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jueves, abril 25, 2024

Armenta: entre el dogma y la razón

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En la interpretación de los símbolos, las escuelas del pensamiento podrían darnos miles de páginas y contenidos diversos. Los más apegados a la verdad colectiva sugieren que los símbolos son representación de las ideas, dentro de los acuerdos que, convencionalmente, aceptan las comunidades. 

El “nada es verdad, nada es mentira, todo es del color del cristal con que se mira”, es útil, igualmente para entender lo que significa un símbolo. 

En política, los símbolos son indispensables, para buscar y encontrar las condiciones para hacer de una idea, una realidad colectiva. 

Los símbolos son, por tanto, caminos en los cuales se encuadra el pensamiento para transitar hasta encontrar las vías donde la expresión formaliza, entendimiento y acuerdo. 

Los políticos, tradicionalmente, acuden al uso de los símbolos, para alojar, sus pensamientos propios y de ahí facilitar a los electores la comprensión de lo que piensan y como quieren materializarlos. 

Y para los símbolos, igual que para los pensamientos, su ingrediente principal son los acuerdos construidos en razón al cambio permanente en las sociedades. Esto nos aleja de los extremos: el seguimiento a ciegas de los símbolos establecidos, o en la integración de nuevos símbolos. 

Entre el dogma y la razón coyuntural, se aloja el uso de los símbolos, en especial en la práctica democrática del ejercicio político. 

Los extremos son, siempre, radicalismos. “Ni tanto que queme al santo, ni tanto, que no lo alumbre”, dice la sabiduría popular. 

Ahora, en vísperas del inicio legal de las campañas en Puebla, los poblanos ya podemos clasificar la ruta ideológica real de los candidatos. Esto es importante, para conocer, la racionalidad que guiará sus ideas hasta hacerlas realidad. De esto se desprende la confianza que puede recibir de los electores y la calidad que, Armenta, ofrece a los mismos electores. 

Alejandro Armenta, convoca a las y los poblanos a una reingeniería y actualización de las razones que legitiman nuestro pensamiento y las formas de trabajo colectivo. 

Su propuesta de revisar a fondo al sistema democrático que vivimos y practicamos realmente los poblanos es una propuesta en la cual, Armenta nos ubica en la responsabilidad mayor de la cual se deriva toda la legitimidad y legalidad de lo que hacemos. 

Revisar el sistema democrático poblano es una propuesta importante y urgente. 

Armenta nos recuerda que la revisión honesta y oportuna es uno de los valores principales de un sistema democrático, porque no sostiene ideas, símbolos y prácticas, que pudieran ser para siempre. 

La democracia es un sistema que nos permite custodiar los símbolos, ineludibles para la acción colectiva, pero que si queremos sean socialmente eficientes, tenemos que darles vigencia. Debemos hacerlos coincidir con la realidad en la que trabajamos. 

Esta propuesta de Armenta nos recuerda el símbolo fundacional del estado nacional mexicano que fue un acuerdo de voluntades, construido con una inteligencia racional, que permite y exige que en su revisión honesta y libre, adquiera la vigencia, a los acuerdos actuales que nos pide la realidad de ahora. 

Por eso, Armenta propone construir un nuevo acuerdo que actualice la democracia poblana. Esto, por supuesto, es moral y éticamente posible, deseable y aceptable. 

La actualización del acuerdo democrático en el que realizamos nuestra vida diaria dará nueva racionalidad a los símbolos, en los cuales nos reflejamos y medimos nuestra eficiencia social.  

 Revisar y actualizar en el sistema democrático poblano la pertinencia de los acuerdos que ahora nos guían, y la estructura legal en la que se expresa, eliminará el dogmatismo de la práctica política. Es una oportunidad para construir nuevas razones que nos conduzcan, en libertad y paz, al cumplimiento de nuestras responsabilidades individuales y colectivas. 

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