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lunes, enero 30, 2023
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La decisión, solo de uno

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No son tiempos para confiar ciegamente en ningún líder, cierto, pero tampoco son tiempos para desconfiar de todos.

El proceso electoral 2024 inicia con aparentes decisiones que se exponen para medir, pero también para engañar.  En ese juego, el de la sucesión presidencial, nunca habrá verdades antes de tiempo.

El tapado sigue siendo una institución válida, útil y, sobre todo, confiable para quien —y solo es uno— debe decidir. Qué tan solitario es el contexto, poco importa.  La decisión es unipersonal y esa es la mejor garantía de que ninguno lo sabrá antes de tiempo. Antes de decir esas “palabras mayores”, que hizo famosas el célebre tenebrador Luis Spota, en sus novelas de verosimilitud de la política nacional en los años 70´s, pero con contenidos vigentes para la realidad aparente de estos días.

¿Qué tan importante es, para quien debe decidir y puede decidir, hacerlo sin equivocación?

Mucho, por no decir que todo lo que a un estadista consagrado por la elección y por el cargo. Simplemente porque de esa decisión dependerá el verdadero registro de su gestión, real o maquillada, en la historia nacional.  No olvidar que trascender siempre será el principal motor de un líder nacional.

¡Qué paradoja para quien habrá de decidir! Tiene todo para hacerlo y al mismo tiempo nada. Certidumbre sería el valor futuro de corto plazo para ceder su confianza y esperar consecuencias favorables en el sentido, cantidad y calidad que quiere y según él, merece.

¡Ah, qué tiempos aquellos de los dos grandes generales! Maximino y Lázaro y sus lecciones de valor, firmeza y deslealtad e ingratitud inseparables en aquel camino de  ya no eres tú, ahora soy yo y después seguiré siendo yo.

En ambos maximatos, la única diferencia fueron los nombres de los protagonistas y las intensidades de las decisiones, pero al final, conservaron su preeminencia, más allá de los años del período constitucional.

Todos tienen miedo del registro histórico.  Aunque lo nieguen.

Pues ya estamos inmersos en el proceso electoral de 2024, que históricamente será el de las “corcholatas”, pero que en el fondo sigue siendo el del tapadismo tradicional, solo que, en lugar del dedo sagrado, ahora se dice, serán las encuestas las que orienten finalmente el sagrado dedo.

Y en un sentido común, pudiera ser que, al día de hoy, hay tres direcciones:  la de la innovación histórica con la primera mujer en la Presidencia, la de una nueva ortodoxia con el carnal Marcelo, y la de la lealtad y mayor seguridad, también en el apellido López, con el “hermano” Adán Augusto.

En ninguno de los tres, sobra afecto y reconocimiento al compañerismo y a la fe que cada uno desde hace varios años depositaron en el ahora Presidente.

En ninguno de los tres habría desconfianza mayor o general.

En ninguno de los tres habría insuficiencia para gobernar, más allá de que, ninguno de los tres ha sido Presidente de la República.

De todas maneras, para lo que se ofrezca el jefe estaría siempre disponible.

Cada uno de los tres tendrá su momento de gloria, siempre será relativa y efímera, pues no creo que a alguno de ellos le interesa quedarse como aspirante o precandidato.

A la señora Sheimbaun ya se le ha medido y con altas y bajas, estaría sujeta a tres grandes oportunidades: la primera, tendría que comprobar si el electorado mexicano está listo para que una mujer gobierne el país.  El segundo, si su candidatura sería a la imagen y semejanza del Presidente, porque a lo mejor lo que quisieran algunos sería algo superior y un poco diferente para darle otro toque a la transformación. El tercero, vencer su propia dinámica, comenzó siendo la predilecta y habría que ver si conserva esa distinción.

Del “Carnal” Marcelo, aún hay poco, quizá no ha comenzado su periodo de prueba.  Por el momento se le ve un ortodoxo trabajador de la 4T, pero no ayatollah, algo que podría ser apreciado por grandes sectores de las clases medias que también votan. No es el retrato del presidente, pero sí un político muy experimentado en decisiones nacionales y algunos dicen que muy cercano a los Estados Unidos, lo que podría beneficiarle.  Aquí habría que esperar.

Del secretario de Gobernación no se deben olvidar dos frases que, dichas en boca del Presidente, son premonición.  La primera, “Es mi hermano”, así lo expresó cuando lo presentó como secretario. La segunda: “Nos ayuda mucho”, “Me ayuda, me aligera la carga”.

Muchos creen que al fin hay señales de verdadera alianza y confianza en el secretario Adán Augusto López.  Algunos refieren su verdadera cercanía con el actual presidente, desde lazos de una hermandad de hace muchos años y que no ha existido entre ellos, altercados o diferencias sobre puntos principales de las tareas de un gobierno que promueve una transformación radicalmente cualitativa en la nación.

Otros ven en Adán Augusto, a un político muy bien formado en ideas y compromisos, con amplia experiencia en las tareas de la representación popular y el gobierno, pero sobre todo, una militancia con mayor antigüedad y solidaridad y colaboración con el presidente, que los otros dos.

Para muchos Adán Augusto es, la verdadera intención del presidente.

Reconocen su pertinencia política en una sociedad polarizada a la que ha enviado mensajes de conciliación para poder construir diálogos eficientes con quienes, como clases medias ilustrada o empresarios reticentes, ha podido establecer una interlocución real y de confianza. Es, dicen, una persona experta, que da valor a la negociación y entendimiento entre opuestos y a quien califican de responsable y conciliador por vocación en su intervención en los asuntos de la política interna del país.

Ahí van las cosas.  Un juego que no lo es tanto, pero que hace que todos intervengamos en un debate necesario para justificar una decisión, que seguirá siendo de uno solo.

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