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miércoles, marzo 11, 2026

Los enanos tienen un sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista

Los enanos tienen un sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista

Suelo recibir algunos compendios (qué palabra tan horrible) de las columnas y las primeras planas nacionales y locales.

Son un asco.

No todas.

Una buena parte de ellas.

Tienen la lógica de un elefante en la sala.

O de un jarrón chino colocado a la mitad del pasillo.

(Con el riesgo de que se rompa. El jarrón, no el pasillo).

Tengo la impresión de que diversos aspirantes a carniceros, metido a editores en jefe, contratan a choriceros profesionales para que maquilen los concentrados (otra horrible palabreja) de columnas y primeras planas.

Debo confesarlo: detesto que mis columnas aparezcan en esos bodrios.

Y es que los choriceros —asesorados por los matanceros— meten las columnas como embutidos sin respetar los guiños que todo columnista que se respete suele integrar en sus escritos.

Nada les importa.

Carecen del menor decir.

Incluso meten el título de la columna en el cogote del texto, quitándole así su sentido original.

Y qué decir de los subtítulos.

Corren la misma suerte.

Todo esto hace aparecer a los columnistas como imbéciles.

Siempre que me encuentro con compendios o concentrados de esta especie le ruego a la virgen de Juquilita que mis columnas no aparezcan ahí.

Es preferible el anonimato que el dudoso honor de aparecer como parte de esos embutidos.

Pongo un ejemplo:

La empresa (si se le puede llamar así) que maquila los compendios o concentrados de columnas y primeras planas para el Congreso del Estado de Puebla reúne todos los requisitos de ese museo del horror.

Se llama MediaCom.

De entrada, ha plagiado el nombre de una empresa (ésta sí) que vende servicios de internet.

No podía ser de otra manera.

Dicha empresa (mejor dicho: tendajón de embutidos) presenta las columnas como chorizos o longanizas intragables.

Para confirmar su mal gusto, usan una tipografía que también atenta contra el sentido común.

Y para rematar, montan en los embutidos (las inocentes columnas periodísticas) un logo circular con una letra “i”, cosa que complica todavía más la lectura.

Lo peor es que cobran por ese servicio.

Desde aquí les hago a los matanceros una atenta petición: no incluyan mis columnas en sus bodrios.

¡Par favaaar!

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