Miguel Ángel Andrade
1. El destrazadero
Pocas voces tan definidas e irremplazables existen en la poesía poblana como la de gabriela puente, si bien no es mucho decir dada la estrecha muestra literaria que compete a la ciudad, la afirmación cobra vigor y vigencia en la vida y obra de la autora de el destrazadero. Mordaz, irónica, rabiosa, lúdica y humorística, la poesía de gabriela es un alegato contra las apariencias y la presunción, una crítica a las buenas y respetables formas y, sobre todo, una maniobra del lenguaje que desarticula la ofensa y lo enciende con un destello de humor.
La obra de gabriela, más de una decena de libros y una novela autobiográfica inédita, parece venir de una pluma fácil y generosa, de un juego en serio con el lenguaje y con la vida. Nada más alejado, aunque irreverente y audaz al habla, gabriela sufría para escribir cada verso, tachaba, reescribía hasta encontrar, aún en el párrafo más pequeño, la forma requerida. Su estilo, su gramática o su poética, según se le quiera llamar, estaba siempre bajo sospecha de lo fácil, como si cualquiera pudiera escribir un poema a la gabriela puente. Sobra decir que su meditada espontaneidad no ha sido igualada hasta ahora.
Aunque ya escribía de mucho tiempo atrás y había participado en varios talleres y antologías, el destrazadero vino a reunir y a dar forma a una serie de poemas que lindan entre lo lúdico y lo profano, entre la carcajada y sonrisa reflexiva. Pocos saben de cómo y dónde surgió este libro. Puedo decir que comenzó en el taller del maestro Enrique de Jesús Pimentel —poeta y amigo— y culminó en una reunión para fundar un grupo que después sería una editorial cuya apuesta era imprimir poesía en papel estraza, el mismo de los tacos y las memelas.
La primera edición de el destrazadero se presentó en junio del 2004 la recién inaugurada Profética. Para entonces, Puebla era una ciudad levítica donde nos conocíamos todos los que entonces coqueteábamos con la literatura. Acompañada por los trazos de Judith Tiburcio, gabriela leyó con temor oculto su obra que nacía de la más refinada sinceridad. Ella fue siempre una poeta y una persona frontal, es decir, consciente y orgullosa de ser como era, no mostraba pudor ni recato para contar intrincadas historias de sus amoríos y excesos. Pero la hora de subirse a la mesa pública, dejaba atrás la máscara de rockstar y se complacía en compartir, en compartirse.
Aunque gabriela tomó muy en serio la consigna de Straza Ediciones de escribir como no nos era acostumbrado, me parece que ese ejercicio le valió para encontrar de manera definitiva el tono de sus poemas, ya fueran éstos amorosos, antipopulares o lúdicos. En la antesala de las escuelas y movimientos, gabriela hizo de la marginalidad su centro. Se instaló en la ironía hiriente, en el humor feraz, en las verdades incómodas que en estos tiempos son tan mal vistas y vilipendiadas. El destrazadero vino a rasgar las vestiduras conventuales de la poesía canónica poblana para mostrar en verso las contradicciones de la sociedad capitalina.
Tenemos en la poesía mexicana reciente algunos ejemplos de mordacidad: Isla de raíz amarga, insomne raíz de Jaime Reyes y El pobrecito Señor X de Ricardo Castillo. En la vieja guardia, Renato Leduc y Salvador Novo tenían un ingenio especial para la ofensa y la burla, ni qué decir del siglo xix donde las afrentas se cobraban en duelo y en verso. Parece que hoy en día domina un ambiente de priva lo políticamente correcto, a riesgo de ser sacrificado en las redes sociales, ya no es posible utilizar el lenguaje con humor corrosivo.
Gracias a los empeños de la Secretaría de Cultura, tenemos hoy una edición espejeada de dos libros puentísticos: el destrazadero y necrología. Ambos trazan un diálogo que va del humor a la muerte del ser, de la fiesta del lenguaje a la tumba del deseo, de los olores a tinta de la imprenta al aroma de ternura y melancolía de las flores de muerto. Deseamos que esta edición lleve la palabra de Gabriela puente a nuevos alientos para que conozcan su talento y su honestidad.
2. Taller en SOGEM
Conocí a gabriela puente allá por el año 2001, en el taller de poesía de la sogem que sucedía en una celda la antigua penitenciaría de San Javier, donde nos reunimos varios jóvenes —yo era un adolescente todavía— en torno a la figura del maestro Pimentel. Muy pronto el grupo se hizo compacto y tenaz, cada sesión era un espacio de crítica y honestidad poética, una posibilidad de crecimiento. Y ahí aparecía cada semana gabriela con sus rizos dorados y su mirada tierna, ofreciéndonos nuevos poemas y una notable evidencia de su crecimiento.
Desde entonces, escribió una interminable bitácora del mundo de los imposibles dedicada a las que no se enteraron, un espacio de poesía amorosa donde el deseo y los celos pendulan con la misma intensidad. Habrían de venir más poemas, más libros y, sobre todo, una amistad traspasada por el amor a la literatura y la poesía.
3. Straza ediciones
El 2004 fue un año de sucesos. Luego de 4 años de conocernos, escribir y leer juntos, ya nos sentíamos un grupo, y como todos los grupos siempre tienen nombre, dadas las circunstancias y la amplia variedad de personalidades, decidimos llamarnos Diverso, tanto por la diversidad que representábamos como por la consigna de decir poesía.
El 20 de abril se presentó poesía es magia corriente de Miguel Maldonado y el 24 de junio el destrazadero, de gabriela. Mas tarde, casi a fin de año, ¿estrés o es traza? de quien esto escribe. Años después se presentaría Si te vi, no me acuerdo de Isabel González. Se nos quedó en el tintero, o en la papelera, Una puerta, de Arturo Ordorika, un poemario cosmofilosófico sobre el acto de entrar y salir. Así pues, Straza derivó, gracias a Gabriela y Miguel Maldonado, en Destrazas Ediciones.
4. Necrología
Pero no todo fue desenfreno y regocijo, desde entonces asomaba en gabriela un hilito de angustia que teñía sus palabras de ausencia. Luego del furor y del entusiasmo, como ocurría en general con su vida, gabriela caía en la tristeza y la depresión. Así llegaron, tal vez, los tonos oscuros de necrología: “recomienza mi pequeña muerte”. Merecedor del Premio Interamericano de Poesía Navachiste en 2005, durante el festival en la playa sinaloense, celebramos con júbilo la noticia del premio de Gabriela en un atardecer mientras agotábamos el bochorno con latas de cerveza.
El libro se publicaría hasta el 2006 con un tiraje mínimo y una distribución menor, así que tuvo pocos lectores. Esto no impidió que gabriela organizara una de las presentaciones más audaces y emotivas de la poesía mexicana. La poeta llegó en ataúd hasta Profética con un séquito de plañideras enlutadas llorando su imagen. Una vez entrados todos, el ataúd fue depositado frente a la mesa de los presentadores y como un Lázaro dorado, gabriela se levantó para ocupar su lugar ante el asombro de los presentes. Cuando le preguntamos cómo había hecho para aguantar el viaje, nos mostró con sonrisa pícara una mamila cargada de vodka ;).
Así, desde las playas soleadas de Sinaloa y el emblemático patio de Profética donde yace la poeta gabriela puente, nos llega su necrología como reflejo del destrazadero para mostrar a los lectores dos caras de la misma moneda poética, pues “El perro se ha vestido de polvo / y me olvida.”
5. Carta para volvernos a ver
A cada tanto, ya sea cuando camino por el centro histórico de Puebla, cuando visito una cantina antigua o me viene a la memoria algún verso olvidado, extraño tu voz. No la voz de los poemas, estática y fijada, sino el aliento de tu voz, hablándome de tus últimas faenas amorosas, de tu lectura del momento o simplemente contando una aventura. Extraño las visitas a tu casa, tu sonrisa amorosa, la carcajada impredecible, la viva hoguera de tu cabello.
No recuerdo —últimamente no recuerdo nada del pasado mediato— nuestra última conversación, pero tengo muy clara una tarde que se convirtió en noche donde nos explayamos en el alcohol y la poesía. Tomábamos y leíamos todo cuanto el placer y la memoria nos dictaba. En algún momento, en mi búsqueda de poemas, recordé a Max Rojas. Entonces tus ojos se encendieron y recitaron verso a verso el poema X de El turno del aullante: “Caidal mi pinche extrañación vino de golpe/ a balbucir sepa qué tantas pendejadas…” Sólo pude quedarme callado ante la poderosa epifanía. El poema cobró su forma y apariencia total en tu voz y nos impuso el poderoso silencio de quienes escuchan una sentencia inapelable. Habíamos compartido el asombro y la admiración por la poesía viva.
Gracias, gabriela, por compartir la poesía y la vida con este serrano que llegó a en esta ciudad de piedra y silencio que te extraña tanto.