La televisión estatal de Cuba transmitió la mañana de este jueves el arribo a La Habana de los restos de 32 ciudadanos cubanos que murieron durante los ataques realizados por Estados Unidos en Venezuela, en una operación ejecutada la madrugada del 3 de enero con el objetivo de capturar al entonces presidente venezolano Nicolás Maduro.
Los restos llegaron en cajas más pequeñas que ataúdes, cubiertas con la bandera cubana, y fueron recibidos en el aeropuerto internacional de La Habana por el presidente Miguel Díaz-Canel, el ministro del Interior Lázaro Alberto Álvarez Casas y otros altos funcionarios del Partido Comunista de Cuba.
Durante años, Cuba ha enviado miles de ciudadanos a Venezuela, principalmente maestros y médicos, aunque también agentes de inteligencia y personal de seguridad, en el marco de una relación bilateral en la que Caracas suministraba petróleo a la isla. Según un reporte publicado en diciembre por The New York Times, ante la presión militar estadounidense, Maduro había ampliado el papel de guardaespaldas y agentes de contraespionaje cubanos dentro de su esquema de seguridad y del Ejército venezolano.
En el acto de recepción, el ministro Álvarez destacó el impacto humano de las pérdidas. “Hablamos de familias que han perdido al padre, al hijo, al esposo, al hermano”, expresó, subrayando que la grandeza de los pueblos no radica en sus recursos materiales, sino en la preservación de la memoria de sus muertos.
El derrocamiento de Maduro representó un golpe significativo para Cuba, cuya economía dependía en gran medida del petróleo venezolano, suministro que prácticamente se ha detenido. Especialistas han descrito la situación económica de la isla como una “caída libre”, agravada tras el corte del flujo energético.
El domingo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en redes sociales que no llegará más petróleo ni dinero a Cuba desde Venezuela, y señaló que el Ejército estadounidense participará en la aplicación de una separación entre ambos países.
Expertos en energía han advertido que la pérdida del crudo venezolano sería “catastrófica” para Cuba, dado que Venezuela cubría cerca de una tercera parte de las necesidades diarias de combustible de la isla.

