Me despierto y lo primero que veo son unas hermosas orejitas peludas, son mis dos gatitas que duermen a mi lado, se levantan al unísono conmigo y obviamente me acompañan hasta el baño.
Voy a la cocina, me alegró al ver que mi orquídea floreció, me preparo un café y salgo al patio con la calidez de la taza entre mis manos; inhalo el peculiar aroma de la mañana, miró hacia arriba, el cielo es azul y el día pinta para ser soleado, bebo un primer sorbo de café, me pongo alerta y repaso en mi mente los pendientes de día.
¡Soy feliz¡ pienso. Después escuchó las noticias por la radio, los encabezados cotidianos: desapariciones, robos, violencia y más violencia, “mmm”, reflexiono ¿en verdad soy feliz?
El pasado veinte de marzo fue el Día Internacional de la Felicidad, una jornada establecida por la Asamblea de las Naciones Unidas que se celebra anualmente desde 2013, la festividad está encaminada en buscar incentivos que motiven a las personas a tener hábitos y costumbres que los acerquen a una versión más feliz de sí mismos.
Con motivo de esta conmemoración, como cada año, el Centro de Investigación Sobre Bienestar de la Universidad de Oxford (Inglaterra), publicó el Informe Mundial de la Felicidad (WHR, por sus siglas en inglés), en el que México pasó de estar en el lugar veinticinco al lugar diez, de los países más felices del mundo de entre ciento cuarenta y siete naciones.
¿Cómo es posible que en un país con una crisis de violencia e inseguridad tan grave como la que vive México, pueda aumentar en los índices de felicidad de la población? O, será que los otros países se volvieron infelices y subimos por defecto, como dicen por ahí, no es que corriera más rápido fue que los otros se tropezaron.
Bueno, hace falta precisar que dicho informe evalúa y clasifica la felicidad de los países, tomando en cuenta factores principalmente emocionales, como la forma que cada persona tiene de disfrutar un momento, de estar alegre y con esperanza o de sentirse animado; también, se evalúa que tan satisfechas están las personas con su vida. En resumen, la pregunta sería ¿En una escala del uno al diez que tan feliz está usted con su vida?
Partiendo de esto, resulta entonces que México está más satisfecho con la vida. Sin embargo, la interrogante sigue sobre la mesa. ¿Cómo podemos las personas mexicanas estar más satisfechas con la vida, si tenemos un país violento y frágil económicamente?
Quizá somos demasiado benevolentes al contestar encuestas o, nos da un poco de vergüenza, pero lo cierto es que, en general las y los mexicanos tenemos emociones positivas sobre todo cuando se trata de nuestras relaciones más cercanas, como familiares, parejas y amigos; de igual forma, nos sentimos más libres y con esperanza para decidir lo que queremos hacer de nuestras vidas.
Esto me parece maravilloso, pero, si ser pesimista creo que cuando consideramos que lo cercano está bien, lo lejano no nos afecta. Sí, puede que haya violencia y desesperanza en algún lugar pero si no me afecta a mí qué caso tiene que piense en ello
En este punto, me permito recurrir a las palabras del cantautor argentino León Gieco “Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente…” como una invitación sin importar creencias para que la indiferencia no sea un factor determinante para medir la satisfacción con nuestra vida, mejor hagamos que ser más felices sea una meta en común.