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Los días oscuros de Adán Augusto

Los días oscuros de Adán Augusto

Publicado originalmente por Carmen Morán Breña en El País, el 29 de julio de 2025.
Compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:

“Tan grande es el sapo, así es la pedrada”. Adán Augusto López recurre al refranero popular para definir la aciaga situación por la que está pasando estos días, desde que México entero ha sabido que la ley persigue al que fue su secretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez, por vínculos con el narcotráfico, extorsión y secuestro. Adán Augusto, como se le conoce, era entonces gobernador de Tabasco, un cargo en el que estuvo dos años y medio, desde enero de 2019 a agosto de 2021. Él lo nombró y pocos creen ahora que fuera ajeno a la relación del jefe de los policías con el grupo criminal La Barredora. Mientras la Interpol busca a Bermúdez, el Comandante H, los focos han caído inmisericordes contra el que hoy es el coordinador en el Senado del partido que gobierna en México, Morena.

López ha tratado de refugiarse en el descanso veraniego para no aparecer por la Cámara alta ni enfrentarse a los medios de comunicación, sin éxito. Un requerimiento de la presidenta para que diera su versión de los hechos le obligó a enviar un mensaje de redes sociales en el que se ponía a disposición de las autoridades si lo precisaban. Eso fue el viernes 18. El domingo pasado acudió al Consejo Nacional de Morena entre un enjambre de periodistas. Apenas comenzaba su semana horribilis. Acostumbrado a operar desde la sombra, su biografía está ahora en boca de todos y no hay forma de poner la televisión sin que salga su imagen.

Adán Augusto López no es cualquiera en la vida política mexicana. Ha sido secretario de Gobernación, es decir, el segundo hombre con más poder del país, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a quien quiso sustituir presentándose a las primarias de Morena. El golpe recibido es, como bien dice, tan grande como el sapo. Para derrumbarle, y hoy muchos lo consideran un cadáver político, se necesitaba una buena pedrada.

El miércoles fue su última aparición en la Comisión Permanente del Senado, el órgano legislativo que trabaja durante el receso vacacional, pero el partido, mayoritario, impidió que se tratara el asunto. La cobija de los suyos, sin embargo, no alcanza a tapar a este hombre grandullón y de andares desgarbados. La pedrada ha salido de su propio partido y ha proporcionado un buen entretenimiento a la somnolienta oposición mexicana, que está sacando trapos sucios desde que Adán Augusto empezó su andadura política en Tabasco hace ya muchos años, cuando México comenzaba a revolverse contra el omnipotente PRI, en el que él también militó.

La casa familiar era grande, con cuatro recámaras y espaciosas salas, con jardín al frente y rejas. La madre atendía el hogar y el padre, popular y reconocido, llevaba una notaría en Tabasco, el caluroso Estado sureño que linda al sur con Guatemala y al norte con el petrolero golfo de México. En esas tierras los políticos visten de guayabera blanca, pero no todo es pureza en su quehacer. El niño Adán Augusto era gordote, torpón y los amigos del fútbol le ponían de portero. Parar los goles que podían entrar en la portería del presidente López Obrador y los que ahora puedan colarse en la de la presidenta Claudia Sheinbaum por el Senado han sido sus últimos cometidos, pero no los ha desempeñado con igual acierto.

También sabe hacer fintas. Una tabasqueña, política como él a quien conoce bien, cuenta hoy desde el anonimato cómo se escabulló Adán Augusto del encierro que mantenían los priistas en la Quinta Grijalva, entonces residencia del gobernador, en un momento tenso de cambio de gobierno. Diciembre de 2000 daba paso al nuevo año. Se habían anulado las elecciones que supuestamente ganó Manuel Andrade y el PRI trataba de poner a un gobernador interino hasta las siguientes. “De repente, el grupo se dio cuenta de que Adán Augusto había desaparecido. Se había ido por una de las puertas y lo encontraron en casa de un panista, Juan José Rodríguez Prats”, asegura.

Adán Augusto López había sido el coordinador de campaña de Andrade, y aspiraba a ser ese gobernador interino, pero los priistas impusieron a Enrique Priego Oropeza quien, avergonzado, “no quería salir a saludar a la población, como se acostumbraba”. Fueron las últimas horas de Adán Augusto en el PRI, la mejor escuela de hacer fintas, incluso a los propios.

Aunque trabajó cerca de muchos de los anteriores, hubieron de pasar tres gobernadores más por Tabasco hasta que le tocó el turno al hoy jefe de los senadores morenistas, que estudió Derecho en México y Ciencias Políticas en París, hijo como era de una familia acomodada. De vuelta en Tabasco, el mayor de cuatro hermanos llevaba la notaría del padre, donde los trámites les salían gratis a los pobres. Los adversarios dicen que era la forma de ir haciendo clientela electoral; los amigos reconocen en el gesto el espíritu que guía los principios de Morena.

El joven político se arrimó al PRD, donde ya andaba Andrés Manuel López Obrador, amigo del padre de Adán Augusto, Payambé López. “Payambé fue el único notario que se atrevió a dar fe de la creación de los partidos nuevos en Tabasco”, dice la política consultada, porque el PRI sembraba el temor. Pero afirma que la amistad del hijo con el expresidente que tanto exhibe Adán Augusto no es tal, ni por edad, ni por trayectoria. “Su amistad es reciente, de los años 2000 en adelante”, afirma.

A Adán Augusto López le fascina el béisbol por encima de todas las cosas, como a López Obrador, pero no fue su amigo de juegos. Esos recuerdan con cariño a Chabelón, como le llamaba de chico, y destacan su “inteligencia, su temple y su aguante”, convencidos de que será el próximo presidente y que por eso le ha caído encima semejante martirologio. Juan Manuel Fócil, político del PRD, lo ve, sin embargo, “un poco berrinchudo y caprichoso”, y considera que “sabe moverse” y “tiene varias personalidades”. “Le gusta el poder y el dinero”, añade.

Desde que López Obrador lo llamó a su diestra, “desde que le hizo creer que sería su sustituto”, él lo creyó, y en esa esperanza vive —o vivía— hasta hace un par de semanas. En estos momentos, a Adán Augusto López ya debe hacérsele difícil saber quiénes son los amigos y quiénes los enemigos, y quiénes, entre los suyos, lo han sacado de las sombras para exponerlo en toda su crudeza.

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