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miércoles, abril 2, 2025

Diálogos bajo el cielo de Puebla

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Conocí a la doctora Sheinbaum en el Centro Expositor. Se le recibió muy bien de la mano de varios amigos y por instrucciones del gobernador Miguel Barbosa. Yo acudí como una de las ‘corcholatas’ que aspiraban a la candidatura de Morena a la gubernatura. En ese tiempo yo era presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso. El gobernador se había comprometido con ella, y ese mismo compromiso lo ratificamos nosotros. Yo en lo personal. De hecho, ya como gobernador sustituto continué con el compromiso de seguir caminando de la mano de ella. 

Yo busco arroparme en ella, y ella, con mucho gusto, me da visión, esencia, idea, y generamos condiciones. 

—¿En qué momento esa buena relación se convierte en algo más que una serie de compromisos y de acuerdos? 

—Desde el principio. En todo momento hubo equipo y condiciones para estar ahí: jalando con mucha puntualidad. Y eso nos permitió integrarnos. Teníamos la misma visión. Yo decidí jugármela desde el principio con ella sin dejar de atender a los otros compañeros, ¿eh? Hasta que me dijeron: “ya parejo para todos”. 

—Finalmente ella logra ser la candidata a la Presidencia y, como tal, gana en Puebla con poco más de dos millones de votos. 

—¡Sí! Fue un gran trabajo de un gran equipo. 

—Y con Alejandro Armenta como candidato a la gubernatura de Puebla… 

—Sí. Un gran candidato. Y, por supuesto, el equipo político que tenemos en el estado generó las condiciones importantes para salir adelante. 

—¿Qué es lo que te llevas de ella en esta primera etapa? 

—A ver… Primero que nada que en esta vida no hay que hacerse chiquito, ¿sí? Segundo: cuando hay amor al pueblo hay transparencia, hay compromiso y hay palabra. Me encanta cómo se comporta: como una mujer firme, fuerte, pero generosa. Me tocó ver cómo defiende a las mujeres. 

 

* 

 

—Ganarse la confianza de un presidente como Andrés Manuel López Obrador no es cualquier cosa. Tú lo lograste, gobernador. ¿Cómo fue eso? 

—La verdad es que solamente me mostré como soy, con la intención y la visión de lo que tengo. Y también hay ángeles que te ayudan. Una de ellas fue Lorena Cuellar. Yo rindo protesta el jueves 15 de diciembre de 2022. Y a la siguiente semana nos convocan a México. Yo no conocía al presidente de la república. No lo había saludado jamás. Llegué al evento a Palacio Nacional, lo saludé, pero no pude hablar con él. Llegué como niño aplicado al primer día de escuela. Peinado, con los zapatos bien boleados. Y me senté hasta adelante. Nadie me conocía de los gobernadores. Nadie, nadie. Entonces me puse a saludar a todos. Días después, el martes o el miércoles, la gobernadora Lorena Cuéllar pidió una audiencia conmigo. Ve nada más la generosidad de esta mujer. Pidió audiencia conmigo, y me vino a saludar. Éramos, somos, vecinos. Yo feliz de la vida la recibí. Platicamos, hicimos click y tan tan… Que se va mi compañera. Luego avisan que viene el presidente a una gira a Puebla: a verificar los programas sociales de bienestar. Lo esperé en el recinto ferial. Se baja de la camioneta y me dice: “Gobernador, ¿cómo vamos?”. “Bien, presidente”. Me presento y le digo que tiene en mí a un amigo. Y me dice: “Ahorita nos saludamos”. Y agarra y se va saludando. 

Llegamos al evento, se sienta junto a mí y empiezan a presentar. Pasa el primer orador, y cuando estaban presentando me dice, me dice: “Sergio, me dicen que eres buena persona, que eres un hombre de bien. De esos queremos en el movimiento”. “Muchas gracias, presidente”. ¿Sabes quién me lo dijo?”, me preguntó. “No, señor”, le dije. “Me lo acaba de decir Lorena Cuéllar”. Me quedé impactado. 

—¿Y cómo se dieron los siguientes encuentros? 

—Fueron cordiales: de visita, de trabajo. Le enseñé todo lo que teníamos, lo que queríamos hacer. El presidente es un hombre que tiene un carisma especial. Hablas con él y te da confianza, no te pones nervioso. 

—¿Cómo fue tu primera visita a Palacio? A solas. 

—Me acompañó Carlos Reyes. Fue impresionante conocer el despacho presidencial. Me dejaron ahí sentado como quince minutos. Y luego llega el presidente y le enseño todos los proyectos que llevaba. Me dijo en todo lo que nos iba a apoyar y, luego de eso, me empezaron a recibir los secretarios. Y todo empezó a moverse. 

 

* 

 

—En México, antes de López Obrador, las sucesiones se decidían en solitario. Esta última tuvo un proceso inédito con una novedad: el presidente invitó a los gobernadores a participar como garantes. En otras palabras: los involucró. Fue algo histórico. 

—Sí. Un momento histórico. De Palacio nos invitaron a una cena. 

—A un restaurante cercano a Palacio Nacional: “El mayor”. 

—¡Sí! Fue un gran momento. Fuimos los gobernadores de Morena, el presidente y los aspirantes a la Presidencia: la doctora Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López y Ricardo Monreal. El presidente llamó a generar un piso parejo y les pidió a los aspirantes que renunciaran a sus cargos. Luego nos pasaron un documento a firmar. Ahí nos comprometíamos a respetar los acuerdos. Firmamos todos. 

—¿Tienes copia? 

—No. Se lo quedaron ellos. 

—Un día aparecerá en los libros de historia, gobernador. 

—(Risas). Una de las cosas importantes es que les di mi pluma para que lo firmaran todos. 

—Ah… Fue con tu pluma. 

—Con mi pluma. 

—¿Una Montblanc? ¿Y quién se la quedó? 

—Una Montblanc Clásica. Yo la tengo. 

—Qué historia. ¡Ese documento ya es un equivalente del Plan de Ayala! 

—Pues así se firman las reglas del juego. Todos aceptaron. 

—¿Cuánto tiempo duró esa reunión? ¿Cenaron ahí? ¿El propio presidente cenó? 

—Sí. 

—¿Qué cenaron? 

—Nos dieron una cremita si no mal recuerdo. Fíjate, el restaurante está en un lugar muy representativo: a unos pasos del Templo Mayor. No tiene una gran gastronomía, pero el simbolismo que tiene está cañón. 

—Luego hubo otra cena: cuando el presidente le entrega a la doctora Sheinbaum el Bastón de Mando. 

—Eso fue una vez que en el Consejo Político Nacional de Morena se dieron a conocer los resultados de las encuestas. para el tema de resultados. ¡Qué momento, qué momento! 

—¡En la historia de este país nunca se había hecho un ritual así! Y ustedes, los gobernadores, siendo testigos de eso. 

—¡Sí! Estábamos sentados en la misma mesa y por algún motivo vamos todos para abajo, pues el restaurante tiene dos o tres pisos. Ya sabrás, el elevador se saturó. Algunos bajamos por la escalera, incluido el presidente. Yo, pegado a la escalera por prudencia, les di el paso a los demás y me toca estar en el lugar que ya todo el mundo conoce: atrás del presidente. 

 

* 

 

—El gobierno de Rafael Moreno Valle dejó una vara alta en el tema de la obra pública. 

—Sí. Rafael es un parámetro. Fue un gobernador que hizo mucho y estoy seguro de que se sentiría muy bien si lo pudiéramos rebasar. Porque también amaba a Puebla. Para mí es un referente. Y de ahí parto para asegurar que lo vamos a rebasar en materia de infraestructura. 

—¿Y sin recurrir a los tristemente célebres PPS (Proyectos de Prestación de Servicios)? 

—¡Ni un solo PPS! Ni un solo peso de dinero prestado. Y todo ese será gracias a la gran disciplina financiera que hemos manejado. Y el monto dedicado a la obra pública hubiera sido mayor si no hubiésemos tenido que enfrentar multas por impuestos mal pagados en administraciones anteriores o el pago de la deuda. 

—¿De cuánto estamos hablando? 

—Yo creo como de cerca de cinco mil millones de pesos. Todo eso también lo pudimos haber hecho en obra. Cinco mil millones de pesos. 

—Pero hay temas que están en litigio, ¿no? 

—Algunos rubros, sí, pero otros no. Por ejemplo: a los maestros federales les paga la Federación, y nosotros a los estatales les hemos pagado tres mil millones de pesos. El primer año mil millones. El segundo año hubo un incremento salarial que a nivel federal otorgó el presidente. En total fueron tres mil millones, ¿no? Más tres mil millones de pesos de impuestos que en tiempo de Rafael Moreno Valle no se pagaron bien. Y lo que se invirtió inadecuadamente por parte de Teresa Castro (exsecretaria de Finanzas). 

Cinco mil millones de pesos en total, más la deuda pública que venimos pagando todo el tiempo. 

—¿Y pese a eso se superará al gobierno de Moreno Valle en obra pública en sólo dos años? 

—¡Sí! Ellos hicieron lo suyo en seis años. Nosotros, en dos. 

—¿Cuáles serían tus obras emblemáticas, gobernador? 

—Ciudad Universitaria 2 (con inversión de la BUAP) es uno de los orgullos más importantes que tenemos. El Politécnico Nacional, campus Puebla. La Ruta Metropolitana. La Central de Abasto de Teziutlán. Cinco distribuidores viales en la zona metropolitana. Puentes en zonas muy marginadas. El Congreso del Estado. El nuevo edificio de la Secretaría de Finanzas. Diez mercados municipales, entre éstos los de san Martín Texmelucan, Zacatlán y Huauchinango. Además, se está instalando el Sistema de Videovigilancia en todo el estado. Es una plataforma en la que ya tenemos cerca de ocho mil cámaras conectadas. 

—¿Cuántas había cuando llegaste? 

—¡Doscientas veinte! Y estamos haciendo esa plataforma y una conexión con todo ello. Hemos recuperado el C5 y los arcos de seguridad (que ya no servían). Por cierto: incrementamos los salarios de los maestros, los policías y los funcionarios de gobierno. Tenían diez años con salarios congelados. 

—Esas buenas finanzas acaban de ser reconocidas recientemente, ¿no? 

—Así es. Ficht Ratings elevó la calificación crediticia del gobierno de Puebla. Después de veinticuatro años nos dan la calificación más alta: AA+. 

—¿Veinticuatro años? O sea: desde el sexenio de don Melquiades Morales. 

—Así es. Apenas cené con todos los CEOs de las cementeras del país Cemex. Y cuando les dije lo de la calificación de Ficht, nos felicitaron. Tuvieron palabras muy elocuentes. Ellos entienden muy bien de eso. Es claro que vamos a dejar un colchón crediticio muy importante. 

—Y en el tema de la inversión extranjera también hay récord, ¿no? 

—Así es. Estamos hablando de arriba de dos mil setecientos millones de dólares. 

—¿En los dos años? 

—Cerca de tres mil quinientos millones de dólares en los dos años. Somos la economía que más creció en el país. 

—¿Puebla creció más que en los denominados estados emblemáticos? Pienso en Nuevo León, Jalisco, estado de México, Querétaro. 

—Más que ellos. Es que reactivamos el tema de la inversión pública. 

—¿Y cómo fue? ¿Qué botón apretaste para que se lograra eso, gobernador? 

—Pues, mira, la visión de tu servidor de querer dejar huella. Y de generar una reingeniería financiera. Le dimos prioridad a lo que más urgía y a lo que más se necesitaba. Y reactivamos la economía, el turismo. Tuvimos una gran Feria de Puebla. Gran feria. Esto va a seguir dejando huella para mí. 

—Otro tema interesante es el viaje a Alemania. 

—Es un tema histórico. ¿Cuántas veces dos gobernadores —el electo y el saliente— han viajado juntos a las sedes de la Volkswagen y de Audi? 

—A nivel estatal, nunca. No sé si en otro estado, pero no lo creo. 

—Es la primera vez. No es cualquier cosa ir a darles certeza, e invitarlos a que sigan invirtiendo, a las dos empresas más fuertes que hay en el estado. Cómo yo no voy a estar contento. Cómo no voy a estar agradecido con Dios, con la vida, al darme la oportunidad de estar al frente del gobierno y, sin mezquindad, abonar y ayudar en todo lo que se pueda a Puebla y a los poblanos. Y hoy, estoy seguro, con Alejandro Armenta vamos a tener a un gobernador comprometido con el futuro. 

—Hay otra palabra clave que define a tu gobierno: reconciliación. Todo mundo lo dice. 

—Por circunstancias y estilos, ¿no? Mi estilo es de perfil no estridente, pero sí firme. Y me ha dado muy buenos resultados, porque he alcanzado todas mis metas. Creo que no necesito cambiarlo. Una de las cosas de las que más se queja la ciudadanía es que la gente que llega al poder cambia de inmediato. Yo soy de la idea de que tienes que investirte y ejercerlo. Tienes que hacerlo valer. Y eso también te lleva a actuar con mayor responsabilidad y humildad. Nuestra meta es volver a ser comunidad, porque seguimos divididos.  

—Había sectores de la sociedad que estaban peleados con el gobierno cuando tú llegaste, gobernador. ¿Cómo fue el acercamiento? 

—Pues simple. Aprovechado el momento, les extendimos la mano. Y decisión aceptada. Para eso se necesita dos, ¿no? Y con esos dos lo logramos. 

—También sucede que, cuando hay elecciones, la sociedad termina polarizada. Y aquí no fue el caso. 

—Fíjate que estuve haciendo mucho pronunciamiento todo el tiempo, dedicándole muchos minutos y horas a hablar con la gente para decirle: “A ver, no tenemos por qué pelearnos con los partidos políticos o por los partidos políticos. Al contrario, hay que escuchar a todos. Cada quien que asuma sus retos y su responsabilidad de estar con quien mejor le parezca”. 

 

* 

 

—Háblame, gobernador, de tu relación con Alejandro Armenta desde los años de su primer encuentro. 

—Yo conozco a Alejandro Armenta cuando quiero ser presidente municipal, por el PRI, en Tepeaca. Él era el dirigente estatal del partido. El gobernador Mario Marín quería que el candidato fuera su amigo: el doctor Isauro Rendón. Y a Alejandro le toca la tarea de decirme que ésa era la definición del gobernador. De ahí venimos transitando. Yo empecé a involucrarme en política. Seguí su carrera, y no habíamos coincidido nunca en un proyecto político. Él llega a ser diputado federal. Nosotros hicimos lo propio en su momento para apoyarlo. Luego se volvió director del Registro Nacional de Población. Yo, en tanto, me convertí en legislador local, y cada quien seguía en su propia ruta paralela, pero siempre con respeto, lo cual nos permite seguir coincidiendo. 

—¿Y en qué momento volteaste a verlo ya en el contexto de la sucesión en Puebla? Porque originalmente tú estabas dándole un apoyo moral a Julio Huerta. 

—Julio Huerta es mi amigo y fue mi candidato con todo, ¿sí? Llegó el momento de circunstancia y, también, de las definiciones. Y cuando definió el partido, con base en la encuesta, que era Alejandro, pues ahí decidimos hacer cumplir y respetar la palabra del partido en el sentido de sumarnos todos. 

—Pero tú fuiste un factor en ese proceso. 

—Pues yo lo único que pedí es que se respetara la encuesta. Que se dieran las condiciones. Y te puedo decir que, independientemente que uno haya sido factor o no —por el trabajo que realizamos—, la encuesta en Morena se respetó. Te puedo dar tres ejemplos de esto que te digo: Puebla capital, San Pedro Cholula y San Andrés Cholula. 

—Hubo actores políticos que no quedaron muy satisfechos con el resultado de las encuestas y que te endosaban a ti cierta responsabilidad. Pienso en Nacho Mier. 

—Nacho sabe perfectamente bien cuáles son las reglas del juego. Él lo tiene muy claro. Él es un político inteligente y en su análisis tendrá que saber qué fue lo que le falló o que no le falló. Yo creo que en política todo es cuando Dios quiere, cuando Dios decide. 

—¿Pero sí sentiste cierta rispidez en la relación? 

—Pues normal. De lo que siente quien no queda, ¿no? En lo que a mí respecta, tengo la conciencia muy tranquila. Siempre he jugado muy abierto, muy derecho. Y eso ellos lo saben. Yo siempre he ofrecido ayuda a todos y a todas. Y cuando coincidimos, se suma, se suma, se suma. 

—¿Cuál ha sido el tránsito de la relación con doña Rosario Orozco? 

—De parte de tu servidor ha sido de total respeto. Mi respeto para la hoy diputada, esposa de don Miguel Barbosa Huerta. Para ella, para su familia. Y así la pienso mantener todo el tiempo, por la memoria de Miguel Barbosa, que es un hombre al que yo respeto mucho. 

—¿Han hablado en privado? 

—No. Tiene tiempo que no hablamos. 

—Y en público, ¿se saludan bien? 

—Pues abordamos con la cortesía política del momento. 

—No eres el mismo que entró al gobierno, gobernador. Eres otro, totalmente cambiado. 

—Creo que todos cambiamos, todos vamos mejorando. Yo sí creo que he aprendido mucho de este tema. Esto es de tomar decisiones, de ser resolutivo, de entender el poder y la fuerza del estado en beneficio del estado. Contra los enemigos del estado. No contra los enemigos personales. 

—¿Cuáles son los enemigos del estado? 

—La delincuencia. Ahí cuenta: la corrupción, los malos servidores públicos. Ellos son los enemigos del Estado. 

—Tú lograste rebasar a muchos personajes políticos que en algún momento estuvieron arriba de ti. ¿Cómo fue la relación con esa gente? ¿Cómo ha sido? A algunos de ellos seguramente les costó trabajo entender que los hayas rebasado. 

—No lo sé, pero lo que sí te puedo decir es que la vida me dio hasta la oportunidad de no competir. Bueno, sí competimos, porque fue una competencia para la designación interna. Por eso reitero que es cuando Dios dice, no cuando uno quiere. 

—Insisto: hubo gente con la que habías tratado en la primera legislatura —en la que fuiste diputado— que de pronto se vio rebasada por ti. 

—Pues yo siempre he tenido un trato de respeto hacia todos. A quien me respeta, lo respeto. A quien no me respeta, no le guardo rencor, pero tampoco tiene mi respeto ni mi amistad. Ahora estoy tratando de ser prudente. Es la función que le toca a uno en el estado 

—Todo eso también se aprende, ¿no? 

—Sí. Claro, claro… Y lo aprendes de muchos actores importantes y de políticos que marcan. Yo trato de ser alguien que absorba talento de todos los demás. Me gusta escucharlos, verlos, analizarlos. De todos aprendes. 

 

* 

 

—Hablas mucho de ‘soltar’, gobernador. Lo has venido diciendo en tus discursos. Hablas, por supuesto, de soltar la encomienda de gobernador. ¿Crees que el presidente López Obrador ya está empezando a soltar? 

—Sí, sí, sí. Es una de las cosas que hay que aprenderle: cómo suelta. Y la mejor forma de soltar es trayendo a la presidenta electa a sus giras. Eso es padrísimo. 

—¿En cada estado que visita suelta algo? 

—Así es. Y va entregando lo que es. 

—¿Y tú a la par de eso empiezas a soltar también? 

—Sí. Yo no me aferro al poder. Hay que adaptarse, hay que entenderlo. Porque deja muchas satisfacciones, pero también hay que entender que no es tuyo, que el poder emana del pueblo porque el pueblo es quien decide quién sí y quién no. Ese poder es prestado nada más para gobernar, para generar progreso. Pero tienes que respetar las decisiones y dejarlo ir. 

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