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domingo, enero 11, 2026

Personas que marcan vida: La vida del Dr. Moisés Romero Beristain

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Por José Alejandro Romero Carreto

Luis Alejandro Romero Morales

y Gael Romero Peloche

Las letras que se imponen en esta reflexión sobre la vida de mi padre y abuelo de mi hijo y sobrina, Alejandro y Gael, nacen con un propósito claro: invitar a las nuevas generaciones de juristas poblanos a aspirar a los valores de un hombre bueno.

Un hombre que se formó con honestidad, con un profundo amor por su familia, con convicción ética y con un inmenso respeto por México.

Este texto jamás busca exaltar títulos, sino honrar una vida que tocó corazones y marcó caminos.

Moisés Romero Beristain, nos cuentan, nació en una tarde lluviosa de viernes, el 28 de julio de 1933, en la Ciudad de Puebla, tierra que marcaría profundamente su identidad, su vocación y su amor por México.

Su infancia transcurrió en un hogar amoroso, integrado por su padre, su madre, una hermana mayor y dos hermanos menores; un entorno que cimentó los valores que lo acompañarían toda la vida: el amor a la familia, el respeto, la disciplina y la perseverancia. Sus primeros estudios los realizó en el extinto Colegio Howard, ubicado frente al Paseo Bravo, para posteriormente cursar la primaria, secundaria y bachillerato en el Instituto Mexicano Madero, institución en la que permaneció hasta concluir su formación media superior.

Durante esos años expresó su deseo de estudiar Medicina. Sin embargo, una visita escolar, casi al final del bachillerato, al histórico edificio donde  en ese entonces se erigió la Facultad de Derecho, cambiaría para siempre el rumbo de su vida. Primero, al leer la placa dedicada a Don José Mariano Beristain y Souza, obispo, teólogo y gran literato poblano; y segundo, al escuchar una charla académica sobre el Sistema Jurídico, experiencia que despertó en él una profunda convicción por el Derecho y la Justicia.

Decidió entonces ingresar a la Universidad Autónoma de Puebla, a la entonces carrera de Leyes, donde obtuvo el título de Abogado, Notario y Actuario, participando activamente en la vida universitaria y en los esfuerzos por la Autonomía Universitaria, siendo parte del proceso que consolidó lo que hoy conocemos como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Desde el inicio de su ejercicio profesional fue miembro de la Asociación de Abogados de Puebla, desempeñándose como secretario de la mesa directiva presidida por el Maestro Notario Público José Azomoza.

Años más tarde cursó estudios de posgrado en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, donde obtuvo los grados de Maestro en Derecho Fiscal, Derecho Constitucional y Amparo, así como Derecho Económico, todos ellos con Mención Honorífica. Posteriormente, al defender su tesis doctoral titulada “El proceso jurisdiccional de la quiebra frente a otras materias del Derecho”, le fue otorgado, por decisión unánime del jurado y con mención honorífica, el grado de Doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México.

En el ámbito profesional colaboró desde pasante en el bufete jurídico del Licenciado Carlos J. Arruti, donde destacó como litigante hasta convertirse en Director General del mismo. Con el objetivo de servir mejor a la sociedad poblana, fundó su propia firma “Abogados RBC”, especializada en Derecho Constitucional, Administrativo, Amparo, Civil, Mercantil y Concursal, distinguiéndose siempre por la ética, la confiabilidad y el profesionalismo.

Su trayectoria trascendió fronteras. Fue perito en Derecho en cortes americanas para The First National Bank of Texas, abogado consultor en el despacho Phillippe Balon en Bruselas, Bélgica, y en Cacheaux-Cavazos-Newton-Martin & Cukjati en San Antonio, Texas. En la Ciudad de México fue asociado y consultor del despacho del Licenciado Emilio Aarún Tame, especializado en Quiebras  y suspensión de pagos.

En el ámbito público, su destacada labor como litigante, investigador y docente lo llevó a ser electo Magistrado del primer Tribunal Electoral del Estado Libre y Soberano de Puebla, así como Consejero de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla.

La docencia fue uno de los espacios más significativos de su vida. Impartió cátedra principalmente en Derecho Constitucional y Amparo, Derecho Administrativo y Derecho Concursal en la Escuela Libre de Derecho de Puebla y en la Universidad de las Américas Puebla, donde fue profesor de tiempo completo y Jefe del Departamento de Derecho durante tres periodos consecutivos.

Fue profesor invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Chihuahua, la Universidad Autónoma de Tlaxcala, así como en el extranjero en la Universidad Católica de Argentina, la Universidad de París X (Nanterre) y las Universidades de Grenoble y Annecy, en Francia.

Fue invitado por el Senado de la República Francesa y el Ministerio de Justicia de ese país al simposio del Centenario del Código Napoleónico, donde presentó la ponencia “El Código Civil del Estado de Puebla a la luz del Código Napoleónico”.

Su producción académica se refleja en artículos publicados en Mundo del Abogado, el Boletín de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Revista del Tribunal Superior de Justicia, además de un libro en proceso de impresión con Editorial Porrúa

Sobre la vida

Quienes lo conocieron de cerca pueden decir que fue un hombre entregado a su vida, a su profesión y a su familia. Constante, disciplinado y firme en sus decisiones, luchó siempre por sus sueños y logró cumplir todo aquello que se propuso.

Hablaba con tranquilidad, pensaba antes de decir y razonaba con profundidad. Una de sus grandes enseñanzas fue:

“Todo tiene su tiempo y debajo del cielo todo lo que se quiere tiene su hora.”

Disfrutaba profundamente dar clases, compartir su sabiduría y preparar cada lección con dedicación. Fue, sin duda, un profesor que se dio a querer, que dejó huella en sus alumnos y que educó desde el ejemplo.

Los caballos fueron una de sus grandes pasiones, símbolo de libertad, constancia y respeto. Con ellos reflejaba su forma de vivir: trato firme pero justo, cuidado atento y una conexión profunda basada en el respeto mutuo. Esa pasión fue parte esencial de su identidad y de su manera de entender la vida, el esfuerzo y la tradición.

A todo ello se sumó una cualidad que lo definió de manera especial: su generosidad. Fue un hombre de gran corazón, siempre dispuesto a escuchar, orientar, ayudar y compartir sin esperar nada a cambio. Su trato amoroso, su sabiduría y su capacidad de dar hicieron de él un referente humano, además de jurídico.

La vida del Doctor Moisés Romero Beristain fue una vida con propósito, vivida con amor, pasión, convicción y profundo sentido humano. Fue un hombre que tocó muchos corazones y marcó muchas vidas.

Su legado permanece vivo en su familia, en sus alumnos y en todos aquellos que encontraron, además de un jurista brillante, a un hombre bueno.

Te queremos, pa.

Te queremos, abuelo.

Te queremos, bis.

Te queremos, Moicas.

Te queremos, Watch.

Te queremos, Bonechi.

Mi abuelo… el más chinguetas.

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