Publicado originalmente por Pablo Ferri en El País. Compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:
El exatleta canadiense, acusado de tráfico de drogas y homicidios al norte del río Bravo, se ha entregado a las autoridades de Estados Unidos.
FBI, acusado de tráfico de drogas y varios homicidios, Wedding ha sido trasladado hoy a Estados Unidos por el FBI.
“El Director del FBI partió hoy rumbo a los Estados Unidos, llevando consigo a dos objetivos prioritarios: una persona no estadounidense que fue detenida por autoridades mexicanas de los 10 más buscados por el FBI y un ciudadano canadiense que se entregó voluntariamente ayer en la Embajada de los Estados Unidos”, informó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch, en su cuenta X. Además de Wedding, Harfuch se refiere a Alejandro Rosales Castillo, de nacionalidad estadounidense, que como Wedding se encontraba en la lista de los 10 fugitivos más buscados por el FBI.
Wedding es un enigma para el colectivo de escuelas de sociología del mundo. Snowboardista precoz, llegó a la selección nacional de Canadá a los 15 años y, a los 21, compitió en la categoría de eslalon gigante paralelo en las olimpiadas de invierno de Salt Lake City, en Utah, celebradas en 2002. Identificado bajo los alias “King” y “James Conrad”, por un personaje de una película de King Kong, Wedding viene de una familia de clase media acomodada de la Columbia Británica. Después de las olimpiadas, empezó a estudiar en una universidad en el área metropolitana de Vancouver, carrera que sus padres le financiaron.
Pero la aventura académica le duró solo dos años, como recuerda el reportero Jesse Hyde, de RollingStone, que le ha seguido la pista desde 2009. Atraído por la noche y la escena criminal local, violenta en aquellos años por el control del mercado de la marihuana, Wedding inició una carrera como guardia de seguridad de clubes y antros de la ciudad, mientras ponía en marcha una enorme plantación de marihuana. En 2006, las autoridades intervinieron sus naves, plantas y utensilios, y Wedding tuvo que volver a empezar. Después de algunas operaciones en el mercado inmobiliario, el canadiense se fue a las Grandes Ligas de las drogas e intentó meterse al mercado de la cocaína.
En noviembre, el Departamento del Tesoro había anunciado sanciones en su contra y en contra de su red de apoyo, una cadena de individuos y empresas que incluye a un abogado canadiense, un joyero canadiense, un antiguo miembro de las fuerzas especiales italianas y una proxeneta colombiana, que dirige una red de prostitución en México. “Antiguo snowboardista olímpico, Wedding, de 44 años, es un criminal extremadamente violento, presunto responsable del asesinato de numerosas personas en el extranjero, incluyendo ciudadanos estadounidenses”, zanjaba entonces el Departamento del Tesoro en un comunicado. La recompensa que se ofrecía por Wedding era de 10 a 15 millones de dólares.
El acusado, seguía el comunicado, “es responsable del tráfico de toneladas de cocaína a través de Colombia y México para su distribución en Estados Unidos y Canadá. Su organización criminal utiliza criptomonedas para mover y blanquear ganancias del narcotráfico, ocultando así enormes sumas de dinero ilícito. Según el FBI”, añadía el texto, “Wedding ha ordenado decenas de asesinatos en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica. Emplea métodos altamente sofisticados tanto en la planificación como en la ejecución de estos crímenes”. La justicia estadounidense le acusa de tráfico de cocaína, asesinato, asesinato en grado de tentativa y empresa criminal continuada, entre otros delitos.
Las sanciones del Tesoro implicaban el congelamiento de bienes de Wedding y de otras nueve personas y otras tantas empresas, parte de su presunta operación delictiva. La OFAC ha enlistado a un supuesto exagente de seguridad mexicano, Edgar Vázquez Alvarado, señalado como cabeza de su equipo de seguridad. “Vázquez, alias El General, le brinda protección en México y utiliza contactos policiales para localizar a sus objetivos. Se cree que Vázquez es un exagente de la ley mexicano con vínculos con altos funcionarios policiales del país”, señala el comunicado.
Además de Vázquez, en la lista figuran la “esposa” de Wedding, Miryam Andrea Castillo Moreno, de 34 años, originaria de Nuevo León; su “novia”, Daniela Alejandra Acuña Macías, colombiana, de 23 años, que las autoridades ubican cerca de Morelia, Michoacán; una presunta colaboradora colombiana, Carmen Yelinet Valoyes, que, según la OFAC, dirige una red de prostitución de alto standing en Ciudad de México; el abogado canadiense Deepak Balwant Paradkar; el joyero canadiense Rolan Sokolovski y el exmiembro de las fuerzas especiales italianas Gianluca Tiepolo, estos últimos parte de su red de lavado.
Las actividades atribuidas a cada uno son variadas. De Miryam Castillo, su esposa, dicen que “lava dinero procedente del narcotráfico para Wedding y lo ha ayudado a cometer actos de violencia”. De Carmen Valoyes, que “ayudó a Wedding en el asesinato de un testigo federal en enero de 2025”, quien fue identificado como Jonathan Christopher Acevedo, asesinado en Medellín, Colombia. Acevedo había cumplido una condena en Canadá por tráfico de droga.
De Daniela Acuña, la OFAC señala que ha recibido cientos de miles de dólares de Wedding, y que le ha “ayudado a obtener información sobre sus rivales”. Y del abogado Paradkar, que permitió que “Wedding y sus asociados interceptaran comunicaciones confidenciales con otros clientes, varios de los cuales Wedding deseaba asesinar”.
Sobre su red de lavado, la OFAC señala que Sokolovski “supervisaba la contabilidad de la organización y blanqueó fondos a través de su joyería, bajo el nombre comercial de Diamond Tsar, con tienda en Toronto. Además, transfirió millones de dólares mediante criptomonedas”. Por su parte, Tiepolo colaboró en la adquisición y gestión de los bienes de Wedding, incluidos vehículos de alta gama, como un Mercedes CLK-GTR de 2002, valuado en 13 millones de dólares, confiscado por el FBI.
La mala suerte para él es que una de sus primeras compras, monitoreada por el FBI en el sur de California, salió mal. Las autoridades lo detuvieron en 2008 y lo enviaron a prisión. Pasó tres años recluido entre San Diego y Texas, hasta que fue enviado a Canadá para terminar su condena. Tras su liberación, retomó sus actividades.
La Armada detuvo a uno de sus colaboradores en Jalisco, en octubre del año pasado, Andrew Clark. La justicia de Estados Unidos apunta que el Cártel de Sinaloa o alguna de sus facciones lo protegían. Nadie lo encontraba. Él se entregó. Es rubio, musculoso y mide más de 1.90 metros.

