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domingo, enero 29, 2023
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AMLO se da baño de pueblo en una marejada amorosa

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La marea de gente era eterna. Durante horas un viejo lobo de mar se sumergió no en un baño, sino en las profundidades de un océano de caras, de cuerpos, de voces que coreaban una consigna que se renueva en cada encuentro: “es un honor estar con Obrador”.

En el cruce de Insurgentes y Reforma, una mujer se quejaba de que fue magullada durante su irrupción al punto donde estaba el presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado por la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, y por el canciller Marcelo Ebrard Casaubón, entre otros personajes.

“Ya viene, ya viene”, comentaba la mujer, “va de avanzada Layda Sansores”. Alrededor de López Obrador se conformó un círculo concéntrico en el que la ayudantía tuvo que buscar el apoyo de los propios asistentes para formar vallas alrededor del mandatario.

Durante más de seis horas y cuatro kilómetros y medio, el ciclón, en cuyo ojo se encontraba López Obrador, recorrió de manera lenta y agitada el Paseo de la Reforma. A su paso removía las filas de personas que esperaban para mirarlo. Todos querían acercarse, todos querían verlo, todos querían tocarlo. Todos lo querían.

Entre los empujones y jalones, la sensación era la de estar dentro del mar. Los marchistas, con teléfono en mano trataban de sacar una imagen o un video o lo que fuera. Frente al Senado de la República, la eterna figura de Cuitláhuac, con algunos miembros de su descendencia acomodados a sus pies, contemplaba sorprendida una de las movilizaciones más numerosas de la historia.

Los patas rajadas, acarreados, que caminan a cambio de torta se burlaban de las definiciones que les dio la derecha y se asumen como tales. “Soy acarreado de mi mamá”, dijo un pequeño quien confesó que le tuvieron que comprarle un jugo para asistir.

“Que lo venga a ver, que lo vengan a ver, aquí no hay acarreados, este es el pueblo de Andrés Manuel”, gritaba un grupo de universitarios, “tu odio, tu odio a mí no me hace nada, amor, amor, amor con amor se paga”.

Sobre la gran avenida, que en otro tiempo fue refugio de la protesta por un fraude electoral, pasaba todo tipo de personajes de todo el país. Danzantes de guerrero, diversas agrupaciones de banda, políticos, actores de cine, conductores de la televisión pública y muchas personas que, por su propia voluntad, decidieron salir a la calle, le gritaban al mandatario “no estás solo, no estás solo”.

Otros acarreados hacían fila en los restaurantes fifí de la Zona Rosa, quizá para recibir su torta y su bebida —también fifís— por la que pagarían una buena cantidad. Para brincar el congestionamiento de la manifestación de apoyo, desde la fuente de Petróleos al Ángel de la Independencia, las personas decidieron ir por calles alternas como Hambugo, Independencia y 16 de septiembre, donde una marcha alterna se abría paso para alcanzar la ola.

La contundente demostración de fuerza se comió una manifestación de un pequeñísimo grupo —en comparación con la movilización convocada por el mandatario— del Frente Nacional Antiamlo (Frena), que literalmente fue frenada por un grupo de granaderos atrás de Servicio de Administración Tributaria (SAT). Los protestantes caminaron con la camiseta de la Selección Nacional de futbol, de Garibaldi a Avenida Hidalgo.

HUMANISMO MEXICANO, EL MODELO POLÍTICO

Luego de seis horas de marcha, en las que el mandatario se detenía a saludar a las personas, López Obrador llegó al templete del Zócalo capitalino, a las 3 de la tarde para dar un mensaje en el que dio a conocer la definición de su modelo de gobierno como humanismo mexicano.

“La política es, entre otras cosas, pensamiento y acción. Y aun cuando lo fundamental son los hechos, no deja de importar cómo definir en el terreno teórico el modelo de gobierno que estamos aplicando. Mi propuesta será o sería llamarle humanismo mexicano, porque sí tenemos que buscar un distintivo, humanismo mexicano.

“No sólo por la frase atribuida al literato romano Julio Terencio, de que ‘nada humano nos es ajeno’, sino porque, nutriéndose de ideas universales, lo esencial de nuestro proyecto proviene de nuestra grandeza cultural milenaria y de nuestra excepcional y fecunda historia política”, explicó.

En lo político, aseveró, la Cuarta Transformación no acepta el derrotismo; en el terreno de la democracia considera básico el sofisma maderista sobre la no reelección; en política económica, sostiene que el progreso sin justicia es retroceso. “Nuestra tesis es que no basta el crecimiento económico, sino que es indispensable la justicia”.

“La estrategia central del gobierno en el terreno de la política social descansa en respetar, atender y escuchar a todas y a todos, pero otorgando preferencia a los pobres y humillados”, destacó el mandatario.

“Que se escuche bien y que se escuche lejos: la auténtica política es profundamente humana en su fundamento, en su esencia, y, sobre todo, cuando se práctica en bien de los demás, y, en especial, de los pobres”, remató el mandatario ante los más asiduos lopezobradoristas.

Muchas personas, cansadas de la caminata, del baile, del sol, de tanta gente decidieron tocar base en la Plaza de la Constitución y retirarse a la sombra o de plano regresar a sus lugares de origen, pues al día siguiente había que trabajar. Según la jefa de gobierno, la asistencia fue de 1.2 millones de personas en la movilización, la última marejada, quizá, del presidente López Obrador.

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