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jueves, abril 25, 2024

Una friolenta tarde llego al kiosco de Xicotepec

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Entablo conversación con Juanito, lo conocí hace ya muchos años, llego de San Pablito Pahuatlán, es un maestro del arte popular en la confección de diferentes artículos elaborados a base de chaquira, esta chaquira que ellos utilizan es diferente a la de los artesanos de Nayarit, en la plática voy recorriendo la forma tan profesional de ir enlazando cada una de ellas en una aguja de las llamadas laneras y engarzándolas de diferentes tonalidades para que finalmente construyan grecas vistosas para los turistas que llegan hasta este lugar. Lo conocí con su pareja, juntos recorrían las distintas ferias artesanales que se hacían en la República mexicana, primero llevados de la mano del extinto Instituto de Artesanías e Industrias Populares, cuya directora, Marina Blanco, gestionaba ante el gobierno del estado para que el costo del transporte y estancia en los diferentes sitios no les costara y el producto de la venta de sus artesanías sirvieran para llevar el sustento a sus familias. 

La esposa de Juanito falleció hace ya más de 12 meses y él se quedó a seguir a la dinámica que traían. Acude a Xicotepec los días jueves, viernes, sábado y domingo. Lunes, martes y miércoles regresa a su tierra natal. Al relatar el deceso de su esposa, unas lágrimas escurren en su arrugado rostro —está cerca de cumplir 80 años— y dice que él sufrió mucho por la perdida y que algunos dicen que la mujer no sirve para nada, él defiende el género y les mienta la madre porque la pareja no solo te sirve para que te den de comer, es tu compañera, es tu aliada, es todo. 

Sus hijos se lo quieren llevar a Estados Unidos, donde ya hemos señalado en otros espacios hay miles de personas de San Pablito en Carolina del Norte. Es más —recalca— mi nieto mayor que es gringo y está por titularse de doctor dice que me tramita pasaporte, visa y todo lo que haga falta. Yo le digo que no, que el avión se va a caer y te llamabas. Que aquí le toco vivir, parafraseando a la finada Cristina Pacheco.  

En su tierra ha visto como llegan extranjeros a conocer de su artesanía, pero más atraídos por el chamanismo. Relata como un estudiante de medicina japonés estuvo viviendo por un año en el cerro en una tienda de campaña, comiendo animales de monte, víbora, armadillo, tejón, etc. Y bajaba a verlo cada mes. Después de su servicio retorno a su país natal. A los seis meses vinieron sus papás a agradecerle y su estancia duró una semana, comían frijol y tortillas y se bañaban a jicarazos. 

La zona está cubierta por un gran misticismo. No en balde Alfonso Margarito, el brujo mayo de este lugar, estuvo sentado en el presídium junto al gobernador del estado en su reciente visita a Pahuatlán. 

Ya anochece y empezará a blindar su puesto de chaquira con un nailon grueso negro y atado con lazo. 

Nos despedimos y me coloca una pulsera de chaquira. Llévatela, esta es de hombre. 

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