Hay algunos personajes (el senador Noroña, entre otros) que han normalizado la violencia en este país, y que descansaron cuando García Harfuch dijo que en el rancho Izaguirre no había un campo de exterminio.
Textualmente, el secretario de Seguridad Pública federal reveló que, según testimonios del comandante Lastra, en ese lugar había un campo de adiestramiento donde golpeaban, torturaban y asesinaban a quienes se resistían a participar en la Escuelita del Crimen.
Ah, bueno, menos mal, dijeron estos personajes: ¡pero no era un campo de exterminio! (“Todo fue un montaje de las Madres Buscadoras”).
(Menos mal).
Un campo de adiestramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación —que incluye en su menú de degustación las materias “Machetazos 1”, “Tortura 3” y “Extorsión 4”— no es nada del otro mundo.
No hay razón para alarmarse.
“No era un campo de exterminio al estilo Auschwitz”, argumentó un influencer.
(Ufff, qué alivio).
Era sólo un campo de adiestramiento de los narcos.
¿Y cómo son las clases en esa Escuelita del Crimen?
Normales: los profesores enseñan y los alumnos obedecen.
Y hacen sus tareas.
Las clases incluyen las técnicas más sofisticadas para ‘pozolear’ a las víctimas, para cortarles el cogote y las extremidades con una motosierra, y para amansarlos a punta de machetazos —como el niño Karim, de Hermosillo, Sonora, quien aparece en un video reciente golpeando con un machete a otro niño en el contexto de una orgía de gritos, sangre y lamentos.
(El video que circula en Twitter es más aterrador porque los protagonistas son dos niños de aproximadamente doce años y porque la saña de Karim, el verdugo, es brutal).
Así son los campos de adiestramiento de los narcos.
(Ah, bueno, pero no es un campo de exterminio).
Una vez normalizada la violencia no hay nada más que normalizar.
(Qué descanso).
Valsequillo: El despojo. Algo huele mal cuando un millonario aparece como ‘ejidatario’ en algún documento oficial, relacionado con la compra de un predio.
Pero ésa es la historia de este país.
Muchas fortunas han crecido desmesuradamente en contextos como ése.
Y muchos ejidatarios han perdido sus tierras en consecuencia.
Tres suelen ser los personajes cruciales de la trama: un comisariado ejidal voraz, un depredador educado en el arte de aceitar hocicos y un solícito notario.
Valsequillo es un buen ejemplo de lo anterior.
El gobernador Alejandro Armenta acaba de levantar una piedra bajo la cual habitan gusanos —de las más diversas especies—, fango y humedad.
Este martes, en la zona de Valsequillo, anunció que iniciará una investigación —con el auxilio de diversas instituciones relacionadas con la tenencia de la tierra— para detectar las compras irregulares de predios.
Valsequillo fue durante años ‘tierra de nadie’.
(Mejor dicho: ‘tierra de muy pocos’).
La cruzada anunciada por el gobernador Armenta abrirá, ufff, inéditos, brutales, escenarios.