Eduardo Macip Zúñiga fue un hombre poderoso en el sexenio de Manuel Bartlett Díaz.
Ahí le tocó trabajar en el Proyecto Angelópolis, al lado de Jesús Hernández Torres, uno de los hombres fuertes del bartlismo.
Pronto adquirió las maneras sofisticadas de sus jefes, muy marcadas en el modito de caminar, la forma de hablar (lenta, parsimoniosa, con una voz mesurada y elegante, un poco gruesa), los casimires trazados al cuerpo por uno de los mejores sastres de Savile Row, las corbatas Bernini y Van Laack, y las camisas hechas a la medida —del mejor algodón egipcio— por un camisero de The Custom Shop, de Grant Avenue.
Con ellos, en particular con Hernández Torres, aprendió a beber Chablis Moutonne Grand Cru Monopole, de una añada caracterizada por un color dorado pálido y una nariz con aromas de cítricos, manzana verde y toques minerales.
No faltaban en esas mesas los whiskies de una sola malta y dos habanos clásicos: Cohiba y Davidoff.
Pero esos tiempos se fueron, y Lalo Macip cambió de amistades, pero no de gustos.
Tras otro buen sexenio al lado de Mario Marín, nuestro personaje tuvo que enfrentar la bilis de Rafael Moreno Valle —traducida en una carpeta de investigación de gran calado—, y se refugió en Orlando: la otra tierra de Disney.
Cosas de la vida: Moreno Valle lo persiguió y Tony Gali lo exoneró.
Esto le permitió volver a Puebla y a su extraordinary life.
El jueves 31 de octubre de 2019, Christian, su hijo, se casó por segunda vez.
Y lo hizo en el Campo Marte, utilizado para la práctica de deportes ecuestres y actos militares y de gobierno.
La novia no podía ser de mejor estilo: la activista y modelo Elena Larrea, amante de los caballos —en Atlixco fundó Cuacolandia (un albergue para equinos maltratados)—, y sobrina consentida de Germán Larrea Mota Velasco, poderosísimo dueño de Grupo México, la empresa minera más grande del país y la tercera productora de cobre más grande del mundo.
Ahí estuvo de lo más contento Eduardo Macip, quien siguió la fiesta días después, pero ahora en Acapulco, donde se casó uno de los hijos de uno de sus mejores amigos: Aarón Dychter Poltolarek.
El sábado de muertos, Lalo Macip y Dychter, ya relajados y bailados, se fueron a comer con sus familias muy quitados de la pena.
Christian Macip y Elena Larrea se divorciaron con los años —ella falleció en marzo de 2024—, y él se fue a vivir a España después de una temporada poblana en la que manejó las finanzas del partido político de Elba Esther Gordillo.
El diario español El Confidencial ha venido armando el rompecabezas en el que Christian Macip mantiene alianzas brutales con el empresario David Martínez, accionista y consejero de Banco Sabadell.
El 6 de marzo de 2023, el diario reveló que OHLA —antes OHL— volvía a poner en el mercado Centro Canalejas: “el complejo de viviendas de lujo, galería comercial, parking y hotel cinco estrellas de la cadena Four Seasons, tras el interior intento fallido de 2020. La constructora (…) ha recibido ya varias muestras de interés por este edificio, ubicado a pocos metros de la Puerta del Sol y cuya inversión inicial rondó los 525 millones de euros. Entre los candidatos se encuentran varios multimillonarios mexicanos, como David Martínez, quien se ha asociado con otro empresario con la misma procedencia, para invertir en el sector inmobiliario en España. Se trata de Christian Eduardo Macip Rodríguez, vinculado familiarmente al conglomerado de empresas Grupo México. Un holding propietario de varias minas de zinc, tercer mayor productor de cobre del mundo y que gestiona la mayor red ferroviaria de México, Ferromer, en alianza con Carlos Slim”.
Disculpe el hipócrita lector la larga y onerosa cita.
Macip, dice El Confidencial, tiene su cuartel general en el número 10 de la calle Velázquez, cerca de la Puerta de Alcalá, “donde se han instalado numerosos millonarios latinoamericanos”.
Tras la muerte de su padre, Christian, se dice, abordó un avión con destino a México para acudir a los funerales.
La duda mata: ¿llegó o no llegó?
Los más diversos rumores circulan al respecto.
Pero sólo son eso: rumores.
Y ya sabemos que esta palabra proviene del latín rumor, que significa: “Voz que corre entre el público”.
Aunque también tiene otro origen —muy estadunidense—, mismo que tiene que ver con “falsedad”.
¿La duda mata?
Sí.
Y mucho.
