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domingo, abril 21, 2024

Ella y yo

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De los cinco a los diez años inventé que tenía una gemela, con el único propósito de zafarme de ciertos deberes y así poder dar otra cara a la gente que me parecía indeseable. A mi gemela la bauticé como Andrea. Ella era la mala de la historia: la que decía groserías, la que mentía, la que era capaz de confrontar a un adulto mientras hacía antesala en espera de que mi papá saliera a recibirlo…

Desde muy temprana edad tuve una clara consciencia, no del mal, pero sí de la malicia: ese elemento que muchas veces te salva la vida.

Andrea era maliciosa, desobediente, contestataria. Fuerte.

Alejandra, en cambio, siempre actúo con sigilo y cautela. Con más cabeza que tripa. Escuchó todos los pleitos de sus padres detrás de la puerta sin intervenir jamás, y detenía a Andrea en medio de ese trance; porque Andrea sí hubiera sido capaz de darle una patada a la puerta para ver qué carajos pasaba allí dentro. Ale siempre fue chillona y cobarde con el dolor y la oscuridad.

Mis dos personalidades no han sobrevivido mucho tiempo juntas.

Alejandra ha abrumado a Andrea, pero desde hace un par de semanas ha dado señales de querer aparecer de nuevo para no marcharse.

Pero no es la misma Andrea. Es una renovada: menos ígnea. Más cautelosa, pero igual de valiente de como la recuerdo en la infancia.

Salió de mis entrañas en una sala de hospital. Es como si la hubiera parido de nuevo. Ahora desde un cuerpo sin útero.

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