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martes, enero 20, 2026

La nueva moda en TikTok: exhibir como animales de circo a las mamás con Alzheimer o a los niños Downs

La nueva moda en TikTok: exhibir como animales de circo a las mamás con Alzheimer o a los niños Downs

Escucho cada vez con mayor frecuencia que la gente ya no lee.

(Esto lo dice, por supuesto, gente que alguna vez leyó tres libros y que lleva años sin abrir otro).

TikTok es el nuevo jardín del edén de los analfabetos funcionales.

Ahí no tienen que esforzarse.

Basta con pasar de una historia a otra para que su cerebro reciba toda clase de basura.

He visto tiktokeras terribles que filman a su propia madre, víctima del Alzheimer, o a sus hijos, víctimas del síndrome de Down.

Lo peor es que los exhiben como animales de circo.

Faltaba más: dichas tiktokeras son auténticas influencers (y auténticas hijas de puta), y reciben bastante dinero por monetizar y mostrar los aspectos terribles de sus seres “queridos”.

Hay gente que todos los días está metida en TikTok.

Y hay gente que todos los días nos dice que el futuro está en esa red creada por los chinos, quienes, en el pasado, inventaron la pólvora, el papel y las mariposas.

(Hay quien jura que los chinos también inventaron a las mujeres).

Una buena parte de los periodistas, ya lo sabemos, ha dejado de leer.

O más bien: nunca ha leído un libro.

Sin embargo, escriben columnas (montados en la Inteligencia Artificial o en los recurrentes lugares comunes), y tienen como única apuesta convertirse en influencers en la red inventada por los chinos.

Estos personajes también han hecho circular la leyenda de que la gente ya no lee.

Malas noticias para ellos: una parte de la humanidad, por mínima que sea, sigue leyendo.

Y lo seguirá haciendo hasta que muera.

Y luego vendrán otros lectores —un porcentaje muy pequeño de la humanidad— que seguirá disfrutando la lectura.

De hecho, los lectores forman una legión minúscula, pero legión al final de cuentas.

En las redes sociales se puede descubrir quién lee y quien no ha abierto un solo libro en su vida.

Su ortografía los delata.

Y cuando estos últimos escriben bien, es que plagiaron unas líneas de alguien que sí lee.

Otra mala noticia para los que no leen: el cerebro deja de ejecutar funciones por su falta de uso, y en poco tiempo se convierte en algo parecido a un objeto.

Un sartén, por ejemplo.

(Aunque los sartenes sirven para hacer huevos fritos).

Yuval Noah Harari es autor de uno de los libros más entrañables de los últimos tiempos: Sapiens.

Él nos ha dicho cosas brutales sobre los orígenes del cerebro.

Vea el hipócrita lector algunas de éstas:

Los primeros hombres y mujeres, de hace 2 mil 500 años, tenían un cerebro de unos 600 centímetros cúbicos.

Los sapiens modernos lucen un cerebro que tiene en promedio mil 200-mil 400 centímetros cúbicos.

Un cerebro colosal es un desgaste colosal en el cuerpo.

En los sapiens, el cerebro supone el 2-3 por ciento del peso corporal total, pero consume el 25 por ciento de la energía corporal cuando el cuerpo está en reposo.

En comparación, el cerebro de otros simios requiere sólo el 8 por ciento de la energía en los momentos de reposo.

¿Qué fue lo que impulsó la evolución del enorme cerebro humano durante estos dos millones de años?

De entrada, admite que no lo sabe, aunque luego desliza una teoría: el “chismorreo” contribuyó a esa evolución.

Así lo dice:

“Nuestro lenguaje evolucionó como una variante del chismorreo. Según esta teoría, Homo sapiens es, ante todo, un animal social. La cooperación social es nuestra clave para la supervivencia y la reproducción. No basta con que algunos hombres y mujeres sepan el paradero de los leones y los bisontes. Para ellos es mucho más importante saber quién de su tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quién es un tramposo.

“(…) La teoría del chismorreo puede parecer una broma, pero hay numerosos estudios que la respaldan. Incluso hoy en día la inmensa mayoría de la comunicación humana (ya sea en forma de mensajes de correo electrónico, de llamadas telefónicas o de columnas de periódicos) es chismorreo. Es algo que nos resulta tan natural que parece como si nuestro lenguaje hubiera evolucionado para este único propósito. ¿Acaso cree el lector que los profesores de historia charlan sobre las razones de la Primera Guerra Mundial cuando se reúnen para almorzar, o que los físicos nucleares pasan las pausas para el café de los congresos científicos hablando de los quarks? A veces. Pero, con más frecuencia, hablan de la profesora que pilló a su marido mientras la engañaba, o de la pugna entre el jefe del departamento y el decano, o de los rumores según los cuales un colega utilizó sus fondos de investigación para comprarse un Lexus. El chismorreo se suele centrar en fechorías. Los chismosos son el cuarto poder original, periodistas que informan a la sociedad y de esta manera la protegen de tramposos y gorrones”.

Hasta aquí esta larga, muy larga, pero reveladora cita que nos recuerda que la lectura nos ayudará a que nuestro cerebro no termine convertido, por ejemplo, en un sartén en el que será imposible freír un simple huevo.

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