SpaceX, la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk, presentó ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) una solicitud para desplegar hasta un millón de satélites que funcionarían como Centros de Datos de Inteligencia Artificial alimentados con energía solar. El objetivo es trasladar parte de la infraestructura crítica de la IA a la órbita terrestre, reduciendo los costos energéticos y el impacto ambiental de los centros de datos en la Tierra, según información de Reuters.
El proyecto, autorizado preliminarmente por la FCC y abierto a comentarios públicos, prevé que los satélites operen entre 500 y 2.000 km de altitud, conectados mediante enlaces láser de alto ancho de banda y con inclinaciones orbitales sincrónicas con el sol de 30 grados. La red aprovecharía la exposición casi continua a la luz solar para funcionar con bajos costos de mantenimiento y una eficiencia energética transformadora. En lugar de sistemas tradicionales de refrigeración que consumen agua, el proyecto emplearía refrigeración radiativa, disipando calor directamente en el vacío espacial, lo que reduciría la huella ambiental.
Aunque el despliegue de un millón de satélites parece poco probable en el corto plazo —actualmente hay cerca de 15.000 satélites en órbita—, SpaceX suele solicitar autorizaciones superiores a sus planes inmediatos para ganar flexibilidad de diseño, como ocurrió con Starlink, que recibió permiso para 42.000 satélites y hoy opera alrededor de 9.500. La iniciativa se apoya además en Starship, el cohete totalmente reutilizable de próxima generación, que ya realizó 11 lanzamientos de prueba desde 2023 y que se espera utilizar este año para poner en órbita cargas clave que expandan la red espacial y las capacidades de inteligencia artificial de la compañía.
Este plan se desarrolla en un contexto de saturación creciente de la órbita baja, con casi 17.000 satélites según la ESA, sumando fragmentos de basura espacial que elevan el riesgo de colisiones y dificultan la observación astronómica. Otros actores, como Blue Origin y el gobierno chino, también avanzan en sus constelaciones de telecomunicaciones.
SpaceX defiende que los satélites solares orbitales constituyen una alternativa más sostenible y eficiente energéticamente que los centros terrestres, y que este proyecto podría representar un paso hacia una civilización tipo II según la escala de Kardashev, capaz de aprovechar toda la energía de una estrella.
La propuesta abre un debate sobre la sostenibilidad del espacio cercano a la Tierra, la regulación de nuevas constelaciones masivas y la futura infraestructura crítica para inteligencia artificial, que podría redefinir la conectividad global y el uso de energía en el planeta.

