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lunes, abril 6, 2026

La hora criminal de Juan Carlos Valencia González al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación

La hora criminal de Juan Carlos Valencia González al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación

Publicado originalmente por Beatriz Guillén en El País. Compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:

México y Estados Unidos identifican al R3 como el posible sucesor de la poderosa organización. Parte de un antiguo clan michoacano e hijastro del Mencho, el abolengo ilegal se impone en la historia del jefe del Grupo Élite.

Quizás en la historia de Juan Carlos Valencia González está escrita la historia del narcotráfico mexicano. Su padre fue un pionero en el trasiego de drogas y cambió el cultivo de aguacates en Michoacán por los barcos de cocaína; su madre y su tío convirtieron un apellido en una empresa criminal, y su padrastro fue el capo más buscado del mundo, fundador de un imperio internacional. De indudable abolengo delictivo, Valencia González es conocido como El Pelón, el 03 o el R3, también JP. El Gobierno mexicano dice que dirige un grupo armado de élite y el estadounidense ofrece cinco millones de dólares por cualquier información que lleve a su captura. Ambos lo consideran, tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, como el posible sucesor al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Con 41 años, Valencia pasa por primera vez a una primera línea criminal que le viene de familia.

“¡Pura gente del señor Mencho!”, corean casi un centenar de hombres vestidos con ropa táctica, armados con fusiles de asalto. “¡Pura gente del Señor de los Gallos!”, insiste uno y el siguiente: “Aquí estamos echándole ganas”, “arriba el R3”, “puro Grupo Élite, señores”. Es una caravana de 22 vehículos blindados, tuneados con torretas y una decena de ametralladoras, con fusiles Barret y lanzagranadas. Un logotipo en la puerta de estas camionetas los diferencia de un ejército regular: son las Fuerzas Especiales Grupo de Élite del CJNG. Todos llevan las cuatro letras estampadas en la pechera. Todos responden al R3. “Es el único grupo armado identificado de esta naturaleza”, reconoció en 2020 el entonces secretario de la Secretaría de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval: “Es liderado por Juan Carlos Valencia González”.

Este comando de élite surgió en 2019 y fue el responsable, al inicio de su pelea con el Cartel Santa Rosa de Lima, de la masacre de siete policías en Villagrán, Guanajuato, según los reportes militares. Sandoval, que confirmó que el grupo tenía entonces presencia también en Michoacán, Jalisco y Zacatecas, admitió: “Pretenden mostrar al Grupo Élite como la fuerza de mayor capacidad dentro del CJNG, con movilidad, protección blindada, poder de fuego y adiestramiento militar”. Esa era la fuerza comandada por Valencia González.

El video propagandístico fue grabado, en los límites de Jalisco y Michoacán, el 17 de julio de 2020, el día del cumpleaños de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho. Y era —creían los militares— una especie de felicitación para el patrón, su padrastro. En ese momento, el R3 tenía a su padre, Armando Valencia Cornelio, con un cáncer recién salido de una prisión estadounidense, y a su madre, Rosalinda González Valencia, dentro de otra de máxima seguridad en México.

Tres meses más tarde del video, Valencia González se convertiría en objetivo prioritario de Estados Unidos por ser “uno de los líderes de la organización criminal más violenta de México”: “Una investigación de la DEA reveló que era responsable de la fabricación, el transporte y la distribución de toneladas de narcóticos, así como de la organización de numerosos delitos violentos”. Su salto a la primera línea ha llevado a que incluso el subsecretario de Estado de Donald Trump, Christopher Landau, lo utilice para agitar el debate por el derecho a la ciudadanía por nacimiento: “No creo, por ejemplo, que El Pelón, aparente nuevo líder del sanguinario cártel CJNG en México, sea ciudadano estadounidense simplemente porque, como se ha informado, nació en California. Nuestra Constitución no es un pacto suicida”.

Los Valencia
La familia empezó como tantas: siendo muchos y emigrantes. Originarios de Aguililla, la Tierra Caliente de Michoacán, los González Valencia eran 18 hermanos. Algunos, como Rosalinda, se fueron muy pronto —a final de los 70— hacia Estados Unidos, desde donde se dedicaron al tráfico de drogas. La mujer dijo en una carta a un juez que llegó a California con solo 14 años. El 12 de septiembre de 1984, en Santa Ana, tuvo a su primer hijo: Juan Carlos Valencia González. El padre adjudicado es otro michoacano, algo mayor que ella, Armando Valencia Cornelio. Armando —que nació en Uruapan, en 1959, pero su padre también era de Aguililla— se había instalado desde los 80 en Redwood City, a las afueras de San José, donde había una colonia de sus paisanos.

El currículum criminal de Valencia Cornelio empieza al poco de nacer su hijo y por él aparecen algunas de las leyendas del narco mexicano. Estuvo primero como un subordinado más de Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, y después, tras la detención de este, trabajó con Amado Carrillo Fuentes, el señor de los cielos, de quien heredó las conexiones con Colombia para llegar a las grandes ligas del narcotráfico.

Recogen los documentos de la justicia estadounidense, que en Michoacán “cuatro de cada cinco o seis personas se apellidan Valencia, y que, además, se casan entre ellos”, esto, dicen los papeles, “genera confusiones” como que durante más de una década en Estados Unidos pensaran que Armando Valencia Cornelio y su primo Luis Valencia Valencia eran la misma persona, en vez de los dos líderes del Cartel del Milenio, o que Armando consiguiera librarse de su primera orden de arresto porque un juez no tenía su segundo apellido y Armandos Valencias los había por docenas. A caballo entre EE UU y México, en 1999, estos dos michoacanos ya habían comprado decenas de casas, ranchos y empacadoras en Michoacán, y tenían a su disposición una flota de barcos.

Armando Valencia selló en un rancho a las afueras de Medellín, en Colombia, el pacto que lo convertiría en uno de los grandes proveedores de droga a Estados Unidos y por el que también terminaría preso. En abril de 1999, El Maradona sacó 8,650 kilos de cocaína de un barco atunero, propiedad del colombiano Alejandro Bernal, conocido como Juvenal, y los trasladó a otro suyo, que llevó hasta Mazatlán, guió hacia Juárez y cruzó a Texas. Un idilio millonario que terminó en 2003 cuando fue detenido en Jalisco, para ese momento, según el Gobierno mexicano, “trasladaba a Estados Unidos al menos la tercera parte de las drogas que se introducen al vecino país”.

El imperio
El Cartel del Milenio siguió sin Armando, pese a lo que creían las autoridades. Ya llamado también clan de Los Valencia, en la empresa familiar, primos, hermanos y sobrinos se aliaron con el Cartel de Sinaloa en su lucha contra Los Zetas.

Es bajo este paraguas donde todas las historias se unen. Porque en esa pelea ascendió también El Mencho, quien ya se había casado con Rosalinda González y había tenido tres hijos con ella. Narcomenudista, exconvicto, deportado, expolicía y pistolero, en ese orden, Nemesio Oseguera Cervantes fue parte de los llamados Matazetas.

Tras estos conflictos, nació el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que tras su aparición en 2011 con una brutal demostración de violencia en Veracruz, se consolidó como una de las organizaciones del narcotráfico más poderosas de México.

De acuerdo con la DEA y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el CJNG ha expandido rápidamente su imperio criminal, con presencia en múltiples estados y países, convirtiéndose en un actor clave del crimen organizado internacional.

En la última década, el CJNG ha ganado terreno frente al Cartel de Sinaloa, en medio de disputas internas y una creciente violencia en diversas regiones del país.

Detrás de ese ascenso estuvo siempre El Mencho. Ahora, tras su caída, surgen posibles sucesores dentro del CJNG, entre ellos figuras como El Jardinero, El Sapo, El Tío Lako y, principalmente, Juan Carlos Valencia González, el R3.

Después de todo, desde el origen, esto ha sido siempre un asunto familiar.

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