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sábado, diciembre 3, 2022
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Barbosa: El pacto de Armenta y Jesús Morales no fue un destape, fue un error

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Una veintena de caballitos montados por políticos disfrazados de hombres Malboro región cuatro, deambulando de aquí por allá como en los tiempos del morenovallismo, fue el escenario para el pacto político que sellaron el senador de Morena Alejandro Armenta Mier y el panista-morenovallista Jesús Morales Rodríguez, de cara a la sucesión en 2024.  

La cabalgata fue organizada por el integrante de la rancia familia priista de los Morales.  

Alejandro Armenta Mier pretendía dar un golpe de fuerza política y lo que recibió fue un sopetón.  

Y la voz que censuró ese acuerdo fue ni más ni menos que Miguel Barbosa Huerta.  

Los Morales no son ni serán bienvenidos en Morena, aseveró el mandatario. 

¿Por qué?  

El mismo Barbosa ofreció la respuesta:  

“A los opositores se les respeta cuando actúan con dignidad, pero cuando andan brincando de un lugar a otro, la pierden; pierden la dignidad de ser políticos respetables en un partido, ya no lo son tanto en otro partido”. 

Y jugó con la expresión de Andrés Manuel López Obrador para reafirmar la zarandeada pública que les propinó a Jesús y a Alejandro, misma que se extendió al viejo priista Jesús Morales Flores.  

“¿Cómo alguien como cualquiera de nosotros (de Morena) acabaría siendo panista o priista? Nada más, con todo respeto, ellos tienen su propia ideología y su propio comportamiento y los respetamos; ellos se fueron del PRI al PAN, ahí que se queden, aquí no caben ¿eh?  

“¡Fuchi, guácala!”. 

***
 

Eran enemigos acérrimos en el PRI a pesar de compartir la misma corriente: el marinismo. 

Jesús Morales Flores, cómo olvidarlo, impulsó las aspiraciones de Mario Marín Torres a contracorriente de su hermano, el gobernador Melquiades Morales Flores, quien quería como candidato a Rafael Moreno Valle o, si no había de otra, a Germán Sierra Sánchez.   

Fue una rebelión abierta contra el poder y la familia.  

La apuesta no fue equivocada. 

El priista oriundo de Chalchicomula de Sesma gozó durante todo el sexenio de las glorias del poder. 

Se hizo nuevamente diputado local y aprovechó para meter mano en cuantas decisiones políticas pudo.  

Pero todo se rompió con la sucesión de 2010. 

Jesús Morales Flores creía que podía ser gobernador. 

Su hermano ya lo había sido. 

Su padre lo deseaba con ahínco. 

Otro Morales en Casa Puebla, era el sueño.  

Pero Jesús Morales, como en toda su vida política, no pudo ni podría ser nunca el gobernador de Puebla.    

¿Qué ocurrió?  

Que la maquinaria zavalista se impuso en la candidatura del PRI en 2010. 

Y en esa bufalada estaba Alejandro Armenta Mier  

Hace unos días, el periodista Mario Alberto Mejía dio un adelantó lo que había detrás de ese movimiento.   

Un extracto de su novela próxima a publicarse, Esta dicho que nadie debe saber nada, dio cuenta de la borrachera del poder marinista.  

El axioma: Marín, terminando su sexenio, fundaría una asociación para formar a las nuevas generaciones en el liberalismo.  

Su sucesor en la gubernatura sería “el compañero” Javier López Zavala.  

Luego seguiría el hijo político de Zavala: Alejandro Armenta.  

Y, para cerrar el ostión, el hijo del patriarca del clan: Mario Marín Junior. 

 

***
 

Miguel Barbosa escuchó la pregunta de la reportera sobre el nuevo pacto entre Armenta y Jesús Morales.   

Caviló unos segundos y dijo sin tapujos lo que pensaba.  

Los Morales Rodríguez, sentenció, fueron beneficiarios de más de 50 años de privilegios al amparo del poder priista. “Eran beneficiarios de todo ese momento político que se vivió, pero cuando, no sé por qué razones, si porque el PRI designó a Zavala o si porque era un ala distinta del marinismo, cuando el PAN designa a Rafael Moreno Valle, bueno, hasta sus casas pintaron de azul”.  

Continuó: “Queda perfectamente claro que no son precisamente gente vinculada ideológicamente a la Cuarta Transformación, a Andrés Manuel López Obrador, no lo son ¿eh?, son adversarios del movimiento lopezobradorista y de Morena”.  

Luego, vino el golpe demoledor:  

“Miren, a los opositores se les respeta cuando actúan con dignidad, pero cuando andan brincando de un lugar a otro la pierden; pierden la dignidad de ser políticos respetables en un partido, ya no lo son tanto en otro partido”. 

 

***

Como decía, los Morales y Armenta eran enemigos acérrimos en el PRI. 

El hoy senador fue testigo de la traición de la familia Morales Rodríguez a Zavala y su adhesión al proyecto morenovallista.  

Una coalición opositora sepultó más de 80 años del PRI en Puebla. 

La apuesta fue igual de buena como en el pasado, al menos para el papá.  

En 2013 fue ungido por cuarta ocasión diputado por el distrito de Tepeaca.  

Lo hizo desde el PRI, al que nunca renunció, pero todos sabían que era la carta de Moreno Valle.  

El hijo no pasó de ser un descafeinado director estatal de Protección Civil. 

Fernando Morales Martínez, el sobrino, siguió en el PRI pero lo puso al servicio de Moreno Valle. 

Armenta vio muy de cerca esa traición. 

Se enojó.  

La denunció. 

Y la repudió públicamente.  

En 2015, nuevamente volvieron a encontrarse en las urnas.  

Armenta compitió por el PRI a la diputación federal de Tepeaca contra el morenovallista Mario Rincón, quien fue apoyado por Jesús Morales y todo su clan.  

Pese a que el aparato de Estado se metió de lleno en el distrito, el marinista logró derrotarlos. 

 

***
 

Durante el morenovallismo, Alejandro Armenta fue uno de los principales críticos.  

Le valió la persecución de Moreno Valle.   

Y aguantó vara.   

En 2016, nuevamente fue testigo de cómo los Morales cargaron todas sus baterías para la campaña de José Antonio Gali Fayad.   

Alejandro Armenta, entonces coordinador de campaña de la priista Blanca Alcalá Ruiz, denunció una nueva elección de Estado.  

Entre otras cosas, los Morales le habían hecho morder el polvo en su propio distrito.   

25 mil 593 votos contra 24 mil 960.  

El triunfo de Gali daba cuenta que el proyecto morenovallista, que soñaba con la presidencia de la República, gozaba de cabal salud. 

 

***
 

Para 2018, Alejandro Armenta comprobó que su propio partido en Puebla estaba infestado de agentes morenovallistas.  

La unción de Enrique Doger Guerrero como su candidato confirmó sus sospechas. 

Con la puerta cerrada en su propia casa, tuvo el arrojo de saltar al movimiento lopezobradorista a pesar de no tener padrinos. (La tutela de Ricardo Monreal llegaría después).  

Fue ungido como senador de la República y obtuvo una votación histórica para Morena.  

Luego vino lo que todos sabemos: el fraude contra Miguel Barbosa, la caída del helicóptero, un gobierno interino y una nueva elección en puerta. 

Armenta no fue un protagonista de la lucha contra el fraude.  

Su silencio lo dijo todo. 

 

***
 

Miguel Barbosa siguió con su alocución en su habitual conferencia de prensa matutina. 

Aunque ahora centró sus baterías en el nuevo aliado de Alejandro Armenta.  

“De Jesús Morales Rodríguez, el hijo de Jesús Morales Flores, el recuerdo que yo tengo es vestido de Rambo, de antimotines, con casco y todo, con macana, con armas, ahí en el hotel MM, cuando militantes de Morena descubrieron ese laboratorio electoral, donde se estaban acomodando cifras, actas. Cuando irrumpieron llegó Jesús Morales Rodríguez, así vestido, ataviado de eso -de un jefe policiaco antimotines, él era secretario de Seguridad Pública del gobierno en funciones de Tony Gali- repartiendo macanazos y ordenando repartir macanazos y golpes a las gentes de Morena, mis amigos de Morena, no mis amigos del PRI.  

“Los golpeó, ordenó golpearlos. ¿Qué hizo además? Formaban vallas los policías para permitir que los mapaches que estaban ahí, magistrados del Tribunal Superior de Justicia, integrantes de los órganos electorales, del Instituto Estatal Electoral de entonces, de los distritales electorales de todo el estado, de presidentes municipales de muchos municipios, estaban quemando los papeles para que no cayeran en manos de nosotros, los militantes de Morena. 

“Formaron vallas, estaban así con sus garrotes y sus escudos, impidiendo que se llegara a ellos, mientras los señores mapaches quemaban la documentación o la sustraían en cajas, protegidos por la policía estatal, comandada por el secretario Jesús Morales Rodríguez, también resguardando a la candidata del PAN que ahí estaba en la zona de cocinas. 

“Ese es el recuerdo que tengo de Jesús Morales y una gente así jamás debe ser amiga. ¿Amigo de quienes somos dirigentes de este movimiento de la Cuarta Transformación? No podemos ser amigos. ¡Fuchi! ¡Guácala!”. 

 

*** 

A Alejandro Armenta le ganó la ambición en 2019.    

Su filia marinista-zavalista salió disparada y luchó contra Miguel Barbosa para arrebatarle la candidatura que por justicia le tocaba. 

No lo logró, pero sí quedó evidenciado como nunca: desde un complot para asesinar a Barbosa Huerta hasta cochupos con gente de pésima reputación. 

Vinieron meses de frío trato.  

Barbosa arrasó en las urnas y comenzó lo que Armenta nunca pudo: desmontar el aparato morenovallista y fundar un nuevo régimen.  

 

*** 

 

En 2021, el gobernador demostró su músculo político al convertirse en el gran ganador de la contienda pese a la obscena promiscuidad política de los grupos nacionales de Morena que pretendieron hacerlo a un lado y agandallarse las candidaturas a todos los cargos. 

Entre los antibarbosistas estaba Alejandro Armenta.   

A pesar de su juego opositor, el senador fue el primer convidado por el gobernador a una nueva etapa política en la entidad.  

Y, bueno, con su pacto de este fin de semana con Jesús Morales Rodríguez, parece que Alejandro Armenta no entendió nada.  

Nuevamente, Miguel Barbosa se lo hizo saber este lunes.  La cabalgata, el evento político -subrayó- no fue un destape, fue un error.   

“De esos errores que no se deben cometer que por 25 caballos se exhiba este tipo de circunstancias, y una barbacoa, no, no, no”, precisó.  

“El movimiento de la Cuarta Transformación en Puebla no puede permitir la llegada de esos señores. Que se queden donde están, que se queden explicando su defenestración del partido en el que han estado y estuvieron por más de 50 años. 

“Jesús Morales Flores fue coordinador de campaña de Martha Erika Alonso en el distrito de Tepeaca. Ahí están los tuits del 20 de mayo (de 2018) cuando lo designa Martha Erika, lo anuncia por un tuit y donde le dice: ‘Gracias Martha Erika, vamos adelante’. ‘Con este partido del nacionalismo revolucionario priista’, así pudo haber contestado”. 

Y el remate, una vez más demoledor:  

“Ahí que se queden, no con nosotros, que quede claro, porque así vamos a hablar de todos aquellos que piensen que ahora quieren pintar sus casas de morado, no, no; ahí que se queden, de verdad, están acostumbrados a ese tipo de comportamientos políticos, nosotros no; ese comportamiento es de las prácticas políticas a las que estuvieron acostumbrados todos aquellos que su ideología era el poder y los beneficios”. 

Barbosa no pudo reprimir el mismo sentimiento de AMLO cuando le hablan de la oposición y selló su postura con la emblemática frase:   

¡Fuchi, guácala!”. 

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