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lunes, enero 10, 2022
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No todos son héroes

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Las noticias que traigo, del dolor, del dolor me caigo.

A las 6:29 de la mañana de ayer me llegó una réplica a mi columna: Panteón López Gatell.

El director de un importante hospital en Puebla hizo una precisión más que atendible y sincera a través de Sissy Gómez Rossi, alguien entrañable para los dos.

Fue como son las cosas ahora: Vía WhatsApp.

El mensaje era breve, conciso: “Sí había camas. No teníamos doctores”.

Que quede claro: Nunca me referí a ningún hospital de Puebla. Ni público ni privado. Ni siquiera a alguno de otro de los estados del país.

Para qué, si en México a todos ellos la pandemia salida de un puestito del mercado de Wuhan los encontró como estaban: sin ninguna preparación. Sin armas para enfrentarla (a dos años de distancia algunos todavía no las tienen o las que disponen no son las necesarias o suficientes).

 

***

 

Tiene razón el director del hospital. Aunque había camas y se improvisaron medios para contener la primera ola y los terribles-mortales efectos del Coronavirus no todos estuvieron dispuestos a llegar a la primera línea de fuego: hubo médicos que desertaron a las primeras balas.

Pidieron vacaciones, adelantaron sus jubilaciones, se escondieron en otras trincheras más seguras (como los hospitales privados que creían fuertes y sólidos para enfrentar la batalla) o simplemente se escondieron en sus consultorios y sus casas y se enteraron desde ahí de las desgracias, las ajenas, claro.

Otros simplemente dejaron a un lado su instrumental y colgaron la bata.

No sólo ocurrió con los médicos. Lo mismo pasó con anestesistas, enfermeros, residentes, administrativos, personal de limpieza y mantenimiento de los hospitales, ellos también trabajadores esenciales.

Así que si cientos (o miles) de enfermos agonizantes murieron en los estacionamientos de los hospitales o los mandaron a su casa a vivir sus últimas horas no fue sólo porque los hospitales estuvieran colapsados o saturados, por falta de camas, fue porque quienes debían atenderlos huyeron.

Algunos pensarán que fue una cobardía; otros dirán que actuaron de manera sensata:

Que fue su instinto de supervivencia.

Que los médicos o enfermeros tienen derecho al miedo, al terror.

Que primero está la suya, su vida.

Que son humanos.

Que nadie es perfecto.

Pero, y ¿el Juramento Hipocrático?

¿La ética?

¿El perjuro?

¿Qué son esas cosas?

 

***

 

En esta pandemia no todos son héroes.

Los hay, y son muchísimos, quienes sí lo han sido desde el primer minuto.

Los que cuidaron y salvaron vidas.

Las suyas. Las de los demás.

La de sus familiares más cercanos: padres, parejas, hijos.

Los que dormían fuera de sus casas para evitar la más mínima posibilidad de contagiar a alguno de los suyos.

O los que tomaban todos los recaudos para impedir que el maldito bicho hiciera de las suyas.

Los que doblaron o casi triplicaron turnos y terminaron (terminan) con las marcas de las mascarillas y las gafas como tatuajes.

Exhaustos.

Quienes suspendieron ya no digamos sus vacaciones, sino su descanso, el necesario después de larguísimas jornadas de empeño y talento puesto al servicio de los demás.

Quienes lucharon por mantener de la mejor forma la vida del otro, que es también parte de la nuestra, o debería.

 

***

 

Dos mensajes para tener en cuenta: El primero es anónimo, pero es real.

Ocurrió en un sanatorio en tiempos de esta pandemia, no de las que han ocurrido a lo largo de la historia. Insisto. De esta pandemia:

“Información que cura: si cogen (sic) o han cogido con alguien del (Hospital) General de México háganse panel viral, hay 23 casos de residentes con VIH (info de una amiga que está ahí).

Vamos. Que la fiesta entre los egresados de medicina y médicos siguió aun con la pandemia.

¿Quién no conoce a algún médico que en estos tiempos de dolor y muerte sigue en el desmadre sin importarle nada porque, o está vacunado o ya se contagió, pero se siente inmune; que creen que las probabilidades de infectar a conocidos o incluso a sus pacientes son ínfimas?

Los hay.

La estupidez, a veces, es asintomática

El otro mensaje llegó a través no de WhatsApp sino de Twitter: “Se había dicho que con Omicron los contagios aumentaban pero no las hospitalizaciones ni las muertes; esta gráfica de Nueva York es muy preocupante pues muestra que esas dos últimas variables pueden aumentar también muy rápidamente”.

Lo firma un tal Arturo Herrera Gutiérrez.

El tema no le es para nada desconocido. Fue el encargado de pagar las vacunas que compró el gobierno de México para combatir la pandemia desde la Secretaría de Hacienda.

El dardo se lo envió a su exjefe, a su sucesor en el cargo y a los precandidatos en campaña.

Ya veremos si le hacen caso.

O, si como les gusta, minimizan la tragedia que se viene.

Las noticias que traigo, del dolor, del dolor me caigo.

Las noticias que traigo son tristes de contar.

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