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viernes, agosto 12, 2022
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Prolegómenos para una “pinche señal”

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Y llegó la “pinche señal”.

Las encuestas de la semana pasada prendieron la alarma en los pasillos del poder. 

Nomás que ahora los suspirantes/as no son más que corcholatas.

Las corcholatas de alguien superior en la jerarquía del poder.

Y aparecerá Chac Mool y será el apocalipsis zombie.

Estarán los llamados y los que no fueron llamados se quedarán esperando. 

El partido es de las bases y las bases son los acarreados de los mítines.

Y la democracia no llegó. 

(Antes fue una tómbola hoy un banderazo de salida. El sexenio acaba, como dice José José, cuando inicia la sucesión.) 

Minotauros, cronopios, fifís trasvestidos de chairos, y chairos que se volvieron fifis, todas, todos, todes, vaticinan que serán ungidas o ungidos por el pueblo bueno. 

“Rock me, mama”.

 

Anuncio parroquial

Si usted forma parte de la administración pública y quiere promoverse para ser candidato a gobernador, ya puede hacerlo. 

Saque su traje de suspirante o de suspiranta.

Salude a todo mundo. 

Vaya, los fines de semana, o fuera de su horario laboral, a placearse: 

con los charros, los de las charrerías y los líderes charros, con las cámaras empresariales, con la Iglesia (que el poder celestial le dé su bendición en un desayuno con chocolate y churros, porque la santidad es la santidad), con los ambulantes, con los líderes de los mercados.

El funcionario deberá dejar su suburban prieta, algo que no hará, para placearse con el pueblo. 

La o el funcionario se subirá, por primera vez en su existencia de servidor público, al transporte público. Conocerá el metrobús, tomará un galgo del sur y se tomará una fotografía para las redes sociales. 

La funcionaria/funcionario degustará desayunos kilométricos donde saludará con su carita de fuchi a los acarreados en la colonia popular. 

(Perdón, fue el corrector, en donde dice “acarreados” debe decir “invitados”.)

El funcionario o funcionaria deberá aprenderse los nombres de las juntas auxiliares y de las poblaciones más alejadas de Sonata y de su mundo Angelópolis, para ahora, sí, verse del pueblo. 

El funcionario o funcionaria aceitará su cuenta de Facebook y su cuenta de Twitter. Abrirá una cuenta de Instagram y otra de TikTok para subir sus fotos comiéndose un tamal en un puesto callejero y sentirse, o por lo menos verse, del pueblo.

(Muévase tantito pa’llá. Una sonrisita. “Ya verá, nomás que gane. Nos va a ir muy bien a todos. Yo si soy diferente. No soy como los otros/as.”)

El funcionario o funcionaria le pasará lista en sus desayunos sabatinos en una colonia del sur de la ciudad a los trabajadores de su dependencia. Le echarán porras y le dirá a su particular: “Ya viste, sí podemos, ya nomás falta que levantemos un poquito en las encuestas. Me cae que sí remontaremos esos 20 puntos de desventaja”. O algo parecido. “Ya ves cómo si le caigo bien a la gente. ¿O qué? ¿A poco no se puede?”.

El voluntarismo como camino al poder es peor que una calle con baches. 

 

Pregunta de media-training

Cuando algún reportero le pregunte al suspirante o suspiranta, algo así, como:

¿Y usted quiere ser el próximo/la próxima gobernador/gobernadora?

El o ella pondrán responder:

“Lo que yo quiero es servir a Puebla. Yo soy un hombre/ o una mujer leal a mis convicciones. Yo conozco el estado como la palma de la mano.  Y será para mí un honor servir a los poblanos y a las poblanas.”

“¿Y me haré la liposucción?”, pregunta obligada del aspirante/a. 

Y a la frase anterior, seguramente el candidato o candidata responderán:

“Cuando el partido lo decida, pediré licencia. Y me dedicaré a escuchar a las poblanas y a los poblanos”.

“Yo he venido a servir a Puebla. Se han pronunciado los sectores del partido… ¡Ah, perdón! …”—un servicial ujier le habla al oído al ungido/ungida/ungide —. “El partido ya dio a conocer las encuestas. Y resultamos ganadores con un 90 por ciento de conocimiento en las encuestas. Le agradezco al partido.” 

 

Una corrección gramatical

Placearse.

El que no se placea no existe.

Del verbo, quiero-que-me-vean.

“Cho gusto, candidato.”

“Cho gusto, candidata.”

“Pos, échale la mano al licenciado.”

“Pos, échale la mano a la licenciada.”

(No es que antes no pudiera hacerlo sólo que ahora ya tiene el permiso de Casa Aguayo.) 

¿Cómo era la frase de los otros sexenios, “gobernador no pone gobernador”? ¿O sea, no tiene “corcholatas” preferidas?

¿Y a quien prefieres de candidato a Quentin Tarantino o a Winona Ryder?

 

Genealogía express del tapado

En otros sexenios, había otra frase clásica: “El que se mueve no sale en la foto”. 

Don Michel Foucault en un escenario distópico es Daniel Cosío Villegas.

“¡Ya llegó el candidato/a. Ya manda ese boletín! ¡Ya sube el tuit del candidato/a/e.”

El tapadismo es a la política mexicana como el machismo al sistema patriarcal. 

El tapado es al sistema político mexicano como el mariachi a la música ranchera.

El “tapado” es el otro, en una difícil paráfrasis sartreana. 

El “tapado” existe y respira. 

Sólo que ahora se ha maquillado en el juego de las encuestas. 

Las encuestas a modo son el nuevo dedo del poder para designar al siguiente. 

(Ya no se habla del sucesor sino del siguiente.) 

Ya no existen ni el Atlético Español ni los tiburones rojos del Veracruz ni Unión de Curtidores, pero sí persiste la lógica del poder priista: si el jefe político quiere, entonces quiere. Si el jefe político no quiere pues no quiere. El que manda no se equivoca. 

El “tapado” se destapa, pero no por mucho destaparse amanece más temprano. 

Y si no te llega “la pinche señal” no hay mensaje de Whatsapp que te redima. 

Las bases del partido no se equivocan. 

El pueblo bueno no se equivoca. 

 

Con música de la Boa, plis

El 2024 no será un día de campo para Morena.

La elección será como un partido entre (ya inexistente) Unión de Curtidores y el Milán, que los comentaristas pronuncian sin acento, así como “milan”. 

La oposición se esforzó por difuminarse y no entendió al electorado mexicano. 

Lo despreció y lo descalificó.

La oposición quiere un México sin mañaneras.  

Tampoco será una carnicería con la música de la “Boa”. 

La desaseada elección gubernamental del 2018 no volverá a repetirse. 

Puebla en el 2018 también vivió su fraude patriótico.

(La intimidación de los grupos de choque en las casillas, lanzando balas en las urnas el día de la elección, fue una escena digna de “Los Agachados”, el clásico de Rius.) 

 

Sobre el expartidazo y sus cuitas

El PRI va a navegar como un sobreviviente. 

Un naufrago con su chaleco salvavidas de la alianza opositora, pero tomándose del bote de Morena para llegar a puerto seguro. 

El PAN, o sea el PAN yunquista, va a jugar a buscar la gubernatura del estado, y a crear la illusio de que un gobernador panista llegará al poder en el 2024, pero en el fondo, su apuesta es una reelección aterciopelada. 

Movimiento Ciudadano esperará, como suele hacerlo, a los candidatos descontentos. Y lanzará las redes para nutrir sus listas electorales. 

 

Mini Larousse desilustrado

Pesimista: Pues ni el neoliberalismo se acabó ni las prácticas priistas desaparecieron. 

Optimista: Pues, ahora sí, el que quiera que levante la mano. 

Demócrata nihilista: Pues el que quiera pues que renuncie. Porque buscar una candidatura desde un cargo de funcionario produce inequidad. Que recorra los pueblos.

 

Lleve su estampita

Y llegaremos al 2024. 

(O por lo menos, así se espera.)

Y llegará Sarah O´Connor a vengar todos los agravios.

Y llegará Terminator. 

La sucesión en Puebla es como un apocalipsis zombie.

Como un capítulo de telenovela del canal de las Estrellas.

Como escena de teatro de Cachirulo con guion de Hugo Argüelles.

Ya lo dijo Marx en su 18 brumario, la historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa.

Que Hegel nos agarre confesados, con esta sucesión adelantada. 

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