El director mexicano Guillermo del Toro deslumbró en el Festival Internacional de Cine de Venecia con la presentación de su esperado proyecto Frankenstein, una versión que, lejos de centrarse en el terror, busca explorar la condición humana y la relación entre creador y criatura.
Del Toro explicó que su objetivo fue construir una cinta profundamente emocional y humanista, más interesada en los dilemas éticos y afectivos que en el horror tradicional asociado al personaje de Mary Shelley. Para ello, apostó por decorados físicos y un enfoque artesanal, alejándose del abuso de efectos digitales que domina gran parte de la industria.
La cinta ha despertado gran expectación no solo por la visión autoral del cineasta, sino también por su elenco y por la promesa de mostrar un Frankenstein que dialogue con la actualidad sin recurrir a metáforas fáciles.
Durante la conferencia, algunos periodistas sugirieron leer la obra como una alegoría de la inteligencia artificial. Del Toro descartó esa interpretación y, con ironía, declaró: “No tengo miedo de la IA. Tengo miedo de la estupidez natural, que es mucho más abundante”.
Con esta declaración, el director dejó claro que su interés no está en la tecnología como amenaza, sino en la reflexión sobre la responsabilidad y humanidad que, en su visión, son el corazón de la historia de Shelley y de su nueva adaptación.