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miércoles, febrero 4, 2026

Los “quedabien” (y la muerte otra vez vino a Puebla)

Los “quedabien” (y la muerte otra vez vino a Puebla)

Cuando Sergio Vergara Berdejo le narró al gobernador Miguel Barbosa Huerta cómo se escapó Porfirio Díaz, de la prisión militar en la que hoy está instalado el edificio Carolino, se ganó no sólo su atención, sino su simpatía.

(Esa fuga brutal ocurrió el 20 de septiembre de 1865. Originalmente, Díaz había pensado hacerlo el 15 de septiembre —día de su cumpleaños número 35—, pero las condiciones le fueron adversas).

Tras la primera charla, don Miguel no dudó en ofrecerle la titularidad de la Secretaría de Cultura.

Conocí a Sergio en varios momentos.

El más divertido fue cuando una muy querida amiga en común me recordó algunas columnas periodísticas que yo le había dedicado a quien ella llamaba “Verga Ere A”.

Yo nací, como Sergio, en Huauchinango, así que estaba enterado de que su padre había sido diputado federal y que tenía un hermano que era policía federal de Caminos.

Sabía, también, que los Jiménez Morales eran sus tíos.

Un dato más: aunque suene increíble y cómico, teníamos el mismo peluquero.

Cuando lo saludé la primera vez, le caí mal.

Y es que frunció el ceño y balbuceó “cho gusto”, pero a los diez minutos ya estábamos hablando de mis tías y sus tías.

(Todo huauchinanguense que se respete habla de su familia la primera hora de la conversación).

Con Sergio me llevé muy bien y me llevé muy mal.

Muy bien, cuando estábamos solos.

Muy mal, cuando algunas hiedras venenosas —los inevitables “quedabien”— que solían acompañarlo le llenaban la cabeza y el lóbulo frontal del cerebro en contra mía.

Me enteré de su enfermedad por un amigo que me invitó a cenar enchiladas en su departamento.

“Va a estar Sergio”, me dijo.

Y me mostró una foto de nuestro amigo sumamente demacrado.

Quise ir a la cena, pero la fuerza del destino lo impidió.

Nuevas malas noticias me siguieron llegando sobre su estado de salud.

Este miércoles, finalmente, se retiró a sus habitaciones.

Quiero decir: cruzó la otra orilla.

Falleció.

Descanse siempre en paz.

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