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lunes, marzo 23, 2026

“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tú país”

“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tú país”

La historia de México tiene momentos en los que una decisión política trasciende generaciones. La Expropiación petrolera de México de 1938 es, sin duda, uno de ellos. No solo por lo que significó en términos económicos, sino por el acto de gran valentía política que encabezó el presidente Lázaro Cárdenas del Río, algo que hoy pocos se atreverían a hacer en México.

En un país donde el petróleo estaba completamente en manos extranjeras, Cárdenas tomó una gran decisión que pocos líderes en el mundo se habrían atrevido a asumir: recuperar para la nación una industria estratégica controlada por grandes corporaciones internacionales.

No eran empresas menores. Eran gigantes del poder económico global:

  • Mexican Eagle Petroleum Company (ligada a Royal Dutch Shell)
  • Standard Oil Company of New Jersey (hoy ExxonMobil)
  • Standard Oil Company of California (hoy Chevron)
  • Sinclair Oil Corporation
  • Pierce Oil Corporation
  • Gulf Oil Corporation
  • Texas Company
  • Anglo-Iranian Oil Company (hoy British Petroleum BP)

Empresas respaldadas por gobiernos y capitales de Estados Unidos, Reino Unido y Europa, y por personajes como John D. Rockefeller (el hombre más millonario de la época), que habían invertido entre 400 y 500 millones de dólares de la época y controlaban prácticamente toda la industria petrolera mexicana y del mundo.

Frente a ese poder, México decidió no someterse.

La expropiación no fue un acto impulsivo. Fue una decisión basada en la ley, después de que las empresas se negaran a cumplir resoluciones laborales dictadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Cárdenas no solo defendió a los trabajadores: defendió la soberanía.

Pero quizá lo más admirable no fue solo el decreto, sino lo que vino después.

México no se robó el petróleo, que sobra decir que era de México y de los mexicanos. México pagó por él petróleo y la infraestructura con una indemnización a las empresas petroleras.

El Estado asumió la indemnización a las compañías extranjeras, que terminó costando entre 130 y 200 millones de dólares, una cifra enorme para un país como México.

Y es ahí donde entra el verdadero corazón de esta historia.

El pueblo mexicano, miles de ciudadanos salieron a donar lo que tenían: dinero, joyas, animales, ahorros. No era un gesto simbólico, era un compromiso real. México entendió que la soberanía no se exige, se construye.

Ese espíritu contrasta inevitablemente con lo que vemos hoy.

Porque mientras en 1938 un país entero se preguntó qué podía hacer por México, hoy hay decisiones políticas donde algunos parecen preguntarse exactamente lo contrario. Lo ocurrido recientemente en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, donde legisladores —incluidos aliados— votaron en contra de una reforma electoral clave, evidencia una lógica distinta: primero el cálculo político y los beneficios a su partido y a su persona, después el proyecto de nación.

Ahí está el contraste de fondo.

Lo que en su momento logró Lázaro Cárdenas del Río —alinear gobierno y sociedad en torno a un objetivo nacional es de reconocerse. Hoy varios líderes de partidos no quisieron actuar con esa visión, porque su prioridad no fue lo que podían aportar al país, sino lo que el país les podría dejar de dar en términos económicos y lo que el ajuste de poder (sin tantos escaños de diputados plurinominales 200) podía representar para ellos.

Es importante resaltar que cuando la política se reduce a intereses inmediatos, se pierde la dimensión histórica, pero regresemos a la Expropiación Petrolera.

La expropiación petrolera nos dejó una lección que sigue vigente: los grandes cambios requieren liderazgo, pero también compromiso colectivo.

Y quizá hoy más que nunca, vale la pena volver a esa pregunta inicial.

No nos preguntemos ¿qué puede hacer el país por nosotros?

Sino ¿qué estamos dispuestos a hacer nosotros por nuestro querido país, llamado México?

Gracias por leernos

Tu amigo CONDE, Daniel H. Conde

 

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