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jueves, febrero 22, 2024

Oídos Sordos

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Con el dolor más profundo, recién fallecido mi padre en enero del año 2018, ante el Congreso del Estado y un año más tarde en homenaje póstumo en su Casa de Cultura y consecutivamente cada once o cada homenaje que se le realiza he mencionado que lo que más desearía mi padre es regresarle la vida, la alegría, la gente al antiguo Colegio de San Juan, a los talleres de iniciación artística adyacentes y el impulso sin tregua de la incomparable Biblioteca Palafoxiana, misma que debido a su trascendencia histórica el Gobierno Federal lo decretó desde 1981 “Monumento Histórico” de México.

El más significativo homenaje será siempre la defensa de lo que rescató, construyó, impulsó durante más de cincuenta años de trabajo constante.

Y ahora no hay pretexto que valga, ya que este 2024 se cumplen cincuenta años de la fundación de la hoy Casa de Cultura “Pedro Ángel
Palou Pérez”, la misma, que por su defensa y restauración le merecieron en 1975, el Premio al Mérito por parte de la Sociedad Defensa
del Tesoro Artístico de México. Importante mencionar que, como bien
afirmaba mi padre, la Casa de la Cultura de Puebla no nació como un
híbrido ni por generación espontánea, es la resultante de una línea no
oculta por la promoción y difusión de la cultura, que desde 1964 fue
construyéndose con la creación de la Comisión de Promoción Cultural
y el Festival Internacional, que va a tener continuidad en la ya Dirección de Promoción Cultural, en 1969, y que culmina con esa parte con
la Casa de Cultura, en 1973, que solamente con la solidez de un decreto del Congreso podría darle vida al nuevo organismo y la Hemeroteca
pública que nacen juntas.

Todo ello fue creado para responder a la demanda poblana socio-cultural con capacidad para ello por su larga tradición, pero que
hasta entonces carecía de un espacio que enriqueciera sus sentidos y
de permanente animación cultural, pero:

Sin facciones.

Sin banderas.

Plural.

Abierta.

Democrática.

Donde cupieran todas las expresiones artísticas y todas las ideas, con un esquema distinto a todos los organismos semejantes y tradicionales, por ello se incorporó un centro difusor, una fonoteca, una
hemeroteca, una fototeca, una cinemateca, una cafetería, en la que
siempre, además de salas de exposiciones plásticas y de conferencias,
el usuario encontrara algo diferente y que lo disfrutara; ese esfuerzo
tuvo siempre como mejor aliado al público poblano que conjuntamente con los creadores, los intelectuales, los académicos le fueron moldeando su fisonomía hasta convertirla en patrón y ejemplo nacional.

Con el tiempo esas áreas fueron creciendo, consolidándose y en su ya
cineteca y -cineclub-, Luis Buñuel, (quien dio generosamente su nombre de manera insólita) generaciones enteras vivieron su aprendizaje
del séptimo arte. De Fellini a Kurosawa, de Tarkowsky a Wajda pasando por Ripsten, Jaime Humberto Hermosillo o, Los Caifanes de Ibáñez
con guion de Carlos Fuentes.

Gracias al nieto de Juan Crisóstomo Méndez, la fototeca lleva el
nombre y obra del notable fotógrafo poblano.

Un día se instaló también el taller literario del INBA a cargo de Miguel Donoso Pareja y luego David Ojeda. Ellos enseñaron en realidad
el rigor a dos generaciones de escritores poblanos. La generación de
los llamados Cronopios (Eladio Villagrán, Luis Neve, Juan Tovar) y la
nueva generación del taller de Donoso convivían en el café de la Casa
de Cultura. En esta casona que ha albergado tantas cosas pasaron José
Emilio Pacheco, Gabriel García Márquez, Sergio Pitol, Eraclio Zepeda,
José Luis Cuevas, Marta Molina, Carlos Arruti, Desiderio Hernández
Xochitiotzin, Eladio Villagrán, Alejandro Aura, Raymundo Sesma y por
supuesto Juan José Arreola, Edmundo Valadés y Juan Rulfo que fueron
los sostenedores del concurso Latinoamericano de Cuento, el más antiguo en el continente y con más adeptos, entre muchos más.

La Casa de la Cultura representó y deseamos siga representando el lugar
de aprendizaje y madurez de muchos artistas. No olvidemos los tradicionales y numerosos torneos de ajedrez que contribuyeron a la formación
de miles de niños y jóvenes poblanos. Una característica más fue la promoción de las mejores tradiciones; Ofrendas, Altar de Dolores, Talleres Literarios, Certámenes anuales, los de las lenguas madres que se hablan en
la entidad y las biografías de las personalidades históricas poblanas como
preservación unos, como difusión de forja todos.

Como pivote La Casa de la Cultura —ya consolidada— inició la red
de casas de cultura y de bibliotecas en la entidad. El taller de cerámica
tanto de Talavera, como de barro laqueado, a cargo del maestro Gerardo Castellanos, dio oficio a jóvenes y adultos. Mencionar todo sería
titánico. Con lo expuesto es suficiente para dar cuenta del valor y para
entender que es indispensable invertirle nuevamente a la cultura en
estos tiempos en que lo efímero y lo superfluo nos confunde y aleja de
nuestra identidad, de nuestras raíces y tradiciones.

No se necesita inventar nada, resulta absurdo creer que personajes y
obras pictóricas modificadas resulten ser el atractivo cultural de un estado
con un rico patrimonio arquitectónico, con un acervo de clase mundial,
repleto de costumbres y tradiciones y, además, con un Centro Histórico
Patrimonio Cultural de la Humanidad que ha sido envidia y al mismo
tiempo referente desde el mundo Novohispano hasta nuestros días.

Es una estulticia mayúscula dejar fuera o darle un papel limitado en el
ámbito gubernamental a la cultura, en principio, porque es un Derecho
Humano y porque nuestra Constitución, en el artículo cuarto, párrafo noveno, mismo que se adicionó en 2008, dice: “Toda persona tiene derecho
al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el
Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El
Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura,
atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa…”

Y porque la cultura debe de ser un eje transversal para mejorar la
calidad de vida de los ciudadanos, la cultura debe de ser el cuarto pilar
del desarrollo.

Al final, no puede estar equivocada la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) cuando
afirma categóricamente que: La cultura contribuye de manera positiva
y eficaz a través de estrategias y acciones que contemplan el desarrollo
social y económico inclusivo, a la sostenibilidad medioambiental, la
convivencia, la cohesión social, la paz y la seguridad.

Es increíble que, teniendo ya lo más difícil, se estén desaprovechando las instituciones culturales poblanas, se distorsione el verdadero
sentido humanístico de la cultura en su expresión más amplia. Hoy
hay un nuevo secretario de Cultura y está acompañado como jefe de
oficina de José (Pepé) Melo, quien no debe olvidar lo vivido junto a
mi padre, saben Enrique y Pepé de sobra lo que hace falta, ya fueron
muchas decepciones de la gente que ha pasado por ahí con más pena
que gloria, pisoteando y esforzándose por desaparecer un legado que
le pertenece a Puebla y los poblanos. Al final, minúsculos personajes
que no merecen siquiera ser nombrados. No se sumen a esa lista. La
misma OIE considera imprescindible la actuación de los ministerios de
cultura para sensibilizar a los jefes de Estado y de Gobierno sobre la
amplia dimensión de la cultura y su papel determinante en el desarrollo de cualquier comunidad.

Nosotros seguiremos con el dolor profundo de su ausencia.

Ustedes cumplan su labor y regresen la vida, la alegría, la gente a su
casa y entendamos juntos que no se puede siempre vivir con oídos sordos.

Puebla 2024.

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