El cantautor español Joaquín Sabina despidió con dos poemas a su amigo, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, quien falleció este martes a los 87 años.
Visiblemente conmovido por la noticia, Sabina recordó la cercanía que mantuvo durante décadas con el autor de Un mundo para Julius, con quien compartió largas conversaciones sobre literatura, amistad y vida bohemia. Como homenaje, el músico escribió dos textos titulados “In memoriam” y “Soneto con Alfredo en la memoria”, en los que evoca el carácter irreverente y la voz narrativa del escritor peruano.
En los versos aparecen referencias a personajes emblemáticos de la obra de Bryce Echenique, como Martín Romaña, así como guiños a la tradición literaria española representada por Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo y Lope de Vega.
Sabina y Bryce Echenique mantuvieron una amistad estrecha durante años, marcada por encuentros culturales y charlas que solían girar en torno a la poesía, la narrativa y la vida cotidiana. El propio Sabina recordó en sus versos ciudades como Lima, Cádiz y La Habana, lugares que simbolizan parte de las historias compartidas entre ambos.
Con este gesto, el músico rindió un homenaje íntimo a una de las voces más reconocidas de la literatura latinoamericana contemporánea.
In memoriam
Puntos y comas, verbena del idioma, buzón del aire,
balas de goma, renglones con aroma a sillón Voltaire,
luna de día, lágrimas de alegría sin telarañas,
chabulerías, Inés del alma mía, Martín Romaña.
Pluma traviesa, amígdalas inglesas, pluma con peros,
vino de mesa, tu Tarzán es mi César sin aguacero,
tuya es mi casa, cholita satanaza tan pituquita,
hielo que abrasa, lagrimón que se casa con doña Anita.
Habana loca, Cádiz en carnavales, barrio latino
Lima que enroca los puntos cardinales de mi destino
Lope, Quevedo y el manco de Lepanto no se me piquen
curen de espanto con el canto de Alfredo Bryce Echenique.
Soneto con Alfredo en la memoria
El country Club sin Bryce y sin Alfredo
portandísimo pésimo conmigo
multiplica la ausencia del amigo
que ve tan doble como mis quevedos.
Chabuco de los húmeros mal quedos
que ponen a Vallejo por testigo
del huayno, de las quenas, del ombligo
de mis amaneceres, de tus miedos.
Le falta sal a Lima cuando bajo
al bar y no me esperas en tu silla
y el cielo es una mancha del carajo.
Y el corazón en solfa bastardilla
y dos pájaros tristes sin trabajo
y un manco de Lepanto en cada orilla.

