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jueves, junio 20, 2024

El peso devaluado, el cogote de la oveja y el aullido del lobo

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Pasó una semana, y parece que pasó un año.

Las elecciones del 2 de junio le dieron una mayoría brutal a Morena en todos los ámbitos.

Los derrotados no apuntaron las placas del tráiler que los arrolló.

Como en el corrido mexicano que cantaba José Revueltas en Lecumberri, muchos candidatos corrieron —sin cabeza y sin brazos— entre alaridos.

Primero fue el caos.

Luego una polvareda.

Al final surgió el silencio.

Cómo no recordar una frase de Benjamin Franklin que tiene que ver con las elecciones:

“La democracia son dos lobos y una oveja votando para ver qué comen”.

El final es previsible:

Los dos lobos tendrán mayoría para cortarle el cogote a la oveja y cocinarla.

La duda que mata es una:

¿La cocerán a la griega o harán con su carne un estofado?

Los lobos tienen la mayoría calificada como para aprobar de inmediato que la oveja sea pasada por las armas.

Pero en la cultura política democrática se imponen nuevos protocolos.

Por ejemplo: generar los más diversos foros de consulta para definir el destino de la oveja.

A dichos ejercicios sería convocada la mismísima oveja para escuchar sus argumentos (tiernos balidos).

Los lobos, por su parte, también esgrimirán los suyos, que datan de la época en la que las ovejas solían ser parte de su cena, y nadie se horrorizaba.

Lo políticamente correcto culminará, después de meses, en una decisión democrática que tiene que ver con la frase de Franklin: “La democracia son dos lobos y una oveja votando para ver qué comen”.

En consecuencia: los mercados no reaccionarán con violencia y el peso se mantendrá estable.

Todos estarán contentos —salvo la oveja—, pero nadie podrá acusar a los lobos de ser autoritarios y antidemocráticos.

Nadie…

Ni la oveja.

La otra ruta es francamente brutal:

Los dos lobos apresuran el protocolo y votan, de un día para el otro, la moción que tiene como víctima a la oveja.

Con un golpe seco de mazo en la cabeza culminan el proceso.

En este contexto, los mercados reaccionan con violencia y el peso se desfonda.

Las consecuencias en la economía serán previsibles.

En el país, dos lobos han cambiado de opinión en los últimos días.

Los diputados Noroña y Mier declararon, por su lado, que el pueblo le había dado a su partido el aval para sacrificar a la oveja en septiembre próximo, una vez instalada la nueva legislatura.

El diputado Mier lo dijo al medio día del jueves en el Senado mexicano.

Y cuando lo hizo, el diputado Noroña asintió con la cabeza.

Sólo un lobo se sorprendió ligeramente ante la aseveración del diputado Mier: el senador Monreal.

En ese mismo momento, el peso empezó a devaluarse a una velocidad inédita.

Entonces vino la operación ‘salvemos a la oveja’.

Y, en consecuencia, los diputados Mier y Noroña recularon con particular enjundia.

El mensaje oficial tiene dos lados:

El lado A insiste en que la oveja debe ser sacrificada a partir del primer minuto de septiembre.

El lado B plantea que debe haber un parlamento abierto —cuajado de consultas y protocolos— para definir qué se hace con el cogote vacuno.

Todos estamos a la expectativa de lo que sucederá.

Los días que corren serán cruciales.

Nadie duda que la oveja morirá al final de esta trama.

Lo que no se sabe es el ‘cómo’ y el ‘cuándo’.

Y en ese interregno estamos metidos todos: lobos, ovejas y espectadores.

 

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