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domingo, julio 3, 2022
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“Las ideas pueden envejecer”

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Martes de Carnaval en la Sierra 

Segunda Parte 

 

Hace unas semanas hablábamos de una de las prácticas culturales más importantes para la comunidad de Cuacuila. Adelantamos los estudios realizados sobre la ritualidad del Martes de Carnaval. 

Para continuar con el tema se debe comprender que los cambios en la indumentaria tradicional son una prueba tangible del proceso de aculturación y sincretismo con una intimidad recóndita, se manifiesta en las ritualidades.  

Ante dichos procesos de aculturación se ha demostrado la capacidad de los pueblos indígenas para recrearse, reinventarse, reinterpretarse, repensar su verdad, como menciona Edurardo Nicol en La primera teoría de la praxis: “Lo que hagan los hombres con la verdad, no la altera a ella, sino a ellos mismos”. 

El desarrollo de estas actividades que son parte de la religiosidad de la cosmovisión nahua. “Dicen que en el carnaval el diablo anda suelto” y que justamente esos días, “los vientos” pueden meterse en los cuerpos que salgan a determinadas horas del día a realizar sus actividades cotidianas, puede provocar: un evento malo, alguna enfermedad o un accidente. 

Este pensamiento es parte de la forma en que la cosmovisión se reinterpreta a sí misma, le da sentido a su propia existencia, su creencia por encima de la teorización de su cultura, en el acto, en la práctica o en la materialización de la ritualidad se genera una producción de su existir. 

Ningún individuo puede ser capaz de describir la naturaleza con absoluta imparcialidad; es evidente que la sociedad genera cierta presión que obliga al individuo a utilizar determinados modos de interpretación. En pocas palabras, los códigos culturales pueden ser leídos sólo por la cultura que los lleva a cabo. 

Entonces, dentro del universo nahua, como menciona René Esteban Trinidad: “los yehyecame son los aires que se impregnan en la ropa y se introducen en la cabeza de los seres humanos alterando su conducta y transgrediendo las normas colectivas”. 

En este caso, el martes de Carnaval visto como una expresión en la praxis: La práctica genera divergencias en el propio análisis del mundo, por eso en Huauchinango, la ciudad, no se puede comprender en su totalidad la práctica cultural de “la descabezada”. 

Evidentemente hay una crisis existencial y en lugares tan cercanos como Huauchinango y Cuacuila no se puede comprender en su totalidad el simbolismo cultural que le da sentido a la existencia de una cultura.  

En suma, como menciona Eduardo Nicol, “las ideas pueden envejecer”, pero los cambios generan cierta satisfacción, entonces el hecho de que se prohíba “la descabezada” del carnaval para los grupos nahuas de Huauchinango, pone de manifiesto el etnocidio al cual siguen enfrentándose las culturas de nuestro continente.  

Un punto también importante es que, la lengua debe entenderse como un medio de cohesión cultural, los nahuas le llaman yehyecame a los cuatro vientos que la cosmovisión interpreta como entidad animada. 

En uno de sus párrafos Esteban Trinidad menciona: “… las causas de los contratiempos en el carnaval están relacionadas con las transgresiones a las normas colectivas y la cosmovisión. Los nahuas señalan que no trabajar en el martes de carnaval, no tocar herramientas agrícolas, ni lavar en el río es parte de los acuerdos comunitarios”. 

Estas “transgresiones a las normas colectivas” y su relación con los contratiempos en el carnaval, conlleva una profunda significación dentro del sistema de símbolos de la cultura nahua de la sierra norte de Puebla. Si bien, la cultura en el mundo occidental se puede interpretar por medio de un texto, para los pueblos nahuas evidentemente se interpreta con el sistema de símbolos que conlleva el acto de matar o sacrificar un animal. 

En muchas culturas del continente americano los animales son entidades receptoras de energías particulares y desde los pueblos se conoce las cualidades receptoras de cada animal 

Por ejemplo: un animal estrechamente relacionado con el hombre kichwa de Ecuador y del sur de Colombia, es el kuy, el cual puede percibir la próxima llegada de las visitas con tan solo observar su pelo.  

Este tipo de lenguaje simbólico al que alude Cliffort Geertz al concebir la cultura como un sistema de símbolos, y la relación que tienen con los animales, ayuda a establecer lazos simbióticos, esto quiere decir; la asociación de dos especies en beneficio mutuo. Con justa razón entra el comentario de los entrevistados de René Esteban quienes conciben como entidades vivas a los seres naturales de la tierra. 

En el ritual tinku andino, la tierra proclama energía y reciprocidad humana; una ofrenda.   

El pollo va a ser cocido para los siete aires de los cuatro puntos cardinales, bajo el son del ritual xopechtli.  En este contexto los ixhuehuetini o huehues, tenían un papel fundamental en la ceremonia. 

Lejos de los postulados de los defensores de los animales que en los últimos años ha incrementado. Los animales en las comunidades americanas tienen una forma muy distinta de interpretarse, son receptores de energía y le dan sentido a la convivencia del hombre con la tierra. Son inspiración primordial en las representaciones textiles de los pueblos originarios y, por consecuencia, los descendientes de estas culturas, actualmente continúan tejiendo y bordando esa relación mitológica cuyo sentido simbólico conlleva al entendimiento de la relación humano-animal.  

Los animales tienen una importancia bastante especial en la cosmovisión indígena, al estar asociados con la creación del mundo. Algunos de ellos son mensajeros sagrados, divulgados en los pasajes míticos, incluso en algunos casos indican que fueron creados por los dioses para alegrar la tierra y para alimentar al hombre.  

El hombre contemporáneo ha perdido ese vínculo estrecho que mantenía con los animales; ahora son vistos como seres marginales.  

 En esta medida, es importante la contribución que hace René Esteban Trinidad, presentándonos testimonios directamente recolectados desde la cosmovisión nahua de Cuacuila, y, sobre todo, testimonios que provienen desde la lengua hablada por los especialistas rituales que con añoranza relatan los símbolos que sustentan una parte importante del entendimiento humano en torno a la convivencia. Teh hueyi tiyehyecatl, teh hueyi titlacatl, teh hueyi titlacaxamaniani, titlacapoztequini oncan teh ticanas, ticacocuis ipan inon monoras, ipan inin motonal. 

Hoy en día, la figura del huehue ha cambiado. 

Asistirán al carnaval donde tomarán alcohol y bailarán toda la noche, ¿para qué? Quizás por el simple hecho de continuar una tradición que desconocen en su significado profundo, pero que les ayudará, esa noche, a sentirse arraigados a la cultura de su pueblo mágico que, lentamente, desaparece. 

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