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miércoles, julio 17, 2024

El poder no se cede ni cinco minutos

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El presidente López Obrador busca siempre generar analogías con el presidente Juárez.

Lo ha hecho en ocasiones emblemáticas como el Día del Trabajo, el Día de la Revolución y en sus informes de gobierno.

Sin embargo, el presidente al que más se parece —y no sólo por la austeridad— es a Ruiz Cortines.

Su crítica al pasado reciente y a la frivolidad los hermana, pero también el respeto a la investidura, la mesura republicana y los mensajes encriptados.

López Obrador hubiera estado encantado en írsele con todo —hasta con la lengua— al presidente Peña Nieto en la ceremonia de toma de protesta, tal y como lo hizo Ruiz Cortines con Miguel Alemán, a quien fustigó en su discurso señalándolo con el dedo índice.

AMLO no lo hizo así por una razón: porque si hubo un colaborador entusiasta para que la 4T arribara a Palacio Nacional, ése fue el citado expresidente.

Don Adolfo cambió el rumbo del poder presidencial desde el primer día, y acabó además con un modelo de negocios que beneficiaba hasta al propio yerno del “magistrado”, como se refería a Miguel Alemán desde Palacio Nacional.

“Ese magistrado es bueno para el turismo”, decía del expresidente viajero con especial sorna.

Como AMLO con Peña Nieto, tampoco lo metió a la cárcel.

El águila republicana que aconsejaba a Ruiz Cortines le aconsejó que no lo hiciera.

Una vez nombrado Adolfo López Mateos como candidato del PRI a sucederlo, don Adolfo le hizo un encargo: que ganara la contienda presidencial.

No le dio el poder desmedido por adelantado.

Incluso el paquete hacendario que envió a la Cámara de Diputados fue armado por él y sus colaboradores.

Nada tuvo que ver López Mateos con temas como el presupuesto y cosas similares.

Ya con el bastón de mando entregado a Claudia Sheinbaum, el presidente López Obrador le ha hecho un mismo encargo: que gane los comicios presidenciales.

En tanto, él sigue decidiendo en las partes torales del poder, lo que incluye el paquete hacendario y su sucesión en los otros ámbitos, tales como las candidaturas a las gubernaturas y las principales alcaldías, así como a la renovación del Congreso de la Unión, tanto en la Cámara Baja como en la Cámara Alta.

(El verbo suceder (de sucesión) se conjuga también en plural. La presidencia no sólo incluye al Palacio Nacional).

Don Adolfo fue un hombre meticuloso desde su primer día, y no permitió desviaciones en su proyecto nacional.

El presidente López Obrador comparte la misma meticulosidad sumada a una pasión republicana.

Don Adolfo no compartió el poder ni cinco minutos.

El actual huésped de Palacio Nacional baila el mismo danzón.

Cosa curiosa:

Ruiz Cortines nació en Veracruz.

López Obrador, en Tepetitlán, Tabasco, aunque también se considera veracruzano debido a que su padre es originario de ese estado.

Como buenos veracruzanos, a ambos también los cautivó desde jóvenes un deporte: el beisbol.

Y una gracia: un sentido del humor muy socarrón.

La siguiente anécdota, narrada en un artículo publicado en Excélsior por José Elías Romero Apis, es un retrato fiel de ese humor:

“Adolfo Ruiz Cortines amaneció de muy buen humor. A eso de las 7.30 llamó al Regente de la Ciudad, Ernesto P. Uruchurtu. “—Buenos días, Ernesto. me levanté con los periódicos y me llevé la sorpresa de lo de López Mateos. Cuánta razón tenía usted cuando le vio posibilidades… y yo que nunca le creía a usted.

“Uruchurtu sabía que el Presidente era de ironías y guasas y le siguió la corriente.

“—-Para que vea usted, Señor Presidente, que los yaquis sabemos adivinar el futuro».

“—Ya lo veo, Ernesto. En cambio, los veracruzanos somos medio pendejos. Bueno, lo dejo porque viene López Mateos a desayunar conmigo y no quiero que me espere sino que yo lo esperaré en la puerta.”

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