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viernes, diciembre 9, 2022
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Estamos Todos Bien (stanno tutti bene)

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Así, como en la gran película de Tornatore (1990), y más adelante una versión estadounidense con Robert de Niro: ambas muestran una enorme carga psicológica y el deseo ferviente de los padres para que sus hijos sean mejores de lo posible.

No es necesario que hagas un viaje tan largo: Tijuana, Boston, San Andrés, Puebla. Estamos todos bien, papá. Tus cuatro hijos y la que llamabas tu hija (la Casa de  Cultura).

Llenos de nostalgia, con ilusiones rotas, sueños incumplidos, sentimientos encontrados y nuestra lucha constante, que también —es cierto— nos ha dado triunfos y alegrías.

Xolos va a tener una gran campaña. Juan Ignacio busca su segundo título, armó un  gran equipo. Sigue publicando sin parar, lleva años investigando y preparando su gran novela sobre los 500 años de La Ciudad de México. Pedro soporta hoy menos 15 grados.

Enrique no para de obtener reconocimientos sobre sus investigaciones. Y conseguirá más temprano que tarde ser investigador emérito. No tengo duda de ello.

Continúo con mis serpientes, conviviendo con veneno, ya sea neurotóxico o hemotóxico (ya te escucho: estás loco), y al igual que cocinar en IQ,  siguen siendo mis grandes pasiones. No sé como, pero me queda tiempo para desde cualquier trinchera seguir luchando por la transformación de México.

El listón es demasiado alto, así lo dejaste.

Cuatro años y cada vez es más evidente la falta que (nos) haces.

Como si no fuera suficiente, se nos atravesó una terrible pandemia que ha durado ya dos años, y no se ve el final. Nos obligó a encerrarnos en casa. Se cerraron fronteras, negocios, visitas. Tuvimos que suspender la Fiesta del Libro que organizamos conjuntamente Ayuntamiento y Paco Ignacio Taibo II. La habíamos regresado al zócalo con gran éxito.

Puedo platicártelo, pero las imágenes fueron impactantes: la Plaza del Sol de Madrid, vacía; lo mismo que París, Ámsterdam, Berlín, Tokio o Marruecos. La economía está muy golpeada y usamos todos cubre bocas. Me cuesta imaginarte con uno puesto.

     Somos sobrevivientes.

Muchas voces logramos que volviera a existir la Secretaría de Cultura y hoy la Casa de la Cultura sobrevive. Tengo mucha fe que el programa creado por el Gobierno del Estado, denominado:  “Que Reviva Puebla”, le dedique todo el esfuerzo posible a la promoción turística y que el crisol cultural de la entidad sea el pilar fundamental de la recuperación económica que tanta falta nos hace.

Se intentó obtener, con una petición al Presidente, la antigua residencia obispal —el bello edificio de principios del siglo XVII—, para instalar ahí el tan anhelado Museo de la Ciudad, y con ello, además, completar la manzana cultural. La burocracia —una vez más— nos lo impidió.

Y mi mamá, pobre de mi mamá, está aquí, pero ya no es ella. Empezó con la demencia senil y ahora mismo el Alzheimer (maldita enfermedad) avanza muy rápido. Se deteriora diariamente, y es desesperante saber que no hay remedio,  por los antecedentes de su abuela y de Chita. Nos vienen tiempos todavía más complicados. Es un sufrimiento permanente. Se le olvida todo y cada vez más rápido. Será por ello que tapizó su cuarto con tus fotografías. Nos dedicamos a ella permanentemente.

Tu estudio, tus libros, tus apuntes y recortes siguen tal cual los dejaste. Probablemente hemos querido detener el tiempo de esa forma.

Sorpresa, eres bisabuelo, Y todos tus nietos se forjan su destino con la misma libertad que venimos heredando siempre.

Como todos, cargamos nuestros pesares, tenemos problemas y escapamos de nuestros demonios.

Por lo pronto no se nos acaba la esperanza, que bien decía Cortazar: es la vida misma defendiéndose.

Tus amigos —los mismos que nos decías: se cuentan con las palmas de las manos— fueron todos muy cariñosos. Don Enrique Montero, a quien seguramente ves, fue extraordinario. Emilio Maurer, el doctor Guillermo Ruiz, José Antonio Fernández, David Villanueva, Pepe, Mario Alberto, el cuate Menéndez, Margarita, Juan Gerardo, Ariel y seguramente alguien se me escapa.

Pedro Mauro, el cronista más joven y tu gran discípulo, es hoy miembro del Seminario de Cultura Mexicana y se encuentra a cargo del Consejo de la Crónica.  Sobre todo, con ese cariño que te tiene, intenta a toda costa salvaguardar tu legado.

Sé que ahora platicas, como antes, con el general Bonfiglio, el Capitán Camacho y Salvador Cruz, entre otros.

Todo esto lo sé porque lo estás viendo, lo estás escuchando allá, convertido en polvo de estrellas.

 

                                                                     Puebla,

                                                                     Enero 2022

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