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miércoles, abril 15, 2026

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Rendir cuentas a tiempo: una conversación que México ya no puede posponer

Ayer, en el Congreso del Estado de Puebla, recibimos la visita de Alfonso Ramírez Cuéllar, quien acudió a dialogar sobre la reforma en materia electoral. En ese espacio adelantó un tema que merece toda nuestra atención: en septiembre, la presidenta de la República Claudia Sheinbaum, presentará una serie de reformas para transformar el sistema de rendición de cuentas en México. Entre ellas, destaca la intención de facultar a la Auditoría Superior de la Federación para realizar revisiones en tiempo real, así como una reforma sustantiva al Sistema Nacional Anticorrupción.

Dicho así, puede parecer un tema técnico. Pero en realidad es algo que todas y todos entendemos porque forma parte de nuestra vida cotidiana.

Cada persona que trabaja y consume en este país cumple con sus obligaciones fiscales en tiempo real. Pagamos impuestos al momento, presentamos declaraciones de manera periódica y, si no cumplimos, hay requerimientos. Si existen inconsistencias, no podemos avanzar hasta corregirlas. En el caso de las empresas, las consecuencias son aún más claras: si no cumplen con sus obligaciones, pueden ser sancionadas o incluso clausuradas. En la vida cotidiana, el dinero se vigila mientras se mueve.

Sin embargo, cuando se trata del dinero público, los tiempos son otros. Hoy, en México, los recursos se ejercen en el presente, pero en muchos casos se revisan hasta dos años después. Para entonces, el dinero ya se gastó, las decisiones ya se tomaron y sus efectos ya impactaron a las personas.

Por eso, la propuesta de avanzar hacia auditorías en tiempo real no es menor. Es, en el fondo, una invitación a alinear al Estado con la lógica que ya rige la vida de la ciudadanía: actuar a tiempo.

México no necesita más diagnósticos tardíos. Necesita instituciones que funcionen a la velocidad de la realidad. Cuando la supervisión llega tarde, la sanción pierde fuerza y la confianza también.

Rendir cuentas no debería ser un ejercicio del pasado, sino una práctica del presente. Porque cuando el dinero público se vigila a tiempo, no solo se corrigen errores: se previenen abusos y se protege la confianza. Y la confianza es la base de cualquier proyecto de transformación que aspire a sostenerse en el tiempo.

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