La capital ucraniana amaneció devastada tras un masivo ataque ruso con drones y misiles que dejó al menos 21 muertos —entre ellos cuatro niños— y más de 50 heridos, de acuerdo con las autoridades locales. Se trata de uno de los bombardeos más intensos contra Kiev desde el inicio de la invasión en 2022.
El ejército ruso atacó durante la madrugada 33 sitios en los 10 distritos de la ciudad, incluidos edificios residenciales y oficinas de instituciones internacionales. Entre los inmuebles dañados figuran la sede de la misión de la Unión Europea en Kiev y las oficinas del British Council, lo que ha provocado una fuerte condena internacional.
Según el gobierno ucraniano, Rusia lanzó cerca de 600 drones y más de 30 misiles, de los cuales la defensa aérea logró interceptar la mayoría, aunque no evitó la destrucción ni las víctimas. El ataque también ocasionó apagones masivos, sobre todo en la región de Vinnytsia.
El presidente Volodímir Zelensky responsabilizó directamente al Kremlin de “apostar por la violencia en lugar de la diplomacia” y pidió a los aliados internacionales endurecer las sanciones contra Moscú. Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó la ofensiva como un “acto de horror” y anunció que la UE prepara nuevas medidas contra Rusia.
Este bombardeo llega en un momento en que las conversaciones de paz permanecen estancadas y consolida la percepción de que Moscú busca debilitar a Ucrania a través de la presión militar sobre su población civil y sus instituciones estratégicas.