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sábado, noviembre 29, 2025

Historia del varón que fue domado por su mujer

Historia del varón que fue domado por su mujer

El padre de Juan Pablo Vergara, Mario, trabajaba en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (en liquidación). 

Trabajaba de madrugada. Entraba a las diez de la noche y salía a las cinco de la mañana. Una temporada le dio por salir a las siete. “¿Tan temprano?”, preguntaba Gloria, su mujer. Me cambiaron el horario, decía. Pero seguía llegando a la casa a las seis de la mañana.  

Una tarde, al regreso de la secundaria 76, de Calzada de la Viga, Vergara encontró a su madre llorando mientras hacía una sopa de fideos. La abrazó y le preguntó qué le pasaba. Ella le contó todo. Todo era que su esposo la engañaba con una muchacha de Huauchinango que era medio su pariente. Medio su prima o medio su sobrina. Conocía a sus papás. Buenas personas. Ella vivía cerca del metro Chabacano, por la Comercial Mexicana Asturias, a unos pasos de la Calzada de Tlalpan. 

Vergara, vestido de caqui con corbata café, no acertaba qué hacer y se puso a llorar también. Odió por un momento a su padre, sobre todo cuando en el relato supo que éste mantenía a la medio prima o medio sobrina de su mamá. “¿Está bonita?”, preguntó estúpidamente. “Es joven”, fue la única respuesta.  

Con los días vio a su mamá distinta. También a su papá. Ella ya no lloraba y se veía contenta. Él ya no se perfumaba tanto para ir a trabajar ni se ponía brillantina. Ahora usaba crema Wildrot, que no era brillantina, pero dejaba el pelo medio tieso. Él tampoco se iba tan temprano. Regresó a su horario de antes. 

“¿Por qué te vas tan tarde?”, preguntó Vergara. “Me cambiaron el horario”, respondió. 

Lo que en realidad había pasado era que, una mañana, Vergara y su madre fueron al edificio donde vivía María Luisa —así se llamaba la amante— y ella pintó con su lápiz labial, en la entrada, a la altura de un techo bajito, “¡Mario Vergara es puto!”. Don Mario vio el mensaje y supo que su esposa lo sabía todo. Hablaron largamente. Los dos lloraron horas. Él le pidió perdón y le dijo que no volvería a ver a la medio prima o medio sobrina de doña Gloria. 

Y así lo hizo. La lección había sido brutal. 

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