Hace buenas décadas la gente de los barrios y colonias de Santiago, Volcanes y Belisario Domínguez entre otras, acostumbraban a ir a la ribera del río Atoyac, por la parte de la Noria, porque por ahí se podía bajar y había más espacios de tierra. Y llegaban algunas familias los domingos con sus hijos, para que pudieran jugar y por la tarde regresaban a sus casas, porque no les quedaba lejos, mientras que los jóvenes lo hacían cualquier día o cuando se iban de “pinta” en sus escuelas.
Aquellos tiempos, fueron buenos, porque además había algunas cuevas pequeñas en su dimensión y sirvieron para las aventuras. Obvio, que eso paso, cuando el afluente fue limpio y hasta se podían ver algunos pececillos pequeños (charalillos).
Sin embargo, al paso de los años, por el crecimiento de la ciudad, así como la instalación de pequeñas empresas y muchos otros negocios, hicieron que la contaminación creciera muy rápido y con mucha fuerza. Además, los drenajes se multiplicaron y sus descargas empezaron aparecer por toda la ruta por donde corre el rio.
Así, las familias y los jóvenes se vieron obligados a dejar sus paseos dominicales por las riberas del Atoyac. Era imposible, poder estar ahí, su contaminación y sus aguas negras y de otros colores, además de sus olores fétidos, convirtieron al lugar en una zona peligrosa para la salud pública.
Después empezaron aparecer por el sur de la ciudad, un crecimiento descomunal de inversiones inmobiliarias en toda la zona de Angelópolis. Grandes fraccionamientos y muchas plazas comerciales, que han contribuido al desastre ambiental del lugar.
Por supuesto que las autoridades municipales jamás previeron o pudieron evitar que esta situación contribuyera a la crisis del río. Fueron rebasadas, por el consentimiento para entregar permisos del uso del suelo y por los ingresos y la corrupción que han generado este crecimiento urbano desordenado.
Tan es así, que hoy el cauce del Atoyac divide a una parte de la población del sur de la ciudad, por un lado, están las grandes residencias y sus edificios de lujo, comparados con pequeños fraccionamientos populares que están frente a ellos, como la Hacienda de Santa Clara. Y lo único que los une, son los olores nauseabundos que todo el tiempo atrapan a todos los habitantes.
Diferentes administraciones estatales y municipales han pasado, comprometiéndose a salvar al río. Se han invertido recursos, ha habido todo tipo de alternativas y pocas han ayudado a mitigar el gran daño provocado a este afluente.
Retomando algunos datos de la organización no gubernamental “Defensa Ambiental AC”, en donde dan a conocer lo siguiente: Según el diagnóstico del “Plan Nacional Hídrico, detecto cargas directas domiciliarias clandestinas e industriales a lo largo de 70 municipios de Puebla y Tlaxcala.
Hallaron 566 descargas contaminantes, cuatro municipios poblanos registraron descargas tras seis kilómetros de agua cristalina. La supervisión ubico: 269 tiraderos en las riberas. Más 9,882 hectáreas deforestadas y 230 invasiones de zona federal.
Para 2025 se presupuestaron 234 millones de pesos, en obra pública para Colectores sanitarios, desazolve y reforestación para la recarga de acuíferos. Las primeras obras buscan eliminar “210 descargas directas”: PTAR Juárez -Coronango, 13 kilómetros de colectores y supervisión técnica en el municipio de Tlalancaleca.
El proyecto abarca 208 kilómetros; se reporta una meta de 30 km saneados y diagnósticos completos en 10 municipios. Las autoridades piden a empresas regularizar su situación antes de octubre del 2026; priorizan reducir la contaminación orgánica y cerrar descargas ilegales.
Señalan que el seguimiento ciudadano es clave, para la transparencia, monitoreo y sanciones. “Exige datos abiertos y participación comunitaria: metro a metro hasta Valsequillo completo y resultados”. Piden etiquetar al gobierno de Puebla y Conagua, para que publiquen resultados y muestren evidencias del Plan Rector 2018.
Por su parte el gobierno estatal en días recientes y con la presencia de funcionarios federales encargados del rescate del Río Atoyac, también siguen en su tarea de lograr hasta lo imposible, para regenerar el daño hecho. Dieron a conocer los trabajos que se están llevando a cabo y la construcción de colectores y biodigestores.
Una buena decisión es la de construir andadores y zonas para el turismo ambiental, lo que ayer sucedía.
Finalmente, para el estado y la ciudad, el rescate del río Atoyac, debe ser una prioridad estratégica, para sanarlo y devolverle su salud. Lo mismo debe ser, con el rescate del Paseo Bravo y otros, estas acciones ayudaran a reconstruir una parte del ecosistema ambiental en beneficio de la sociedad. Las generaciones venideras lo agradecerán.

