarlo acudió a quien desde hace más de 30 años la acompaña y ella acompaña. Su aliado de mil batallas y que Dios —como ambos lo afirman— le dio la oportunidad de ser gobernador de Puebla: Sergio Salomón Céspedes Peregrina.

II

Entrar a la nueva Casa del Adolescente, ubicada en la colonia Bello Horizonte, en Cuautlancingo, es sentirse en una moderna institución educativa de alto nivel económico y no en un albergue para jóvenes.

La nueva casa no le pide nada a una institución por la que padres de familia sufragan altas colegiaturas para que sus críos aprendan.

Pero para el DIF, la nueva casa debe entenderse como un antes y un después.

Ahí donde el antiguo centro no tenía áreas verdes, el nuevo lugar está inundado de pasto y áreas de recreación.

Allí donde faltaba espacio, ahora tienen recibidor, aulas, amplios dormitorios, su propia cocina y comedor, canchas y salones de usos múltiples, módulos sanitarios, guardarropa, almacén y lavandería.

Allá donde los trabajadores batallaban por atender adecuadamente a las 37 mujeres y 17 hombres que permanecen en la casa, ahora cuentan con sus propios espacios para dar acompañamiento legal, tutorías, atención médica, servicios de enfermería, nutrición, psicología, trabajo social y talleres.

¿Tanta inversión para 54 jóvenes?

III

Tiene razón Sergio Salomón cuando asegura que la nueva Casa del Adolescente debe verse más allá de una inversión de gobierno.

En un rasgo de cruda sinceridad y que muy pocas veces puede verse en una autoridad, en un gobernante o un servidor público, no duda en afirmar que el nuevo inmueble es el reflejo de la gran deuda que tenemos como sociedad, así como de lo que hoy somos, lo que hemos sido y lo que nos falta por hacer.

Más aún: La casa, sostiene, es el reflejo de la desigualdad que vivimos como sociedad. Un sitio en donde son recibidos adolescentes y jóvenes que han sido violentados en su seno familiar o son víctimas de la descomposición del núcleo familiar y social. El lugar que nos hace preguntarnos: ¿En qué hemos fallado? ¿Qué nos falta por hacer?

Y sí, tiene razón, porque en la Casa del Adolescente hay hombres y mujeres a un paso de caer en condición de calle o que pasaron por allí debido a la ruptura de sus vínculos familiares.

Allí están los que fueron abandonados, corridos del seno materno y que no tuvieron de otra que luchar en soledad por sus propias vidas.

Allí están los rechazados por su orientación sexual; las niñas forzadas al embarazo, las niñas violentadas por un hombre mayor que las preñó; o los drogadictos.

Allí han llegado los que tuvieron que huir de una vida de abuso sexual, físico o emocional.

Esa es la deuda social y el reflejo de la desigualdad, a la que se refería Sergio Salomón.

Por eso también tiene razón cuando afirma que instituciones como la que ayer inauguró junto con su esposa Gaby Bonilla, deben servir para una profunda reflexión de qué necesitamos para “regresar a ser comunidad” o centrarnos en la causa de la familia.

Es difícil escuchar a una autoridad hablar con suma sinceridad del necesario rescate de la familia, de la urgente reconstrucción del tejido social, pero también de la responsabilidad que como sociedad hemos evadido o que decidimos dejar de lado, pensado —quizás— que con eso los problemas no nos alcanzarían.

Por eso, no es fácil abandonar la nueva Casa del Adolescente sin que en la cabeza deje de taladrar la enigmática pregunta que Sergio Salomón dejó frente a todos los asistentes: “¿Qué hemos dejado de hacer para que ahora tengamos que abrir más casas de este tipo?”.

IV

Ser adolescente o joven en Puebla o en México es sumamente difícil.

Significa que puedes formar parte del 64.6 por ciento que vive en pobreza o entre el 31.1 por ciento que no pueden consumir todo lo que incluye la canasta básica.

También significa que se puede estar entre el 71 por ciento cuyo trabajo le genera ingresos por debajo de la línea de bienestar, lo que significa que gana 3 mil 412 pesos mensuales y eso lo deja sin acceso a la canasta básica alimentaria y la canasta básica no alimentaria, en la que se encuentra el vestido, transporte, pasatiempos.

Ser adolescente o joven en Puebla y en México es formar parte del 73.7 por ciento de trabajadores en informalidad, es decir, sin seguridad social ni prestaciones de ley, así que adiós a los sueños de tener casa propia o siquiera ser atendido de emergencia en el IMSS.

Si eres mujer y formas parte de este segmento poblacional, entonces, te enfrentas a una tasa de fecundidad de 78.6 por cada mil habitantes; si tienes entre 12 y 19 años, no estás exenta de ser parte del 8 por ciento que dijo estar casada o en unión libre o que puedes ser víctima fecundidad forzada, pues la entidad reporta una de las tasas más altas del país.

O que tu condición de mujer joven te podría orillar a ser parte del 51 por ciento que ha sufrido violencia en espacios escolares, laborales, comunitarios y familiares; y que corres el riesgo de que seas parte del 57 por ciento que realiza labores no remuneradas en el hogar.

Si eres hombre entre 25 y 29 años estás en el segmento en el que se registra la mayor incidencia de homicidios por cada 100 mil habitantes.

(Datos: Situación de las personas adolescentes y jóvenes de Puebla, elaborado por el Instituto Mexicano de la Juventud, el Consejo Nacional de Población y el Fondo de Población de Naciones Unidas, en 2021).

V

Gaby Bonilla y Sergio Salomón saben que el reto es muy complicado y complejo cuando se trata de la atención de jóvenes, pero los pasos que han dado se encaminan a una atención integral que ayude a acompañar a todos los residentes de la Casa del Adolescente a que su vida sea todo un éxito.

Es por eso que, a la par de la atención en las modernas y amplias instalaciones, el DIF estatal también puso en marcha el programa “8 Latidos”, que consiste en la puesta a disposición de ocho departamentos para el mismo número de jóvenes que han cumplido la mayoría de edad y deben egresar de la institución, con secundaria y preparatoria, así como un oficio.

El objetivo es que aquellos jóvenes sin una red de apoyo puedan permanecer durante seis meses en los departamentos, en lo que realizan la transición para independizarse. En este tiempo, no solo les ayuda a conseguir trabajo sino también los dotan de servicios como despensa y acompañamiento, entre otros.

No se trata de que un joven deje la casa nada más porque la ley establece una edad máxima sino ayudar a aquellos que lo necesiten, que su reingreso al mundo sea lo menos complicado y más exitoso posible.

Por eso también cobran sentido las palabras del gobernador Sergio Salomón, cuando revela que, al momento de que Gaby Bonilla tomó en sus manos el proyecto de la nueva casa, no lo hizo como servidora pública sino en un papel de madre, es decir, cuidó todos los detalles como una madre lo hace con su familia.

La revelación es ineludible si se hace un repaso de las charlas de Gaby, públicas y privadas. Para ella, todos los que habitan en las diferentes casas del DIF o se encuentran bajo el cuidado de la institución, tienen un solo nombre: “Mis niños y mis niñas”.

Eso, por ejemplo, trajo consigo otra realidad que para algunos puede sonar simple, pero que detrás representa todo un éxito: En la Casa del Adolescente muchos jóvenes dejaron de intentar escaparse porque saben que tienen una verdadera casa.

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