Primero que nada, habrá que ponerse del lado de los usuarios y de quienes utilizamos el transporte público de manera diaria en la ciudad para poder llevar a cabo todas y cada una de nuestras actividades de trabajo y cotidianas.
Como ejemplo de caso, diría que las familias que tienen hijos en primaria, secundaria o bachillerato batallan todos los días con el transporte público. Se tienen que levantar de lunes a viernes a las cinco o seis de la mañana para preparar a sus hijos y salir de sus casas a la parada de los microbuses o combis y esperar para abordarlos. Si bien les va y los toman cerca de sus bases, aún llegan vacíos, si no, su peregrinar es más pesado, puesto que pasan llenos y en muchas de las veces tienen que esperar a otros.
Además, con las prisas para poder llegar a tiempo a las escuelas y el peligro de ir a veces en los estribos, porque llevan sobre cupo y con choferes que manejan de manera brutal. Se pasan los altos y bajan al pasaje en donde quieren, estos cafres, jamás respetan a los usuarios, primero les interesa sacar la cuenta de manera temprana para cumplir con el pago al permisionario, que diariamente recibe su paga.
En lo económico y aún con el descuento de estudiantes, una familia tiene que gastar alrededor de 35 pesos diarios por dos hijos y a la semana más de los 150 pesos. Bajo condiciones de un transporte público deficiente, malo y sucio, con rutas mal trazadas y además con el peligro de ser asaltados por la delincuencia.
En donde la mayoría de los micros y combis, tienen
asientos en mal estado, con pasamanos tronados y sin
ninguna seguridad para los pasajeros. Mucho menos para
las personas de la tercera edad, discapacitados o ciegos.
Peor aún, también lo sufren los demás grupos de usuarios
que salen a trabajar, tanto mujeres como hombres, quienes
lo hacen en horarios diferentes. Pero en iguales situaciones
que los primeros, con sobrecupo y peligros diarios.
Este sector social de trabajadores y empleados deben pagar sus 8.50 pesos de pasaje.
Para medio ubicar el problema que representa el transporte público en la ciudad, diremos que existen más de 270 rutas, con un parque vehicular que llega a las cinco mil 300 unidades. De las cuales unas 3 mil 500 tienen de 10 a 20 años de uso y representan el 70 por ciento, el resto está compuesto por combis o vans que también llevan cerca de 10 años de servicio.
Seis de cada 10 unidades, no cumplen con las necesidades de transportación pública y deberían ser retiradas.
Más de 250 mil personas de la ciudad se trasladan a
diario hacia el centro de la ciudad, para trabajar y hacer
diversas actividades. Tres de cada cuatro personas usan
diariamente el transporte público y solo 1.1 por ciento
tienen cámaras de vigilancia.
Solo 30 por ciento tienen seguro por accidentes y los
pasajeros quedan a la deriva cuando sufren por algún
percance de tránsito.
Por otro lado, la Secretaría de Movilidad, en sus últimos
datos, señala que hay 24 mil 800 unidades de transporte
público en el estado, hoy debe haber más, compuesto por
autobuses, microbuses y combis, en donde 43 por ciento
son combis, 33 por ciento microbuses y 24 por ciento de
autobuses, predominan los vehículos de baja capacidad,
que en los hechos son los más peligrosos.
Sobre el servicio de transportación pública, conocido como Ruta, este cuenta con tres líneas y de acuerdo con el INEGI, movió 8 millones 612 mil 370 personas en la ciudad y la zona metropolitana durante los primeros meses y hasta mayo de 2024, lo que significó un aumento de 7.7 por ciento, con 613 mil 640 pasajeros nuevos.
Tiene 312 unidades compuesta por vagones y camiones en sus líneas troncales y presta servicio de lunes a domingo y días festivos. Ahora hay que sumar a la línea 4, que recorrerá del Periférico Ecológico, para conectar a los municipios de San Pedro Cholula, San Andrés Cholula, Coronango, Cuautlancingo y Amozoc.
De las tres primeras líneas, la 2 muestra más desgaste y su servicio empieza a ser deficiente y se satura. Corre del sur hacía la diagonal, para después retomar a la CAPU. Es la que transporta más usuarios, en las horas pico de escuela y trabajo, se saturan, sus tiempos de transportación son irregulares, sus vagones están sucios y en mal estado.
Las ventanas atoradas y en tiempos de climas extremos no se pueden abrir o cerrar.
Los aparatos de recargas para tarjetas de pasaje siempre están descompuestos, la gente no respeta los lugares para las personas de la tercera edad y con discapacidades.
Los tiempos de accenso y descenso están mal calibrados y producen accidentes. Sus protocolos de vigilancia e información para uso de este servicio son malos, en sus vagones hay robos y acoso sexual a las estudiantes y mujeres.
El pago normal es de 7.50 pesos y después otros cinco pesos para abordar las líneas troncales. O sea que se pagan 12.50 de pasaje completo en la Ruta, por lo que resulta caro para las familias pobres y de escasos recursos económicos.
Nuestra ciudad tiene grandes problemas de movilidad urbana, un requisito fundamental para las grandes capitales como la nuestra. Y sin un servicio de transportación pública bueno, digno y moderno, jamás se podrán cumplir con los estándares de las metrópolis modernas y conectadas. Así como para reducir el uso de los vehículos y evitar más daño al medio ambiente.
El llamado del gobernador electo, Alejandro Armenta, para analizar de fondo este asunto del transporte público, es bueno. Porque las relaciones del gobierno con los permisionarios están viciadas de origen y se requieren nuevos mecanismos de dialogo para enfrentar el problema del alza al pasaje.
Es obvio, como lo ha planteado, que se requiere hacer un diagnóstico de fondo sobre el transporte público y transparentar todo. Esto implica a todos: permisionarios, organizaciones políticas que controlan transportistas, grupos de presión, taxistas, vehículos piratas y por supuesto a la empresa que maneja las cuatro líneas de Ruta.
Concusión: El asunto del transporte público en la ciudad y el estado es multifactorial y requiere de cirugía mayor.
Si se busca hacer gobierno más humano y moderno, lo fundamental es la gente que en su mayoría hace uso del transporte púbico. Junto con lo anterior, es necesario poner en práctica estrategias que garanticen la movilidad urbana en la ciudad y hacer reformas necesarias a la actual Ley de Transporte y otras más.