Las protestas que iniciaron el 28 de diciembre en Irán han generado una ola de represión sin precedentes. Según autoridades del país, al menos 3,000 personas han sido detenidas, catalogadas como “terroristas” o participantes en disturbios. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos independientes estiman que el número de arrestos supera los 19,000, debido a la falta de transparencia y al apagón de internet y comunicaciones que vive el país.
De acuerdo con la ONG HRANA, hasta mediados de enero se han verificado 2,677 muertes, de las cuales 2,478 son manifestantes y 163 funcionarios del gobierno. La organización Iran Human Rights (IHR) reporta 3,400 fallecidos, mientras que otras fuentes no verificadas elevan la cifra hasta 12,000. Un funcionario iraní citado por Reuters reconoció que podrían ser cerca de 2,000 muertos.
El grupo Hengaw, centrado en la comunidad kurda, señaló que la fuerte presencia militar y policial ha reducido las manifestaciones, especialmente desde el domingo, aunque se han registrado disturbios aislados, como en Karaj, donde se reportó un fallecido por disparos directos, información que no ha sido confirmada de manera independiente.
El apagón de internet ha complicado la difusión de información y la comunicación, mientras que medios como la BBC han documentado desplazamientos de civiles cerca de la frontera con el Kurdistán iraquí, y denuncias de familiares que deben pagar sumas millonarias para recuperar los cuerpos de sus seres queridos en morgues y hospitales, como sucedió en Rasht, donde se exigieron 5,000 dólares.
Hasta ahora, las manifestaciones se han extendido a 606 localidades de 187 ciudades en las 31 provincias del país, incluyendo Teherán, Urmia, Ahvaz y Gorgan, mientras el régimen clasifica a los manifestantes como “alborotadores” y “terroristas” vinculados a Estados Unidos e Israel.

