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domingo, junio 16, 2024

La Tercera Voz 04

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Lunes 

Ella trabaja para un Consorcio de Universidades de los Países Bajos.  Su jefe, un checo educado en las costas cantábricas tiene la obsesión de la puntualidad y el exacerbado ejercicio de control de cátedra. “Libertad de cátedra es sinónimo de libertinaje”, insiste en las constantes juntas. Ella recibe un mail de su jefe:   

Os rememoro el compromiso de sujetaros a los horarios de entrada y salida a vuestros cursos con puntualidad y presteza. Éstos tienen una hora establecida que debéis respetar a toda costa. Las asignaturas no deben bajo ninguna circunstancia terminar antes del horario fijado. 

De la misma manera, la cátedra se impartirá en el salón asignado y, cualquier cambio de locación que se diese, por mínimo que fuere, será examinado al menos con tres días de anticipación y previa solicitud por escrito. Os recuerdo también la imperiosa necesidad de ceñirse a la enseñanza del programa establecido en el syllabus. Cualquier tema que os surja o ejercicio que no haya sido contemplado a priori, deberá ser expuesto ante el comité académico con una semana de anticipación para su aprobación. 

Agradezco vuestro muy atento esmero y minuciosa puntualidad.  

“Le voy a presentar a mi amiga Débora a ver si se aliviana”, le comenta Ella a una colega de trabajo. De regreso a la villa, el reencarpetamiento de la Quetzalcóatl hace conveniente circular por los carriles laterales y el trayecto se torna más lento. Es justo ahí cuando inexplicablemente en una estación del estrecho cuadrante radiofónico de la midiurbe se escucha “Talk to me” de Peter Gabriel: 

Hey, hey, hey talk to me 

ah please talk to me 

won´t you please talk to me 

we can unlock this misery 

come on, come talk to me 

come talk to me… 

Y Ella grita la canción a la espera de ser escuchada. “Desatemos esta miseria, desatemos esta miseria, desatemos esta miseria” tararea incansable. 

 

Martes 

Llega a las manos de Ella un “manual de protocolo para ceremonias y actos públicos” de connotada institución. DE-LI-CIO-SO, el panfletito. Lee con voracidad el ejemplar y se detiene en algunos apartados: 

“Proyectar la voz siempre hacia el micrófono; no pegar la boca a él ni distanciarse demasiado. Vestir colores lisos, preferentemente. La vestimenta será lo suficientemente holgada para evitar opresiones en el pecho o en el estómago que impidan respirar con desahogo”. 

A las mujeres, advierte el manual: “usar el sujetador adecuado, de color beige o cremita preferentemente, con la medida de copa justa, de modo que no haga resaltar carne de más. El escote, a su vez, deberá omitirse mediante prendas de cuello alto o, de preferencia, de tortuga.”  

De este modo, Ella valora la necesidad de escribir y difundir el Manual de Guarreño como una atinada respuesta, sugerida por el compañero R. Cartas. 

 

Miércoles 

En Duermevientos, −la casa de alteraciones de filias−, Ella decide inscribirse en el curso “La conciencia nómada en García Ponce”, impartido por la amiga defensora de angeles peludos errantes, Betty Blue. “La conciencia nómada en García Ponce” tendrá una duración de 16 horas repartidas en 8 sesiones, los sábados de 11:00 a 13:00 horas. “Hay que erotizar la vida. “Primero fue el erotismo, luego el verbo” piensa ella. 

 

Jueves 

Ella asiste al toquín de Vachamata en el Barfly. Allí recupera el aliento perdido en doce años. “El baterista está divino, lo que le sigue de Adonis, vamos a agarrarlo a besos”, le dice su amiga Caracolita-Paseando-Coppe. Ella no deja de mirarlo y admirarlo toda la noche. El Pana toma el micrófono y entona “Wild is the Wind” de David Bowie: 

Love me, love me, love me, say you do
Let me fly away with you
For my love is like the wind, and wild is the wind
Wild is the wind

You touch me,
I hear the sound of mandolins
You kiss me
With your kiss my life begins
You’re spring to me, all things to me
Don’t you know, you’re life itself!  

Ella lo mira y naufraga en sus ojos verdes, pero no lo agarra a besos.  

Contemplarlo es asomarse en el misterio de la noche. 

 

Viernes 

Se ha ido ya por siempre el Pallawatsch. Ella acude puntualmente la última noche a despedirse del sitio que sirviera para innumerables encuentros y desencuentros, acompañados siempre de un buen vino caliente con especias y una lenta “cuisine” excepcional. Allí saca el álbum con tres discos que días antes le obsequiaran. ¿Cómo es posible que, con tan buen gusto musical, él le haya regalado a ella un disco triple de The Beatles, sólo que con arreglos propios de un diseño acústico utilizado en los años setenta en los elevadores? “A esta colección le falta algo: tal vez sea encanto”, musita Ella. “Pero eso sí, le sobra cursilería.” Ella entiende que la historia con este hombre −musicalmente hablando, claro− ha llegado a otro punto sin retorno. Y allí deja los discos sobre una de las mesas; sin disimulo alguno, a la espera de que alguien se los lleve, acaso por distracción. 

 

Sábado 

Viene a verla su amiga franco-suiza nacida en Monclova Coahuila Astrid Bidault. Acaba de regresar de Nueva York tras su exitosa exposición de pintura en la gran manzana. Astrid es poseedora de una belleza característica francesa, de rasgos delicadísimos, como esculpida a mano por Fidias. Es además una excelente chef. Mientras prepara un salmón al gengibre y miel de Maple de Vermont, le aconseja a Ella: 

“Urge que cambies tu look ma chère amie. Mira, yo me visto como hombre y todos me tiran la onda gruesísimo; porque esos güeyes traen un puto adentro. Neta. Hazme caso. Siempre me ha funcionado.”  

Dado que Astrid es todo un estuche de singulares monerías, se dispone luego a tirarle a Ella el tarot que su abuela polaca le regaló. Como una diosa dueña de sus talentos, Astrid, o más bien el tarot, revela a Ella la inminencia de horizontes más luminosos. Así Ella recupera la tranquilidad que por tantos días se ha ausentado.  

En la tarde Ella lee un poema que le dedica su amigo Charles E. “el tal Bukowski mexicano”. Esa dedicatoria la inquieta al grado de incomodarla: “Para Ella, a quien le he repetido desde hace siglos que no existe amistad entre un hombre y una mujer”. 

La soledad es un instante.
En su misterio se contemplan
las derrotas y los sueños. Lo que
la vida nos ha dado
y lo que nos depara.
La soledad yace en cada uno
de nosotros.
Ha echado raíces. Tiene noches
y espléndidas mañanas.
Cerramos los ojos y es el infinito. 

Basta rozar tus pies para descubrir su nocturnidad. Quizá. 

Fin del poema. 

Ella mira entonces sus pies y se da cuenta que tiene ya tres semanas sin atenderlos. Y los lleva a que les den un Spa. Ella cuchichea consigo misma: “la soledad es un estado de gracia”. 

 

Domingo 

El doctor Pérez Diestre se apersona en la villa. Este hombre es una caja de música. Ella lo escucha en la puerta: 

− ¡Hola bellecita tropical! Te he traído un libro que hará más ligero tu transitar con este traje espacial. Ho´oponopono es una filosofía cuyo origen está en los antiguos pueblos hawaianos. Significa amarse a sí mismo y es un sistema Huna que ayuda a desaparecer la culpa que solemos cargar las personas. 

Al explorar Ho´oponopono  Ella divaga sobre las premoniciones arrojadas por el tarot hace unos días, pues parecen empezar a manifestarse en la realidad:  

 

….“Basta rozar tus pies para descubrir tu nocturnidad. Quizá….”  

“….basta escuchar tu voz para caer en un estado de pérdida. Quizá.”  

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