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martes, febrero 3, 2026

¿A qué viene a Puebla Adán Augusto?

¿A qué viene a Puebla Adán Augusto?

Adán Augusto está enojado, resentido, frustrado.

Alguien le acaba de aventar una copa de whisky en el rostro.

(Un whisky barato, delgado, sin malta generosa).

En esas condiciones, y luego de asegurar que de su salida de la Coordinación de Morena en el Senado habló con quien tenía que hablar, anunció que iría a la Cuarta Circunscripción a hacer territorio, eufemismo para decir que se ocupará de sacar a los candidatos de su partido en vías de la elección de 2027.

En la Cuarta Circunscripción, por cierto, están Puebla y la Ciudad de México.

¿Qué hará un coordinador en estado de defenestración en un ejercicio de esa naturaleza?

¿Qué tipo de intereses vendrán con él?

¿Con qué estado de ánimo promoverá el voto en favor de su movimiento?

Está enojado, sí, resentido: visiblemente frustrado.

Con todos esos karmas —y con su mala fama pública— llamará a votar por el “no robar, no mentir, no traicionar”.

Por cierto: cuando le preguntaron que si había hablado con la presidenta Sheinbaum de su salida, se concretó a decir —con una mirada de águila caída— que había hablado con quien tenía que hablar.

¿Hay servicio de WhatsApp en Palenque?

Nota bene: Blanca Heredia, espléndida analista política que participa en La Hora de Opinar, reveló este lunes que Adán Augusto López Hernández mandó investigar a Omar García Harfuch (por la trama de Ayotzinapa) cuando fue secretario de Gobernación.

En reciprocidad, Harfuch lo investigó en dos brutales tramas: la de la Barredora y la de sus elevados ingresos económicos.

En esta guerra de pesos pesados, uno se desinfló

Por lo pronto.

Aunque, en palabras del propio Adán Augusto, no hay que olvidar que “a todo santo le llega su capillita”, lo que en buen tabasqueño significa “nos vemos en el infierno, gángster”.

 

Regreso a casa. El arquitecto José Luis Ramírez Mantilla construyó el Cereso de mediana seguridad de Tepexi en sus tiempos de subsecretario de la SEDURBECOP, cuando su amigo Melquiades Morales era gobernador de Puebla.

Federico Bautista, titular de esa Secretaría, le puso los obstáculos de rigor.

También lo hizo Rafael Moreno Valle, secretario de Finanzas.

Sólo la intervención del gobernador logró que el proyecto del arquitecto se concretara.

Su siguiente parada en ese sexenio fue el Capce, a donde su amigo lo envió a limpiar el cochinero.

Así lo hizo.

Y se ganó el reconocimiento, una vez más, de don Melquiades.

En esa época (últimos años del sexenio), Mario Marín Torres le pidió que intercediera con el gobernador para que le aprobaran sus cuentas públicas pendientes de su paso como presidente municipal de Puebla, aduana indispensable para lograr la candidatura a la gubernatura.

Don José Luis habló con el gobernador y logró que éste recibiera a Mario Marín en Casa Puebla en el contexto de una cena.

Esa noche, don Melquiades se comprometió con quien sería su sucesor a que liberaría esa aduana.

Marín le agradeció al arquitecto la brutal intervención y le aseguró que tendría un espacio en su gobierno.

No fue así.

Pero el arquitecto siguió metido en sus proyectos profesionales y no generó agravios.

Luego de mucho tiempo de estar lejos de los reflectores, hoy está de regreso.

Y busca ser el presidente de la CMIC: la cámara de los constructores.

No va solo.

Un grupo de profesionistas serios y de buen nombre lo acompaña en la planilla.

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