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domingo, febrero 25, 2024

Se les acabó el fosfo

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Concluyó tan rápido como comenzó el sueño efímero de ser la segunda fuerza electoral en el país. Movimiento Ciudadano regresará a la realidad, con más dificultades y soportando el costo del error, la ignorancia y la soberbia. 

El fracaso vino de Samuel, fue un exceso de imaginación y audacia política. No supo calcular sus posibilidades, ni administrar sus emociones. Tampoco entendió los tiempos y olvidó que, para toda posibilidad en el ejercicio del gobierno, la Constitución de su estado y la del país tienen todo por escrito. 

Su necedad para dejar gobernador interino evidenció también su novatez. No supo entender su circunstancia política oficial, su condición personal y tampoco medir su escaso capital político. 

El fracaso vino también de quien lo contrató y lo dejó solo. Él no apoya la inmadurez, ni la incomprensión y, a lo mejor, calificó como riesgosa la colaboración de quien solo fue contratado para acabar con sus odiados PRI-PAN-PRD y porque evidenciaba olvidar el objetivo de su contrato: no debería ganar la Presidencia, solo ser el instrumento de la venganza. 

El fracaso vino también del partido que lo dejó solo.  Durante toda la crisis, no apareció, ni dijo algo. Un partido de oposición leal, que no tiene autonomía en sus decisiones y que ambicioso pretendía ganar el segundo lugar de la votación para conservar Jalisco, sumar otra entidad federativa y, por supuesto, incrementar notablemente sus escaños en el Senado y las Diputaciones federal y locales y todos los puestos que conllevan. 

Ninguno de los tres, calcularon y actualizaron la desesperación y el encono políticos que animan a la oposición real, integrada por PAN-PRI-PRD. No entendieron la percepción de su imposibilidad y el tamaño de su rechazo a un inevitable fracaso real. Por eso, aprovecharon el Congreso neolonés para desahogar su fatalidad y demostrar que el gobernador y sus asesores no tenían diálogo ni acuerdos marco con los legisladores, también olvidaron que son mayoría. 

A los autores intelectuales y materiales de la decisión, todos, se les acabó el “fosfo”. Se emocionaron. En su prospección política ignoraron que los puestos se ganan en la realidad real, no en la realidad virtual. Pervirtieron y al final cancelaron un perfil altamente competitivo, al que mandaron al cesto de la basura. 

Muchas lecturas se desprenden de este fallido intento.   La principal tiene que ver con el normal apasionamiento ante las posibilidades, que no deja medir las probabilidades. No hay un político que, en busca de un puesto, no haya pasado por esta experiencia.  Es un camino que recuerda a las lecturas del jueves santo. 

Lástima, porque Samuel ya había conquistado la adhesión de miles de jóvenes que pierden ahora una posibilidad de expresarse por una propuesta innovadora de una política a la que los chavos consideran sucia y, por ello, no les interesa. 

Samuel era su alternativa real para participar y en eso también pierde la nación, porque el grupo más amplio de electores comprueba que se empeñan en tener a la política trabajando en los drenajes de la sociedad. 

Movimiento Ciudadano también debe aprender que en el concepto oposición no cabe, o no debería caber, el concepto lealtad.  Porque de oposición, pasa a cómplice y de ahí a esquirol. Estos no son valores que se puedan presumir y tampoco son eficientes para una democracia moral. 

Tiempos son, así se han definido, de transformación que debe llegar al sistema de partidos políticos, ahora ineficientes para representar a los electores, insuficiente para poder construir caminos para una democracia diferente, pero, sobre todo, inútiles y además, para los contribuyentes, demasiado caros. 

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